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Primero, revisemos algunos titulares un día después del anuncio de las medidas arancelarias más drásticas en la historia reciente de EE.UU., hecho por el presidente de ese país, Donald Trump.
El índice S&P 500 de la bolsa de Nueva York tuvo su peor caída diaria (casi 5 %) desde junio de 2020. China, Canadá, Tailandia y la Unión Europea aseguraron que estudian medidas retaliatorias. Volkswagen le dijo a sus concesionarios en EE.UU. que habrá una tasa de importación para los vehículos que se vendan en ese país.
Lo ocurrido con el S&P 500 es bastante elocuente, pues su mal resultado se compara directamente con uno de los momentos más álgidos de la pandemia, de lejos la peor crisis social y económica de nuestros días. En otras palabras, el mercado valora ambos eventos de una forma medianamente similar, cuando menos.
Mientras tanto, en la Casa Blanca, el ánimo se mantenía alto, con Trump diciendo este jueves que sus políticas comerciales “van muy bien”, en declaraciones retomadas por el diario The New York Times.
Un meteorito comercial
Para recapitular brevemente, las medidas introducidas por Trump este miércoles representan la unión de dos granadas de mano: una tarifa general y global de 10 % para los bienes que entren a EE.UU., además de una serie de aranceles recíprocos que aplican para las naciones con las que ese país sostiene mayores déficits comerciales.
¿Qué significa el anuncio en términos prácticos? Dos cosas. Para algunos países los aranceles hacia sus productos tendrán una serie de tasas diferenciales, 34 % para el caso chino, 46 % para Vietnam, 49 % para Camboya, 24 % para Japón, 26 % para India. O sea, a estos ejemplos les cae la tarifa general de 10 %, además de un extra por portarse mal, desde la lógica trumpiana.
Para todos los que no estamos dentro de la lista de aranceles recíprocos aplica una tasa global de 10 %. Esto incluye a Colombia, cuyo principal socio comercial es, justamente, Estados Unidos.
Las nuevas disposiciones entrarán en efecto el 5 de abril en su modalidad general y el 9 de abril en la recíproca. Pero no es claro hasta cuándo.
En la medida en la que el polvo del primer impacto comienza a disiparse, algunos asuntos comienzan a emerger con algo más de certeza.
La primera es que los aranceles son una pieza de negociación de un presidente que se precia de obtener los mejores tratos posibles. Negociar es una palabra que usan algunos analistas. Otros hablan de extorsionar.
Pero dejando el uso del diccionario a un lado, lo que sí parece cierto es que este giro drástico de política comercial abre el camino para renegociar asuntos dentro de los Tratados de Libre Comercio, por ejemplo.
“Lo cierto es que esa fotografía que vimos ayer seguramente no es la que estaremos viendo en un par de meses, cuando todos los países hayan hecho su tarea, cuando todos hayan hecho sus reuniones bilaterales con Estados Unidos y se hayan dado las consecuencias de cada una de esas reuniones”, asegura Jeffrey Fajardo, presidente ejecutivo de Porkcolombia, y quien en su momento fue uno de los negociadores del TLC de Colombia con Estados Unidos.
En una línea similar se expresa Javier Díaz, presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex): “Uno se pregunta, ¿esto llegó para quedarse o llegó para negociarse? Porque el presidente Trump es un presidente transaccional. Lo vimos en el caso de México y Canadá, cómo negoció el arancel de 25 % y logró que México se comprometiera con un programa de lucha contra las drogas, tropas en la frontera y Canadá con el tema de fentanilo. Entonces, si él logra obtener lo que quiere suspende la aplicación de sus aranceles”.
Y añade: “En nuestro caso, hay posibilidades de negociación, de tener algún acercamiento. Algunos de los 18 irritantes comerciales que ellos han identificado en el documento, seguramente van a querer que sobre eso Colombia haga unas acciones en favor de los Estados Unidos, pero no sabemos cómo está planteada la negociación”.
Las oportunidades comerciales para Colombia
Otro de los puntos que comienza a emerger después del anuncio de Trump son los retos y oportunidades que este nuevo escenario crea: al establecer tarifas diferenciales para algunos países y mantener a todos los demás bajo un látigo de 10 % se crean algunos desbalances que pueden perjudicar y favorecer a los productos colombianos que van hacia EE.UU.
Vamos primero con las noticias esperanzadoras.
Bajo el análisis de la Cámara de Comercio Colombo Américana (Amcham), hay al menos 144 partidas arancelarias de Colombia que presentan una ventaja competitiva frente a China, país que ya tenía aranceles en algunos productos y en esta última ronda de imposiciones recíprocas recibió 34 % de aranceles, como ya se mencionó.
De forma general, los productos identificados pertenecen a sectores como agroindustria, textiles, manufacturas, productos químicos, plásticos y bienes de valor agregado.
Ya en particular, María Claudia Lacouture, presidenta de Amcham, habla de renglones que pueden tener un camino interesante, como el café y las flores, dos de los principales renglones de exportaciones colombianas hacia EE.UU.
Tomemos el caso del café: Colombia es el segundo país exportador de café a EE. UU., y aunque se enfrenta a un arancel de 10 %, este mismo porcentaje aplica para Brasil, su principal competidor, mientras que Vietnam, otro gran proveedor, enfrenta un arancel mucho más alto, de 46 %. Esta diferencia abre una ventana de oportunidad para Colombia en ese mercado”, asegura Lacouture.
Esto no se traduce en una ventaja instantánea, vale aclarar, pues al final otros competidores también pueden entrar en el juego, como lo aclara Díaz: “Ahí podemos ganar participación a costa de Vietnam, aunque lo mismo está pensando Brasil y los centroamericanos”.
En el renglón de posibilidades, Lacouture destaca a los textiles y las confecciones colombianas, pues competidores de gran calado como China, Bangladés, Vietnam y Camboya llevaron algunas de las peores partes en la repartición de aranceles recíprocos. “Aquí se abren nuevas oportunidades en temas que somos fuertes, como uniformes, prendas de control, jeans”, dice la dirigente gremial.
En el lado menos agradable de la ecuación, hay renglones importantes del agro que pueden enfrentarse a un panorama más retador. Especialmente porque competidores claves, como México, no entraron en esta ronda de aranceles (aunque contra México y Canadá hay otra serie de medidas andando, pero no en renglón agrícola hasta el momento).
“El agro colombiano es el gran perjudicado por los aranceles impuestos ayer por Estados Unidos y que entrarán en vigencia el próximo 5 de abril a las 12:01. Productos como café, plátano, limones, aguacates y flores son algunos con los cuales competimos de una u otra manera con México. Al tener un producto más barato, el consumidor estadounidense va a empezar a preferir estos bienes”, dijo Díaz.
Lacouture está de acuerdo con esto, al resaltar al aguacate, al limón tahití y al incluir al pescado como algunos de los productos que pueden quedar en desventaja frente a México, que es un peso pesado en los dos primeros, por ejemplo.
Aguacate y limones son dos renglones que preocupan, pues en ambos se han visto avances en el posicionamiento del producto local frente al mexicano en el mercado estadounidense.
En ambos, los productores mexicanos siguen siendo los jugadores dominantes, con una torta de mercado que supera 80 % en el caso del aguacate y de 70 % para los limones. Colombia, por su parte, ha hecho esfuerzos y ha logrado capturar 2,5 % en el primer caso y 11,2 % en el segundo.
“México nos preocupa el caso de aguacate Hass, frutas, pulpas de frutas, porque ellos van a seguir con 0 % de arancel y nosotros vamos a tener que pagar 10 %. Eso nos puede afectar, ya hay algunos empresarios que nos han manifestado su preocupación porque dicen que difícilmente podremos competir con México”, finaliza diciendo Díaz.
¿Y qué pasa con el Tratado de Libre Comercio?
La imposición de aranceles globales abre la pregunta de en dónde queda el Tratado de Libre Comercio que tenemos con EE.UU., pues este documento establece reglas y tasas claras justamente para evitar las volatilidades comerciales.
El anuncio de Trump de aranceles con tasa general de 10 % “básicamente lleva a esa pregunta: ¿y entonces el Tratado de Libre Comercio en dónde queda?”, afirma Fajardo.
El exnegociador del TLC agrega: “Afortunadamente, la respuesta del gobierno colombiano ha sido muy fría, muy sensata, en el sentido de que al menos no va a anunciar medidas retalatorias al comercio y lo que esperamos desde el sector privado es que el gobierno colombiano establezca lo más rápido posible los canales de comunicación con el USTR y con el Departamento de Comercio para que podamos clarificar justamente entonces en qué va a quedar esa relación bilateral y ojalá apuntarle a que Colombia salga de esa lista de países irritantes del comercio con Estados Unidos”.
Para Juan David López, asociado de Baker McKenzie especializado en temas de régimen cambiario, aduanero y comercio exterior, el TLC permite que para empresas colombianas solo aplique la tasa de 10 % y no se le sume un arancel extra, conocido como de nación más favorecida.
Como ya se dijo anteriormente, los aranceles operan en este punto más como una estrategia de negociación que como fuerzas positivas en el ecosistema comercial. En esta medida, Fajardo explica que “seguramente ahí tendremos que poner sobre la mesa algunas condiciones de acceso real de productos estadounidenses hacia Colombia, para que a través de medidas técnicas, obstáculos técnicos del comercio o a través de medidas sanitarias o fitosanitarias, no se trunque un verdadero libre comercio entre los dos países”.
Por su parte, Lacouture dice que “este tipo de acciones genera presiones. Ellos tienen 14 acuerdos comerciales, uno de esos con Colombia. Pero al mismo tiempo hay que racalcar que dentro de la orden ejecutiva se menciona que las negociaciones se empezarán a dar con los países con los que se tiene acuerdos comerciales. Lo que viene es una ronda de mejoramiento de las condiciones de los acuerdos”.
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