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El limbo

Iván Mejía Álvarez
03 de diciembre de 2011 – 04:00 p. m.

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Dicen que los honorables integrantes del Comité de Apelaciones de la Dimayor duraron nueve horas estudiando el fallo que determinó la pérdida de puntos para el Quindío, la sanción a Fernando Castro, pero que no adjudicó los puntos en disputa al demandante, en este caso el Nacional.

Debió ser cierto, nueve horas para buscarle la curvita al tema, para poderse acomodar, para quedar bien y ‘legislar’ contra derecho y contra la lógica. Los amigos de Apelaciones inventaron los puntos en el limbo, esperpento jurídico, y los partidos ‘evaporados’ sin ganador o perdedor. Quindío ganó en la cancha y dejó los puntos en el escritorio; Nacional perdió en el terreno de juego y tampoco ganó en la discusión jurídica. Este fallo pasará a la historia por ridículo y estrafalario, pero también tiene otros temas que es menester analizar.

A partir de la fecha cualquier integrante del cuerpo técnico que esté suspendido no puede dar indicaciones por ninguna vía o medio. Se acabaron los técnicos con el celular enviando órdenes y mucho menos los adiestradores como Castro gritando desde la tribuna. Mejor que ni vayan a la cancha. Lo que se hizo y se aceptó durante años, que lo prohibido era ingresar al campo y la pista o el banquillo, pasó a la historia. Bueno, hay jurisprudencia ante una norma vaga, confusa y mal redactada.

Todo lo que sucedió se hubiera podido evitar desde un principio si el árbitro Hernando Buitrago hubiera cumplido con su obligación de consignar en el informe la presencia de Castro interviniendo desde la tribuna y lo que pasó en el túnel de ingreso a la cancha cuando su patanería lo llevó a empujar al dirigente del Nacional en las mismas narices del cuarteto arbitral. Buitrago fue negligente, descuidado, alcahuete, cómplice de lo que pasó, y su informe pasará a la historia por falaz. Buitrago debe ser sancionado, pero como se sabe, este árbitro se mueve bien a punta de regalos y lambonería con la Comisión, por lo que difícilmente se le sancionará como debería ser.

Algunas preguntas sueltas: ¿Si Quindío hubiera estado clasificado le habrían quitado los puntos? Si este episodio se hubiera producido hace un mes, ¿el fallo sería el mismo? Cuando alguien demanda es porque espera recibir algo. Por eso, decir que Nacional no pidió los puntos resulta ridículo. ¿Cuánto quedó el partido?

Y una final: ¿Donde queda el limbo?, ese sitio mágico que no es el cielo ni el infierno donde van a parar los niños que no han sido bautizados y los puntos y partidos que Apelaciones acomoda a su leal saber y entender. Averígualo, Jesurún.

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