
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Como un esfuerzo para hacer más amena la estadía de los migrantes venezolanos en Colombia, durante la época navideña en la que la nostalgia del hogar suele estar más presente, una iniciativa ciudadana expondrá retratos gigantes de algunos de ellos para contar sus historias.
La propuesta está inspirada en el proyecto Inside Out, del fotógrafo conocido como JR, que nació en 2011 y ya ha retratado a más de 260.000 personas en 129 países del mundo. La idea es exponer en lugares públicos de tres ciudades colombianas (Bogotá, Medellín y Cúcuta) los rostros de más de 200 migrantes venezolanos, contar sus historias y «darles un abrazo de Navidad».
Lea: Personajes del año, El Espectador: Los migrantes venezolanos
«Creemos que no todos los venezolanos son iguales, cada uno tiene una historia. Es difícil para una persona salir de su país y dejar atrás todo lo que construyó durante su vida para llegar sin nada a un lugar desconocido. Estas son las historias que queremos contar», explica Alejandro Daly, coordinador en Bogotá de El Derecho a No Obedecer, una plataforma ciudadana que está liderando esta iniciativa con el apoyo de la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur), Migración Colombia, la Fundación Plan y Open Society Foundations.
La instalación fotográfica se llevará a cabo este lunes 17 de diciembre a las 9:00am en Cúcuta en el Puente Internacional Simón Bolívar, y en Medellín a las 8:00am en la Plaza Botero. En Bogotá se realizará el martes 18 a las 10:00am en la Fundación Plan (Carrera 15 #87-86) y en la Plaza de Lourdes.
Lea también: De regreso a su país: venezolanos dejan Colombia por falta de oportunidades
En las exposiciones, los visitantes podrán encontrar historias como la de José Piñero, quien llegó hace nueve meses a Bogotá tras caminar 27 días seguidos con su esposa y sus dos hijos desde Maracay, (estado Aragua, Venezuela). «Invitamos a los colombianos a abrazar a nuestros hermanos migrantes, a mirarlos a los ojos, a escuchar sus historias, a compartir un café con ellos y a acogerlos en nuestras ciudades», expresan desde El Derecho a No Obedecer.