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El último número de la revista Foreign Affairs trae una fascinante recopilación, en artículos escritos entonces, de las propuestas ideológicas que se enfrentaron en la sociedad europea en el período entre las dos guerras mundiales.
El liberalismo que había colapsado entre los horrores de la primera guerra y la gran depresión enfrentaba formidables desafíos de dos ideologías políticas ascendientes: el fascismo y el comunismo. Este enfrentamiento pasó de las ideas a la práctica pura y dura. En Alemania e Italia se consolidó el fascismo, alrededor de un líder todopoderoso a quien el pueblo entero debía rendirse ya sea voluntariamente o por la fuerza. En Rusia triunfó la revolución bolchevique, con la subsiguiente dictadura del partido comunista.
Ambos modelos sacrificaban las libertades individuales por una causa superior, la nación o el partido. El fascismo colapsó con la guerra, mientras que el comunismo fracasó décadas después, víctima de sus propios excesos y porque en últimas ignoró un factor determinante en la evolución de la sociedad: las ansias de libertad del ser humano.
Se impuso finalmente un modelo socioeconómico híbrido, capitalismo con intervención en mayor o menor medida del estado y una democracia con férreas cortapisas en las constituciones para que la democracia no degenerara en anarquía o dictadura. El modelo funcionó en Occidente en la medida en que se creó el estado de bienestar con sus amplias y prósperas clases medias, educadas y satisfechas.
Pero con el arribo de la globalización se comenzaron a erosionar los pilares sobre los cuales reposaba el modelo. Las herramientas que detentaban los estados para controlar la economía comienzan a ser menos efectivas mientras que los enormes flujos de capital y el traslado masivo de mano de obra a países en vías de desarrollo han contribuido a la serie de crisis que ha plagado la economía mundial en los últimos años, caracterizada entre otras por una pauperización de las clases medias y un descontrolado crecimiento de la desigualdad social, mientras que algunos países emergentes logran mejoras en su estándar de vida, aunque sin certeza de sostenibilidad.
Cómo salir de la crisis? Las gigantescas protestas de indignados no produjeron ideas concretas o novedosas sobre un modelo social alternativo. ¿Cómo crear un sistema político que sea más responsivo a la gente y no a grupos de presión con agenda propia? ¿El modelo del estado nación sigue siendo la única forma viable de organización de la humanidad? Un estado que tiene cada vez menos poder frente a conglomerados varios, instituciones financieras, crimen organizado o empresas transnacionales impulsados únicamente por afán de lucro.
¿Resurgirá el marxismo de sus cenizas? ¿Se está imponiendo el modelo chino de capitalismo de estado sin libertades individuales o esta incubándose en su interior la bomba que lo hará implosionar? ¿Se podrá desarrollar un modelo donde democracia, globalización, capitalismo y libertad logren responder a las crecientes expectativas de la población mundial toda? ¿Bastarán simples ajustes al sistema imperante o se requiere un nuevo modelo? Se oyen Ideas.