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Felices deseos

Iván Mejía Álvarez
19 de diciembre de 2011 – 04:00 p. m.

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Qué linda era la ilusión del Niño Dios y cómo esperábamos su llegada hace tantos y tantos años que ya la bruma de la memoria alcanza a tapar los recuerdos.

Claro, era el Niño Dios y no tenía que ver con Santa Claus o Papá Noel, dos parientes lejanos, venidos de tierras extrañas envueltos en raras túnicas rojas y blancas y montando exóticos trineos. Es tal la comercialización moderna de esas imágenes que hoy hasta los visten de azul y dorado, del color que escojan los patrocinadores y las líneas de celulares que los apoyan.

Con cuánta ilusión se escribían las demandas al Niño Dios, y para evocar aquellos bellos días haremos la lista de peticiones para el fútbol colombiano.

Niño Dios: danos una dirigencia que se comporte a la altura, que no sea inferior al compromiso histórico de renovar métodos, manejos, y que fundamentalmente acepte que sigue en el camino errado. Por favor, tráele a Bedoya un poco de humildad para aceptar que lo está haciendo muy mal y que necesita consultar, no aislarse y creer que las cosas van bien.

Envíanos unos reglamentos disciplinarios claros, que impidan a los tribunales jugar a dictar sentencias extrañas, partiendo puntos, desapareciendo partidos, haciendo leguleyadas para posar de sabihondos y jurisprudentes.

Regálanos un director técnico para la selección de Colombia que sea bueno, bonito y, condición sine qua non para la dirigencia, que sea barato, no vaya a ser que disminuyan esas cuenticas en Suiza que nadie vigila, que nadie controla. En serio, Niño Dios, ayúdanos a encontrar a alguien que recomponga esto, que vamos para otra eliminación a marchas forzadas. No importa si es de aquí o de allá, si tiene experiencia mundialista o si es un triunfador del momento, lo único que pretendemos es que sea bueno, aleje los regionalismos que nos están matando y que obtenga resultados ya, de inmediato, para poder volver a la pelea.

Niño Dios, tú que todo lo puedes, por favor extirpa de nuestras estrellitas futboleras esos egos agrandados que exhiben impúdicamente, sin mérito alguno para posar de nada. Que aprendan un poco de la humildad de Messi que, pudiendo y teniendo mérito para ser soberbio, exhibe modestia, inteligencia y sensatez.

Niño Dios, ayúdanos con el arbitraje. Esos tipos tienen reglamentos especiales, de acuerdo al partido y al equipo que están dirigiendo. Recuérdales que las normas son unas y que no está bien que se acomoden al local y al poderoso.

Niño Dios, se nos acabó el espacio, tendríamos muchas peticiones para hacerte, pero por hoy ayúdanos con esos temitas.

A todos los habituales lectores de esta columna una Feliz Navidad, un próspero 2012, pletórico de salud, tolerancia y amor.

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