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El ministro de Hacienda ha dicho que la reforma tributaria que había que hacer ya se concretó —refiriéndose a los ajustes realizados en las leyes de finales de 2010—, de manera que tampoco en 2011 hubo reforma como tal, mucho menos integral, como se había anunciado.
El Gobierno está muy optimista con los resultados de los recaudos, y no es para menos. El crecimiento de la economía, los ajustes al cuatro por mil, la ampliación de la base del impuesto de patrimonio y, en alguna medida, la gestión, impulsada por el descubrimiento de grandes defraudaciones al fisco, han contribuido al éxito.
Por otra parte, las necesidades de recursos se incrementan con el invierno que nos ha azotado, lo cual ha llevado al presidente de la República a anunciar públicamente generosas ofertas para paliar las tragedias. Además, hay grandes discusiones sobre las necesidades de recursos para la educación, la salud, las víctimas, la justicia, los desplazados, el control a las regalías, etc. Frente a esta situación es inevitable preguntarse si el Estado cuenta con suficientes fondos.
Mucho se ha criticado que en el pasado, incluso reciente, se derrocharon los recursos de las bonanzas sin guardar para las épocas de las vacas flacas. Pueda ser que no nos estemos dejando obnubilar por la euforia de las cifras mediáticas, olvidando que lo que ocurre afuera nos puede afectar, que todavía tenemos un déficit elevado y que el nuestro es uno de los países más desiguales.
También, algunas de las medidas tomadas en 2010 podrían tener efectos negativos sobre los recaudos. Por ejemplo, las dudas legales sobre la vigencia de la ley que eliminó la deducción por compra de activos, la que corrigió los errores en el impuesto de patrimonio o aquella que, con el pretexto de la formalización, creó un enorme boquete por donde se están escapando los impuestos.
Muchos negocios que venían pagando tributos regularmente se están convirtiendo en “nuevas empresas”, escapando fácilmente al impuesto de renta, y otros negocios nuevos, que debían tributar, se escabullen con el mismo mecanismo. Una forma muy fácil de reducir la evasión es legalizándola, como parece estar ocurriendo con esta norma.
Existe mucha improvisación en la legislación, que, además de seguir enredando el sistema tributario, le cuelga a la DIAN más cargas de las que puede soportar. Sin duda el año fiscal muestra excelentes recaudos, pero el sistema tributario termina con más pena que gloria.
* Exdirector de la DIAN.