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Marchar, ¿para qué?

Mario Fernando Prado
01 de diciembre de 2011 – 06:00 p. m.

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Se alista la comunidad civil para una gigantesca marcha el próximo 6 de diciembre.

Sin duda, la convocatoria que se está realizando a través de los medios y, sobre todo, por las redes sociales tendrá un gran éxito.

Así que miles y miles de colombianos de muchas ciudades y de distintas condiciones étnicas y sociales iniciarán el mes de la alegría con una movilización impresionante.

Sin embargo, vale la pena preguntarse para que será la marcha: ¿Para protestar contra las Farc? ¿Para atizar más la hoguera contra este grupo narcoguerrillero? ¿Para responder al odio con el odio?

Aquí entonces cobra vigencia lo expresado por el Arzobispo de Cali, monseñor Darío de Jesús Monsalve, quien con valentía y con arrojo se atrevió a cuestionar, no la marcha, sino sus motivaciones.

¡Y quién dijo miedo! La han caído encima por más aclaraciones que haya hecho. Marchar por marchar es tiempo perdido. Si se trata de expresarle a los secuestradores y asesinos de las Farc el repudio nacional es arar en el desierto: ni se dan por enterados y, si lo hacen, les importa un bledo.

¿Que la marcha será para cohesionar y unir la solidaridad nacional? Creo que es llover sobre mojado. ¿Que será una oportunidad para que los ingenuos de otros países no le sigan comiendo cuento a las onegés que han endiosado a estos bárbaros? Pues quizás.

Empero, lo que se advierte y en ello tiene razón monseñor Monsalve es que la tal marcha –lejos de ayudar a buscarle otra solución al conflicto distinta a la consigna de sangre y fuego (que pareciera la única alternativa que tuvo tanto éxito en el gobierno de Uribe)- va a aumentar la polarización de este país que sigue diciéndole no a un cese al conflicto a través de la negociación.

Y hay argumentos de parte y parte: el guiño de la guerrilla de querer negociar, lo hace como estrategia cuando le están respirando en la nuca, para tomar aire, y a la historia reciente me remito para corroborar lo anterior. Caer en la trampa sería retroceder. (“No nos crean tan pendejos”. Juan Manuel Santos).
Lo otro sería volver a proponer, por parte de la mencionada sociedad civil, una paz negociada con los grupos rebeldes realizando mesas de diálogo así no lleven a ningún Pereira.

Y, finalmente, y con expresiones populares como la marcha de marras, alentar y apoyar al gobierno y a las Fuerzas Armadas a un recrudecimiento de las acciones militares para “fumigar” a los guerrilleros en un ojo por ojo y diente por diente que pareciera no tener fin.

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