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Carta a L.

Andrés Hoyos
20 de diciembre de 2011 – 06:00 p. m.

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Querida l., estamos terminando el año más empapados que de costumbre. Aunque aseguran que por fin dejó de llover, no creas que mañana salgo sin mi paraguas. Ya lo decían Tola y Maruja a fines de 2010 cuando también diluviaba sobre Colombia: “¡Llegó diciembre con su alegría, mes de parranda e inundación!”.

Me preguntas qué ha pasado últimamente en mi alharaquiento país. Pues bien, ¡qué no ha pasado! Sé que tampoco vives en Suiza, pero al sintonizar un noticiero de televisión en tu país, a uno no lo recibe una avalancha de problemas sin solución y de hechos protuberantes, envueltos en telenovelas de la vida real. Un ejemplo: Viviane Morales, la mismísima fiscal general de la Nación, que tiene sobre su escritorio una montaña de expedientes escalofriantes, nos trae en vilo con las revelaciones de una alrevesada vida sentimental que la liga en sucesivas nupcias con Carlos Alonso Lucio, un impresentable. ¿Quién es el angelito? Lucio es un antiguo guerrillero que luego fue parlamentario, que luego fue a parar a la cárcel por falsedad y que más adelante no tuvo empacho en volverse asesor de los sanguinarios paramilitares. Mejor dicho, lo único que le faltaba era volverse cristiano y… lo adivinas, se volvió cristiano. ¿Y ella? Quizá sucedió que la fiscal, de tan estudiosa y aplicada como dicen que es, no tuvo a qué horas aprender a calibrar a los miembros del sexo opuesto. Ahora, de ñapa, ha entrado a figurar en este melodrama el excomisionado de paz, Luis Carlos Restrepo, conocido como “el Doctor ternura”.

Pasando al presidente Santos, el hombre sigue embarcado en un descomunal rediseño del país. No sé si la idea sea distraernos por mareo y si quiere justificar desde ya la necesidad de un gobierno de ocho años, porque en cuatro su agenda es sencillamente imposible de evacuar.

El año entrante también promete ser agitado. De aperitivo, el primero de enero comienza una saga inquietante: Gustavo Petro, quien según su más reciente rival nunca ha administrado ni un parqueadero, le tocará administrar uno que contiene 1,2 millones de carros: Bogotá. Supongo que recordarás a Petro, otro antiguo guerrillero que mutó en fogoso senador, enemigo jurado del presidente Uribe. El hombre es a un mismo tiempo inteligente, soberbio e intransigente, y por los anticipos que ha dejado ver, sus cuatro años de gobierno prometen emociones a tutiplén. Concordarás conmigo en que esa no es necesariamente una buena noticia.

Lo último es que la gente anda renunciando por el periódico. Semejante colección de despedidas estridentes me recuerda el portazo final, famoso en su momento, del general Hermógenes Maza, un soldado muy cruel que lograda la Independencia tomó por rumbos etílicos. Sus últimas palabras fueron: “¡Ahí les dejo su mundo de mierda!”. Y desde entonces, cómo no, hemos sido beneficiarios a regañadientes de legados envenenados.

En fin, la temporada de fiestas nos agarra mamados, exprimidos, además de mojados, y ávidos de silencio o de esa extraña forma de silencio a la colombiana que es la rumba. “En vísperas de Año Nuevo, estando la noche serena…”. Sí, ya sé que esta maña de escribir cartas (snail mail) se ha vuelto anticuada, pero no le hace. Más que anticuado, soy anacrónico, como bien lo sabes. En cuanto a mis planes, abandono por unos días esta ciudad que tan odiosa le parece a una columnista de la secta renunciante. Descansaré y les daré un merecido descanso a mis lectores. Feliz Año para ti y para ellos.

andreshoyos@elmalpensante.com @andrewholes

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