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La batalla perdida

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Al fin encontré un profesor que manifestara mis inconformidades: “Después de todo, cabe reconocer que, en la gran mayoría de los casos, el problema no son los estudiantes, somos nosotros los profesores”, escribe Alejandro Gaviria.

 Claro, cuando el docente universitario llega a la clase de comprensión de lectura o de cualquier otra de las cátedras que en el medioevo se denominaban las “artes liberales”, se encuentra con que estas son las asignaturas de “relleno”. No tienen nada que ver con la disciplina para la cual se matricularon, según ellos. Y el docente se preocupa por “dictar” su clase sin motivar. Simplemente ordena. ¿Está el estudiante universitario preparado para tamaña tarea? No. Algunos se maravillan al conocer el concepto de cada uno de los términos de la gramática, porque, “eso” no lo vieron en el bachillerato.

De sobra sabemos que los docentes de la educación media emplean la temática del librero que más ventajas le ofrezca a la institución educativa y siguen al pie de la letra los talleres que sugiere, así no estén acordes con las necesidades de los estudiantes.

“Escriban un ensayo”, orden perentoria de casi todos los docentes, y el estudiante llega a la educación superior convencido de que un ensayo es un resumen. De manera que el profesor Jiménez perdió una batalla sin pelea. La pasividad del docente no ayuda. Se debe ser agresivo con convencimiento. “Componer un resumen de un párrafo sin errores vistosos”, dice. ¿Calculan ustedes cuántos párrafos tiene un libro y cuántos resúmenes debió hacer el escritor? La lectura de un libro, su comprensión y análisis deben tener seguimiento y asesoría permanente.

Cuatro meses son mucho tiempo para no obtener resultados positivos, porque el estudiante prefiere ocupar su tiempo en las materias que considera básicas para la adquisición de conocimiento.

Sabiamente Andrés Hoyos propone: “no se trata de entrenar a alguien para que escriba una gran novela”, estoy de acuerdo con él y por eso incentivo a mis estudiantes, en la universidad, para que inicien la escritura con sílabas, palabras, oraciones, párrafos y textos; para construir “La maleta de la vida”, y finalizar con el ensayo.

Aunque una golondrina no hace verano, sí se ha logrado que tanto los estudiantes como los docentes aprendan a redactar y describir bajo el incentivo de “Escribir para publicar”. La tarea está en que hay que preparar en la formación escritural, no solamente al estudiante, sino también a los docentes de las demás asignaturas, microcurrículos o materias.

En mi experiencia hay grandes satisfacciones. Los estudiantes escriben y publican. Los docentes investigan, escriben y publican, incentivados por la convocatoria anual que la Editorial Universidad Cooperativa de Colombia hace para promover y divulgar la producción del material de apoyo a la labor docente.

Amparo Ramírez. Docente de la Universidad la Cooperativa de Colombia – Santa Marta.

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