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No la vas a tener fácil, don 2020. Será un año de grandes dificultades y decisiones, puesto que hay que empezar por desvertebrar el terrible flagelo de la corrupción, que en los actuales momentos tiene invadidas todas las instancias sociales, administrativas y jurídicas de nuestro Estado de Derecho.
Como muestra, un botón: son aterradoras y preocupantes las denuncias que hace el propio contralor general de la Nación en el programa Pregunta Yamid, según las cuales los corruptos han llegado al descaro de hacer figurar en contratos millonarios a personas fallecidas, como represente legal de los mismos; también son varias las ferreterías que aparecen contratando con hospitales y gallinas ponedoras celebrando obras de infraestructura.
Tu equipaje, don 2020, como siempre, viene cargado de buenas intenciones y esperanzas para todos los colombianos. Sin embargo, por los horizontes de nuestra Patria hay amagos de incertidumbre y desazón. Son varios los motivos que te indican, don 2020, que no la vas a tener fácil, a no ser que obligues a nuestro presidente a amarrarse los pantalones y meter en cintura el temible flagelo y virus de la corrupción que, repetimos, tiene invadidas todas las instituciones de nuestro Estado de Derecho. Lo más grave es que muchos de los corruptos pueden verse pavoneándose desde las altas esferas del poder, desafiando con sus argucias la justicia en todas sus formas y modalidades.
Es importante, don 2020, que antes de inventariar tu equipaje revises los estados de alerta más importantes, que actualmente afligen a la Nación, producto de la corrupción. Don corrupto es tan astuto que, con tantos años de experiencia, continúa manejando los entramados de mermeladas, contratos leoninos, saqueos, nóminas paralelas y, en fin, todo lo que se le ofrezca al C.V.Y, puesto que para eso está, para complacer a sus cómplices funcionarios y contratistas públicos y privados.
Con dolor de Patria tenemos que decir que la institución que protege y salvaguarda la vida, honra y bienes de los colombianos, la Policía Nacional, se encuentra en el ojo del huracán por actos de corrupción. No se justifica que su cabeza máxima, general Atehortúa, estuviera saboteando las investigaciones que adelanta el mayor general Salamanca, prefiriendo separarlo del cargo durante 400 días con el fin de entorpecer varias investigaciones en su contra como director de la institución.
El caso de Odebrecht muy seguramente pondrá tras las rejas a muchos responsables, que durante el 2019 mojaron prensa nacional e internacional, pero no por sabios en el manejo de sus funciones, sino por corruptos. Durante los primeros meses del presente año se definirán estos casos y existe gran expectativa por el expresidente Santos que, al dejar el poder, dejó un memorial de agravios reflejados en el cinismo de su mal gobierno.
Pero hay algo más grave, don 2020, y es el aparato de la justicia. Las altas cortes son cloacas donde se cocinan diariamente las más terribles injusticias contra los ciudadanos, que además de pagar sus impuestos, claman por una justicia pronta, honesta y cumplida, cuando en realidad son cientos los procesos con años de atraso que posan en los anaqueles polvorientos de los juzgados y tribunales, esperando la mano bondadosa del juez o magistrado que se apiade de fallar en derecho; cuando no es que hay que acudir a la práctica de los chanchullos, componendas y peculados.
El Congreso de la República, don 2020, es otro de los espirales que asustan a nuestra democracia por su deficiencia legislativa, corrupción y micos que parecen orangutanes. Existe el clamor popular para que se reduzca tanto el número de los elegidos, como en sus salarios que no dejan de ser un escándalo.
La reforma política, don 2020, es de imperiosa necesidad. A la vuelta de la esquina están las elecciones para renovar nuevamente el Congreso de la República. Como a los gamonales y clientelistas no les conviene reformarla, puesto que se les cercenan sus caudas electorales, muy seguramente que la archivarán de nuevo, para hacerse elegir los mismos con las mismas.
En síntesis, don 2020, no quiero desanimarte más, pero revisa los tres poderes públicos y te darás cuenta que están a merced de don corrupto, que blande su bastón de mando y entra dando instrucciones para que todo aquel que quiera, entre por la puerta grande al reino celestial de los corruptos.