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Con pie izquierdo

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Las innecesarias declaraciones recientes del alcalde electo de Bogotá, Gustavo Petro, han caído mal.

Se puso a especular sobre la posibilidad de fusionar las tres empresas públicas de la ciudad: la ETB, la EAAB y la de Energía (EEB), con la lógica de que las utilidades de la última taparan las pérdidas de las otras y subsidiaran tarifas. Este tiro al aire hizo que las acciones de la EEB se cayeran en un 16 por ciento, hasta que se suspendió su transacción porque la compañía, de la cual los bogotanos somos propietarios mayoritarios, ya había perdido en valor 1,8 billones de pesos. ¿De qué clase de izquierda es Petro, que desvaloriza así un capital público?

Denunció en charla con Yamid Amat en El Tiempo, en la que enfatizó una y otra vez sus diferencias con Peñalosa, que “la platica se va afuera de la empresa” (la de Energía) y se preguntó “qué hace esa empresa con grandes inversiones de gas en Lima, en vez de invertir en el Acueducto en Bogotá”. En lugar de hablar de volver a gerenciar bien y con transparencia la Empresa de Acueducto, como lo hicieron Mockus y Peñalosa, y proteger así este patrimonio estratégico para el crecimiento justo de la ciudad, repite sin chistar las falacias de los privatizadores de que “tenemos las tarifas más altas del mundo”. ¿En qué libro del progresismo social dice que es mejor tapar la inoperancia y la corrupción de una empresa como la EAAB, subsidiándola con las utilidades de la que está bien manejada, hundiéndolas así a las dos, en lugar de manejar bien el acueducto para que pueda ampliar y abaratar sus servicios, y en cambio, seguir usando los réditos de la EEB —más de 3 billones de pesos— en inversión social?

Además le dijo a Amat: “También vamos a crear zonas para parquear en calles y a establecer vías por concesión: un particular hace una vía y les cobra a quienes circulan por ahí”. No entiendo en qué doctrina sensible al cuidado de lo público dice que se pueden privatizar las calles. ¿Se imaginan el negocio de cuanto pirata no hay, haciendo sus calles y cobrándole peajes a quien pase por allí? Tampoco es la idea más benigna para esta ciudad, donde miles de gentes muy pobres ya les pagan “peajes” a las bandas armadas que controlan sus barrios y les cobran por dejarlas entrar a “sus” calles.

Ojalá estos anuncios prematuros sean producto de su ansiedad por empezar a servir y no señal de que repetirá errores del Polo y agregará unos propios. Incluso sin corrupción se puede hacer un gobierno muy malo. Y a Bogotá le urge que Petro haga una buena gestión porque está invivible. Colombia también la requiere para demostrarle a la intransigencia guerrillera que se pueden hacer cambios sociales urgentes por la vía pacífica. ¡Ni el soñador Jaime Bateman hubiera podido imaginar que dos del M-19, Petro y Navarro, llegarían a gobernar Bogotá!

Le conviene a Petro en estos días navideños tomarse unas vacaciones, aclarar su mente y serenar su corazón. Tiene un difícil camino por delante y le harán falta la energía y la sensatez. El tiempo de campaña ya pasó. Ya ganó las elecciones. Tendrá que gobernar en función de lo que es mejor para la gente y no de llevarle la contraria a Peñalosa. Esa táctica resentida se le devolvió a su predecesor. En el gobierno ya no podrá seguir siendo opositor ni denunciante. Ni puede confundir ser un alcalde de izquierda con empezar a gobernar a Bogotá con pie izquierdo.

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