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Se debe realizar una campaña de información permanente para que los conductores logren concientizarse sobre el buen uso del celular.
Muchas son las personas que, ante este dispositivo de comunicación, se convierten en sus “rehenes”. Es un desespero la atención que le brindan al mismo cuando se encuentran frente al volante del vehículo. Basta sólo valorar las impresionantes cifras de accidentes de tránsito y cómo van en aumento; todo, producto de atender un inalámbrico y manejar al mismo tiempo.
Atender el auricular cuando se trata de conducir demanda aproximadamente seis segundos; circulando a 60 km/h, la dama o caballero habrá recorrido más de 60 metros sin prestar atención a lo que sucede en las arterias viales. Los peligros de atender en el auto, tanto los móviles convencionales fonoaudibles como los manos libres, no son cuentos; ambos son una distracción para el manejo. Pero es más aventurado el sistema convencional, porque requiere tomar el aparato y dejar una sola mano sobre el volante, lo cual convierte a ese chofer en un eventual agresor conduciendo.
Lo mismo sucede con quienes creen que leer un mensaje de texto supone menos riesgos; pero no es así: desde que el conductor advierte que recibió el mensaje, busca el celular aprieta la tecla correspondiente y lo lee, transcurren aproximadamente ocho segundos; si se desplaza con una velocidad de 40 km/h, el chofer recorre 66 metros sin prestar atención al tránsito, lo cual lo lleva a perder la noción de lo que tiene al frente al volante, llegando a causar daños considerables a terceros. Todo automovilista que hable por un móvil mientras conduce es un inconsciente e insensato ante los suyos y la sociedad.
Alejandro Moreno Muñoz. Cúcuta.
Bogotá ‘petrificada’
Año nuevo, alcalde nuevo. En el año 2011, Bogotá tuvo tres alcaldes y un solo caos verdadero. Samuel Moreno Rojas terminó en la cárcel por supuesta corrupción en el ‘carrusel de la contratación’. Después, María Fernanda Campo (encargada), ministra de Educación, pasó sin pena ni gloria. Clara López Obregón (designada), se dedicó a sacar separatas en los periódicos, repitiendo lo mismo que decía en los medios, y entregó la calle 26, de la Fase III de Transmilenio sin terminar, sacando pecho. Ojalá no empecemos y terminemos ‘petrificados’, este nuevo cuatrienio, con Petro, un costeño de izquierda, exguerrillero del M-19, quien promete hacer magia en su administración. Bogotá no es sólo la calle 26; la ciudad está destrozada, carcomida por la invasión del espacio público, la inseguridad, la contaminación y el caos. “Amanecerá y veremos, dijo el ciego, y amaneció y nunca vio”.
Helena Manrique. Bogotá.