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En las cátedras de Derecho, suelen definir el término como «toda decisión que pone fin a un proceso judicial».
En principio, parece claro el término, pero, en procesos como Justicia y Paz, lamentablemente, no es la palabra que más se ha repetido. Por el contrario, las críticas se han concentrado en que mucho se ha hecho, menos, sentencias.
En efecto, a pesar de los seis años que lleva el proceso, sólo seis sentencias se han proferido, y no todas en firme, aunque quizá se logran un par de más antes de año nuevo. Si fuera comentarista de fútbol podría decir algo así como que el promedio es bajo: un gol por partido, y, en realidad, el panorama no es nada alentador: una sentencia por año. Si se recuerda la definición de “sentencia”, habría que decir que en Justicia y Paz, sólo un proceso termina cada año. ¿Ya dije que no era nada alentador?
En esta temporada se suelen poner de moda los balances y Justicia y Paz no puede escarpar a ello. Este año es un poco mejor que los anteriores en materia sentencias, pues se han proferido tres, una más respecto de 2010 cuando se dictaron dos (la del caso Mampuján y la condena contra alias “El Iguano”), y dos más respecto de 2009 cuando sólo se profirió una (la famosa sentencia del caso alias “El Loro”). Sin embargo, en proporción con la cantidad de postulados y de hechos, el resultado no es nada satisfactorio.
Uno de los motivos que en algún momento se expuso para explicar esta situación, fue la falta de infraestructura para hacer fallos, esto es, la existencia de un solo tribunal que no era suficiente para conocer de la gran cantidad de procesos que llegan a Justicia y Paz.
En 2011, se avanzó en la solución de este problema con la creación de dos tribunales de conocimiento más: en Medellín y en Barranquilla, y la distribución de los magistrados con funciones de control de garantías, de manera que hoy hay uno en Bucaramanga.
Sin embargo, volviendo sobre la definición de “sentencias”, puede decirse que los nuevos tribunales aún no han puesto fin a ningún proceso, pero, se espera que hayan adelantado lo suficiente para que en 2012, veamos la luz.
Así, hay dos elementos permiten confiar en un nuevo año con mejores resultados: por un lado, el promedio implica que el Tribunal de Bogotá ha aumentado el número de sentencias que profiere por año, y, por otro lado, la creación de dos nuevos tribunales hace muy posible que se cuente con nuevos fallos.
Si los dos indicadores se concretan y al finalizar el próximo año se tienen, por ejemplo, 50 sentencias, se demostraría que la justicia colombiana sí es capaz de investigar, juzgar y sancionar a quienes han sido responsables de la violencia en el país, y con ello, quizá, sea posible pensar que sí existe un Estado de Derecho, también para las víctimas, y ya no sea necesaria la sombra de cortes internacionales.
En Twitter: @andreasforer