No nos consta

Tola y Maruja pasan un día en la playa con el expresidente Uribe

Tola y Maruja
12 de enero de 2020 – 12:00 a. m.

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Qué detalle tan bonito el del presidente Uribe de invitanos a Tola y yo a pasar un día de playa en Santa Marta en su agradable aunque estresante compañía.

Decimos estresante porque qué berraco tan intenso pa pasiar es Uribe: el único mortal que madruga a descansar. Nos hizo levantar a las cuatro de la mañana pa coger puesto en El Rodadero.

Llegamos a la playa y estaba ya tuquia de vendedores de gafas, de coco-loco y de ostras de dudosa frescura. Va viento en popa la economía naranja —dijo Uribe tratando de zafase de dos negras que insistían en hacele un masaje a sus carnitas.

Cuando salió el sol, Tola y yo nos quisimos meter al mar pero caímos en la cuenta que no nos habíamos puesto la tanga. Tranquilas tías —nos dijo Uribe, y le dio la orden a sus 300 guardaespaldas que nos hicieran rueda pa cambianos.

Y tampoco vamos a dar la ganga pagando sombrilla —dijo Uribe mientras cuatro escoltas cogían el poncho de las puntas y nos tapaban del resisterio—. Antioqueño no se vara, tías.

Una negra se arrimó a ofrecer chucherías. ¿A cómo las cocadas y por qué tan caras? —le dijo Uribe y nos mató el ojo. A quinientos cada una, dotor —dijo la negra, pero Uribe le arrancó seis en mil.

De pronto nos llegó una güelentina a colchón quemao y Álvaro se paró como un resorte: ¡Quién está fumando mariguana, respeten mamertos!, pero un escolta le aclaró que era el humo que venía de Australia.

Entonces Tola aprovechó y le puso la queja a Uribe que en Envigao, Antioquia, están talando el Túnel Verde, una alameda divina que le daba sombra a los caminantes de la ciclovía.

Seguramente los están tumbando pa que no se vayan a quemar, tías —nos consoló Álvaro mientras se quitaba de encima a un vendedor de collares y un arquilador de gusano.

Álvaro —porfió Tola—, no es justo que tumben árboles pa echar cemento. Qué desconsuelo ver los pajaritos del Túnel Verde desesperaos buscando sus nidos entre los chiminangos caídos.

Me voy a pegar una refrescaíta, tías —dijo Uribe pa cortar el tema, y se metió al agua con su pantaloneta narizona y sus canillitas de rana. Entonces Tola y yo aprovechamos y le esculcamos el carriel: dados, camándula, barbera…

Al ratico volvió Uribe muy bejuco porque casi lo coge la hélice de una lancha. Y en esas arrimó un muchacho y le gritó: ¡Usté fue mal presidente! Sin perder la compostura, Álvaro le preguntó: ¿Cuántos años tenés?

Tengo 25 —dijo el muchacho. Cuando empezó mi gobierno estabas chiquitico, cagón —le dijo Uribe—. Están muy desinformaos ustedes por los profesores. Yo soy el mejor presidente. Y no lo digo yo, lo dicen Paloma, Ernesto, José Odulio…

¿Y entonces cómo puedo saber la verdadera historia de Colombia? —preguntó el muchacho. Pues muy fácil, hijito, hablate con Darío Acevedo, del Centro de Memoria Histórica.

Y así les choque, sigo en la batalla, porque este país no se lo vamos entregar a la izquierda estrema —remató Álvaro y se dirigió al agua. Y cuando Uribe se metió al mar, corrieron de güida las aguamalas.

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