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Hace mucho rato que Cartagena de Indias se convirtió en una ciudad atractiva para la realización de eventos culturales —tanto para productores del país como del mundo—, y también cada tanto, la ciudad se pregunta por el impacto y los beneficios que dejan dichos eventos. La discusión es vieja, pero suele renovarse cada año, normalmente cuando comienza la agenda cultural de la ciudad. Este año, sin embargo, el tema viene matizado por la llegada de una nueva administración a Cartagena y por lo que encarna como esperanza renovadora de las formas tradicionales del ejercicio político. Hace unos días el alcalde, William Dau, dijo que dado el estado financiero del Distrito era imposible entregar los $780 millones que el anterior alcalde, Pedrito Pereira, había prometido para el Festival de Música que realiza la Fundación Salvi a comienzos de año.
Ante la negativa del mandatario, el Consejo Gremial, que representa un importante sector de empresarios de la ciudad, salió al paso criticando la decisión y señalando las adversas consecuencias que enfrentaría Cartagena por no acceder a entregar la millonaria suma para la realización del festival. Sin embargo, ni el Consejo Gremial ni nadie en la ciudad ha mostrado su preocupación respecto a los escasos recursos de la Convocatoria de Concertación de Estímulos del Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena (IPCC), que el año pasado apenas contó con poco más de $500 millones para alrededor de 50 iniciativas culturales de varias modalidades. Es decir, los ganadores de las convocatorias recibieron sumas irrisorias, mientras así, a dedo, se pretenden entregar casi $800 millones.
Por alguna razón, el exalcalde Pedrito Pereira —quien vale recordar que estuvo en calidad de alcalde encargado desde septiembre de 2018 por escogencia del presidente Iván Duque— comprometió una millonada con la Fundación Salvi para este año, a pesar de que él ya no sería el alcalde. No obstante, su generosidad con el Festival de Música Clásica no quedó en evidencia por lo que ofreció para este año, sino por lo que entregó el año pasado. Según Funcicar, la Alcaldía de Cartagena aportó $250 millones para la realización de este evento en 2016, cifra que aumentó un 22 % en 2017, cuando los aportes a la Fundación Salvi fueron unos $304 millones. En 2018 los aportes bajaron y la administración distrital entregó solo $50 millones. Pero en 2019, a los pocos meses de estrenado el alcalde Pereira, los aportes subieron vertiginosamente un 1.484 %. O sea, Pedrito entregó $792 millones a la Fundación Salvi el año pasado y pretendía que el alcalde Dau hiciera lo mismo este año.
Tiene sentido que en Cartagena se realicen toda clase de eventos culturales nacionales e internacionales, lo que no tiene sentido es la desproporción en las partidas presupuestales que se asignan. Cartagena es víctima de una suerte de vampirismo, y a veces sucede que los mismos que se presentan como los que irrigan a la ciudad de cultura pretenden chuparle hasta la última gota de sangre. No es difícil imaginar los creativos intentos de presión que habrá tenido que enfrentar el actual alcalde. El Consejo Gremial quizá fue simplemente el que se atrevió a hacerlo en voz alta, sin mandar emisarios a puertas cerradas. En la ciudad se rumora que el mismo presidente Duque trató de interceder por los Salvi, quizá sea solo parte del realismo mágico que se permite el Caribe.
Si algo deja claro este tema es que la ciudad necesita construir un verdadero plan de cultura con una visión de ciudad clara, plural e incluyente. Por supuesto que la administración distrital puede aportar en las proporciones justas a este tipo de eventos, pero, sobre todo, que participe también en la construcción de la agenda de acuerdo con los intereses colectivos definidos en su plan de cultura. Quizá sea la única manera de entender, de una vez por todas, que Cartagena es una ciudad habitada por ciudadanos, no una locación para montar eventos.