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Comprimir el abdomen, apretar las nalgas y despegar las costillas al levantar los brazos para abrir el tórax, no es más que un pequeño esfuerzo de estiramiento que desintoxica los pulmones de la mugre que se aloja entre caderas, pecho y espalda.
El cuerpo almacena toxinas en cada rincón y sus atascos son extravagantes cuando van pasando los años. Se encoge y cultiva atolladeros difíciles de desenrollar. Y por ahí, entre huesos y redondeces, murmura otro poder como un remedio a las marañas del propio destino. Invisible y caliente, es como el terruño donde no sobreviven los escritorios, la voz no se alza, ni la firma decreta lo impredecible. Camina sin guardaespaldas.
El otro poder circula entre el ombligo y el vacío uterino. Es como un hilo dorado y pulcro que brilla sin fronteras ni naciones y guarda sus crónicas de una existencia infinita. Es un poder difuso e indescifrable pero cierto, porque eriza las pieles y los sueños hasta anclarse en los pies y las palabras. Este poder no es débil, como tampoco es de otros. Es aquél que no se regala o se somete. No tiene dudas y sus posturas no son obligación. No camina con altivez ni con falsa humildad. Es simple, expande y abre aunque también se encoge o se anula para diluirse.
En este poder no hay actos pequeños ni inútiles. Es una línea curva que no desenfunda la espada. Ni corta ni destruye ni mata… Este otro poder recorre los momentos de éxtasis y creatividad y de los partos. Genera, crea y oculta sus dones entre los pliegues de la tierra o las arrugas de ellas. Se entrega y sus posesiones no son de nadie. No arrasa ni maltrata y su fuerza es temible cuando dictamina un no. Poder que sienten ellos para beberlo, eludirlo o sofocarlo y poder que sienten ellas para callarse sus violaciones o existir con ansias. Esta fuerza es una energía vital, activa y dinámica, que ama sin finales.
Intuiciones, desgarros y júbilos es lo que hace de la fuerza creativa un otro poder. Sin castraciones ni duplicidades, se manifiesta como el lugar donde nacen las cosas, es el umbral para la renovación. Este otro poder es un tejido, una sonrisa, un apoyo, una moneda, un encuentro, una esquina, una palabra, el agua, el cielo, el infinito o el silencio. Es la vida que se respira antes de que se vaya. Es, sobre todo, el estiramiento de cada vértebra y el ligero movimiento de caderas que abre lo inconcebible.