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«Muamar Gadafi irá hasta el final»

Nouri el-Mismari trabajó para el régimen libio durante treinta años. Ahora está exiliado en París.El exdiplomático afirma que el líder de la revolución no se suicidará y sugiere cómo podría ser detenido.

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“No va a abandonar el poder, no se va a suicidar tampoco, Muamar Gadafi está convencido de ir hasta el final”. Nouri el-Mismari tiene bases para decir esto y predecir el comportamiento del coronel libio. Durante 30 años ocupó varios puestos de importancia en el círculo más cercano del hombre fuerte de Libia. El más destacado fue el de jefe estatal de protocolo, que según sus propias palabras tenía el rango de ministro. “No puedo decir que conociera los secretos militares del Estado, pero sí que le di algunos consejos políticos, que conversábamos largamente y que me tenía confianza”, dice El-Mismari, quien además de preparar los viajes internacionales del coronel y acompañarlo en sus desplazamientos al extranjero fue uno de los personajes claves en los proyectos panafricanos del gobierno libio. “Ahora siento vergüenza de la Unión Africana, que ha sido incapaz de pronunciarse frente a lo que está pasando”, declara a un periodista camerunés. Fue durante un viaje oficial a Malí que El-Mismari decidió no regresar a Libia. Exiliado desde entonces en París, afirma que si no presentó su renuncia oficial hasta el comienzo de las protestas actuales fue por proteger a su familia. Las amenazas tenían que tomarse en serio luego de que uno de sus hijos fuera asesinado por la espalda sin que nunca se haya identificado a los culpables. Dos de sus hijas fueron retenidas en Trípoli el pasado 21 de febrero para que desmintieran en la televisión oficial las declaraciones de su padre. Todavía no han sido liberadas. Rodeado de un importante dispositivo de seguridad, El-Mismari se sabe perseguido. Al fin y al cabo fue uno de los pioneros de la desbandada de funcionarios del gobierno libio que dejaron a quien en 1969 se convirtió, a los 27 años, en el líder máximo del país africano, aislado dentro de un círculo cada vez más reducido de personas de confianza. “Las personas que siguen a su lado pueden estarlo por dos razones. La primera es que piensan que Gadafi puede salir triunfante de esta situación, es lo que él cree y sin duda puede convencerlos. Pero también se aferran al régimen porque saben que son culpables de crímenes contra el pueblo y serán juzgados”, dice. También se refiere al mito de su guardia de doncellas. “No es un ejército de vírgenes. Son cadetes mujeres de la Guardia Nacional. Para ser honestos hay que decir que Gadafi le dio un lugar decente a la mujer libia, al menos con respecto a lo que existía antes. La poligamia sigue siendo legal, pero un marido debe obtener la autorización de su primera mujer. Y créame que no es que ellas se la den. También el divorcio fue reglamentado, lo que ha impedido que los hombres abandonen a las mujeres a su suerte como solía ocurrir”. El-Mismari reconoce también la decisión de Gadafi de renunciar al desarrollo de armas nucleares. “Nunca habríamos podido enfrentarnos militarmente a una coalición internacional y no tenía sentido sacrificar al pueblo como lo hizo Sadam Husein en Irak”, dice el exjefe de protocolo. Pero ni esa consideración, ni la estima que los libios tenían por su líder luego de los cambios introducidos por la revolución del 69 bastan para que el apoyo popular se mantenga. “Gadafi es un personaje maquiavélico que si en un momento se supo amado por su gente, con el tiempo aprendió a sostenerse en el poder gracias al miedo. Ahora vemos cómo a medida que la revolución avanza y gana el apoyo de los jefes de tribus, las tropas de cada zona liberada le van dando la espalda”. Le quedaría el apoyo de los mercenarios, venidos de África Subsahariana. Sin embargo, El-Mismari no quiere dar detalles. “Si fueran un ejército regular yo diría de qué país vienen, pero ya que combaten por dinero no vale la pena hablar de su origen. Son combatientes sin patria”. En cuanto a las razones que lo llevaron a permanecer tres décadas al lado del líder libio, El-Mismari es discreto. “Cumplí mi misión como diplomático, pero nunca pertenecí a Gadafi. Yo pertenezco a Dios y a mi pueblo”, dice. En lo que respecta a los posibles paraderos del coronel, pueden ser menos predecibles. “Está en Trípoli entre la gente. Gadafi tiene un sistema de búnqueres para protegerse, pero en la situación actual donde alguien podría traicionarlo lo más seguro es que esté en alguna casa particular donde uno no lo imagine”. ¿Haría falta entonces una intervención extranjera para precipitar su salida del poder? El-Masmari es escéptico. “Los libios son demasiado orgullosos y un ataque aéreo o terrestre terminaría por producir víctimas inocentes. Si el resto del mundo quiere ayudarnos, podrían destruir las pistas de los aeropuertos, con la Fuerza Aérea clavada en el suelo, Gadafi tendría los días contados”.

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