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Si el mafioso de la serie de televisión Los Soprano hubiese nacido en Fráncfort y no en Nueva Jersey, el resultado habría sido la solución para la crisis de la Unión Europea propuesta en la cumbre de la semana pasada.
Así lo observó el periódico The Guardian en su editorial del domingo. Y es que la supuesta solución, forzar a los villanos sureuropeos a limpiar sus finanzas bajo amenaza y prestarles dinero a cambio del control total sobre su futuro económico, parece salida de una película de Scorsese.
Este ha sido el guión que durante años han venido siguiendo Ángela Merkel y Nicolás Sarkozy. Según ellos la culpa de la crisis europea la tienen unos cuantos países del sur cuyas poblaciones indisciplinadas, y por tanto improductivas, han elegido a gobiernos incapaces de administrar los presupuestos nacionales.
Concluyen que la cura consiste en disciplinar tales pueblos a la fuerza. Y ya que no saben elegir gobernantes probos por sí mismos, pues elegirlos en lugar suyo. En efecto, tras la dimisión de los primeros ministros griego e italiano los parlamentos de tales países se apuraron a elegir tecnócratas aceptables para Bruselas y la banca, y otro tanto cabe decir de los españoles que fueron a las urnas reaccionando a las expectativas aparentes de los mercados financieros y la severidad alemana. En los primeros dos casos nadie se tomó la molestia de consultar a los electores supuestamente representados, mientras que en el tercero se trataba de reconocer que mande quien mande, conservadores o socialistas, quien manda en verdad es Alemania.
Ello explica en parte el gesto del primer ministro David Cameron al anunciar que el Reino Unido seguirá su propio camino. Pero la eficacia de ese gesto es más aparente que real. Se trata tan sólo de representar un papel más siguiendo el mismo guión. De una parte, Cameron pretende proteger los intereses del sector financiero de Londres. De la otra, aparecer como un bulldog frente sus copartidarios euroescépticos. Sin embargo, el veto no protegerá a Gran Bretaña de la catástrofe económica por venir y tan sólo consigue separarla aún más de Europa. Algo que no se le habría ocurrido ni siquiera a Margaret Thatcher. Es bien posible, además, que Cameron les haya dado a los nacionalistas escoceses el pretexto que éstos necesitaban para romper la unión.
Europa se ha dividido en tres para salvar el euro: el Norte que disciplina, el Sur irresponsable, y Gran Bretaña convertida en la Singapur de Europa. Lejos de ser economía o política, este guión es una fábula moralista poco relevante para la tragedia que vive Grecia y de ninguna ayuda para los casos irlandés, italiano o español. Es el capitalismo como puritanismo religioso. No asistimos a la refundación de la Unión Europea, sino al comienzo de la autocolonización de Europa.