«Gustavo Moreno iba a llegar muy alto»: Dagoberto Charry

Resulta grotesco y revelador de la condición humana, señala el exsenador, que todo el poder que en el pasado rodeó a Gustavo Moreno hoy se empeñe en negarlo con ahínco.

El abogado y profesor Dagoberto Charry.  / Achivo particular
El abogado y profesor Dagoberto Charry. / Achivo particular

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El exsenador, abogado y profesor Dagoberto Charry es probablemente uno de los hombres que mejor conocen al exfiscal jefe de la Unidad Anticorrupción Luis Gustavo Moreno Rivera, hoy en el pasillo de la extradición. En diálogo con El Espectador, Charry reveló que tiene su alma apesadumbrada, que Moreno es la prueba de que, a pesar de la brillantez y la persistencia, el camino puede torcerse a la vuelta de la esquina y que su alumno aventajado tendrá que ponerle la cara al país para resarcir todo el daño que le causó.

Gustavo Moreno dice que usted ha sido su gran maestro. ¿Cómo se siente hoy ese maestro al constatar que su aventajado alumno agarró el camino que no era?

El docente tiene una muy especial particularidad: se siente continuado en sus alumnos inteligentes, constantes, persistentes, luchadores, y uno va teniendo a lo largo de la docencia un repertorio de gente que se destaca y que alcanza finalmente lugares notables en la profesión, en la sociedad e inclusive en la economía. Yo tuve la oportunidad de ser varios años profesor de él en distintas universidades, y me parecía un hombre serio, inteligente, estudioso y contradictor, que es lo fundamental en un estudiante. Pero si lo veo asumiendo posiciones contrarias al derecho, a la equidad y a la ética debo sentir una inmensa pesadumbre en mi alma, pues se quebró un hombre que iba a acortar los caminos y a llegar a muy altas posiciones.

¿Qué explica que, a pesar de la brillantez con la que usted lo recuerda, hubiera terminado corrompido como los que él criticaba?

Él cometió un error inmenso e imperdonable. No puede uno auscultar el alma de los hombres para saber cuál va a ser su destino final. Los hombres son honestos hasta la víspera. Al día siguiente se corrompen. Yo no conozco nada distinto a lo que la prensa ha publicado intensa y profusamente sobre la vida del doctor Moreno. Creo que próximamente le harán una imputación de cargos y se irán a definir los puntos concretos, los asuntos que marcaron su proceder, sobre todo en los Estados Unidos. Allí hay un problema y un encarte con la DEA, que lo ha pedido con fines de extradición.

Gustavo Moreno y Leonardo Pinilla, capturados y ad portas de la extradición, fueron los primeros defensores del exsenador Luis Alfredo Ramos. Hace un tiempo usted heredó esa defensa. ¿No mete en apuros al propio Ramos que sus primeros defensores hayan sido pescados en vueltas tan feas como estas?

Hay una situación jurídica que conoce la Corte in extenso. Con respecto al daño que pueda sufrir el doctor Ramos, no será jurídico, porque los nueve magistrados oyeron la práctica de las pruebas, conocieron el dicho de todos los testigos y de allí debe inferirse, pienso yo, inexorablemente la absolución. El problema puede surgir con carácter político, que es para lo que estamos viendo que están utilizándolo. La mayoría de los cargos que le han formulado al doctor Ramos no son ciertos, los desvirtuamos uno por uno frente a la Corte en pleno. Yo creo que este escenario podría afectarlo, pero por encima de todo están la equidad y la justicia y estoy convencido de su inocencia.

¿Cómo era Luis Gustavo Moreno antes del súbito éxito que le llegó, el poder que lo rodeó y los amigos influyentes que hoy lo niegan?

Lo que yo percibí en él, primero como mi alumno en varias universidades, luego como expositor y luego como autor de tratados de derecho, algo que logró hacer en tan corto tiempo, es que era una persona tranquila, calmada, de origen sumamente humilde. Es costeño, barranquillero, pero se formó aquí en Bogotá y ya no tiene la cadencia propia del hombre que está cercano del océano. Los tres tomos que alcanzó a publicar demuestran que era un hombre avezado en el conocimiento del derecho, examinando siempre a autores del mundo jurídico. Y además vinculó a su quehacer cotidiano la defensa de colombianos que estaban siendo avasallados y torturados por un cartel de falsos testigos que logró tergiversar la justicia en Colombia.

Si Moreno sabía lo que entrañaba la corrupción y pontificaba sobre la justicia y los jueces haciendo política y los testigos falaces, ¿por qué terminó en el banquillo de los malandros?

Yo no seguí muy de cerca todos los actos de su vida. Él estuvo un año en mi oficina, trabajando. Aquí comenzó con algunos casos, pero luego se fue, consiguió otros socios, gente muy importante que había ocupado altísimos cargos en la escala política y jurisdiccional del país. Yo me separé de él un poco, seguía admirándolo a la distancia, y mientras estuvo en la Fiscalía jamás fui a su oficina, nunca lo llamé por teléfono, de manera que estuve totalmente desvinculado y ausente de sus últimos años de trabajo.

En ese año que litigó a su lado, ¿le pareció un hombre ambicioso?

Su origen era muy humilde. Su mamá es una señora meritoria como la que más y eso lo determinó como un hombre obsesivo por aprender, por practicar, por concurrir, por verificar y por confrontar a los demás que ejercíamos el derecho. Se veía como un hombre serio dentro de los límites de la ética y la equidad para manejar sus asuntos. De manera que yo nunca llegué siquiera a sospechar que pudiera torcerse en el ejercicio, amén de que no conozco los hechos que hoy lo tienen en prisión. Era un hombre de carácter.

¿Y cómo quedan ese carácter y ese genio a la luz de hoy? Es claro que ese hombre es un “manilargo” y por donde pasó todo es objeto de sospecha.

Uno lamenta los errores que cometen las personas, sobre todo si uno las conoce y puede dar testimonio de lo que fue el comienzo de su carrera. Las imputaciones en su contra son de una gravedad insólita. El alto cargo que ocupaba, violentado por su conducta, demuestra cómo las personas pueden torcer su destino final. Yo lamento profundamente lo que le ha ocurrido. Espero que en las precisiones que va a hacer tanto en Estados Unidos como en Colombia pueda explicar mejor los hechos que hasta hoy conocemos. Pero también debo afirmar que uno no puede vaticinar el destino final de los hombres, a pesar de que sean inteligentes, persistentes y constantes. Su origen humilde lo obligaba a estar permanentemente vigilante de la honestidad de todas sus actuaciones.

Moreno señaló en una carta que estaba arrepentido y que “todos podíamos caer”. ¿No resulta absurdo que alguien tras las rejas por corrupción trate de impartir clases de moral? ¿Le faltó humildad en esa carta?

El tono de esa carta y la manera como la escribió me recuerda que él en sus años jóvenes militó en una iglesia cristiana y entonces, cuando yo leo que se refiere al Padre Eterno y a la caída y a la levantada, estoy pensando en una posición que tiene que ver con merecimientos cristianos. Pero la carta no es suficiente para resolver el conflicto. El dicho, que es válido, de que los hombres caen, tienen momentos difíciles y pueden levantarse, es real pero no suficiente. La situación es muy grave y comprometedora y sacrifica un inmenso esfuerzo y juramento que él y todos los abogados hemos hecho de defender la Constitución y las leyes.

¿Qué le quisiera decir hoy el maestro a su alumno arrepentido?

Sólo le diría una cosa: ajústese a la verdad. La verdad tiene un poder demoledor. Él tiene la oportunidad de examinar los cargos y mirar de qué manera puede resarcir al país. No con una simple confesión de que se siente abajado en su estima personal, sino colaborando para evitar que criminales que crecen a la sombra de instituciones importantes puedan seguir medrando en contra de las garantías de todos los colombianos.

¿Y qué opina de que todo ese poder que rodeó a Moreno hoy lo niegue y lo trate como una escoria?

A todas las victorias les sobran los actores y los próceres. En cambio, las derrotas siempre están ausentes de paternidad. Gustavo Moreno está hoy en la orilla de la derrota. Y muchos ahora le escurren el bulto, no quieren saber de él. Lo niegan a la distancia. Unos porque son infieles por naturaleza, porque su única afición es ascender en la escala social y económica. Y otros por inmenso temor, por su débil carácter, que es lo que afecta a este país. Esos acomplejados ya no lo saludan, ya no lo buscan. Además lo convirtieron en una escoria, siendo que, no tengo evidencia ninguna, muchos de ellos fueron determinantes de muchas actuaciones. Pero la verdad es que en la hora de la derrota las personas y los hombres quedan absolutamente solitarios. Si acaso se acuerda la madre, que nunca olvida el proceso de procreación.

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