El ajuste del salario mínimo

Eduardo Sarmiento
22 de diciembre de 2019 – 12:00 a. m.

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La discusión del salario mínimo se inició dentro del ritual tradicional. En un principio las partes presentan aspiraciones distintas, y luego se acortan en la medida que advierten que el acuerdo es la mejor opción.

No sobra señalar que el salario es el principal índice de progreso y equidad de la sociedad, y está altamente relacionado con los distintos componentes del sistema económico. No es posible consolidar la reactivación en un momento en que el empleo se desploma o cuando aparecen cuantiosos déficits gemelos en cuenta corriente y fiscales.

Desde hace varios años la discusión laboral giró alrededor del diagnóstico de que el desempleo se causa en las rigideces salariales. La presunción ha sido controvertida en la última década. El salario se ha ajustado en promedio por debajo de la productividad del trabajo y el empleo cayó en forma significativa en los últimos dos años. ¿Entonces a qué se debe el agravamiento del desempleo? Al cuantioso déficit en cuenta corriente y a la incapacidad del Banco de la República para contrarrestarlo. El déficit en cuenta corriente tiene como contraparte un exceso de oferta sobre la demanda de empleo. Tal como se muestra en el balance económico más elemental, el déficit en cuenta corriente da lugar a un exceso de ahorro que contrae el empleo y la producción.

El proceso de concertación del salario se vio dificultado por aspectos metodológicos. Tradicionalmente, la aproximación de los trabajadores y los empresarios tenía como referencia la productividad del trabajo, lo que contribuía a limitar las aspiraciones. Sin embargo, el estimativo del Dane de la productividad total de los factores y de la productividad del trabajo, que antes lo realizaba Planeación, provocó el rechazo abierto de las centrales sindicales. El vínculo técnico entre las partes se quebró.

El impase se encuentra en el fracaso del modelo económico y no se ha hecho nada para modificarlo. Las fallas estructurales, como el déficit en cuenta corriente y el del exceso de ahorro, se buscan contrarrestar con la depresión del salario que las acentúan. Se configura el peor de los mundos. El aumento de la producción se obtiene a cambio del empleo.

La gran dificultad para subir significativamente el salario mínimo es el modelo económico. Mientras persista el déficit en cuenta corriente y la separación entre el Banco de la República y la política fiscal, el ajuste significativo del salario mínimo ocasionaría la ampliación del déficit en cuenta corriente, devaluación e inflación. Las cosas serían distintas dentro de una política industrial que contrarreste la diferencia de la productividad con los países desarrollados y un manejo orientado a reducir el exceso de ahorro. En tal contexto, el aumento significativo del salario ocasionaría un aumento de la demanda, la reducción del desempleo y el aumento del crecimiento económico. Se restauraría la simetría entre la producción y el empleo. La participación de los ingresos del trabajo en el PIB aumentaría dentro de un marco de crecimiento tanto de la producción como del empleo.

La verdad es que la economía está expuesta a deficiencias estructurales que impiden adelantar una política de recuperación histórica del salario mínimo con respecto a la productividad. La tarea no puede realizarse en forma unilateral. Se requiere un acuerdo con los altos estamentos para modificar la estructura del sector externo, coordinar el banco central y la política fiscal, y adoptar una novedosa política industrial. Por ahora, como están las posiciones, se puede esperar un ajuste cercano a 6 %.

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