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¡Qué estreno, ‘Timochenko’!

Patricia Lara Salive
01 de diciembre de 2011 – 06:00 p. m.

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No pudo ser peor el estreno del nuevo jefe de las Farc: debutó con el asesinato a sangre fría —un verdadero crimen de guerra— de cuatro hombres del pueblo —el sargento José Libio Martínez del Ejército, y el intendente Álvaro Moreno, el coronel Édgar Yesid Reyes y el mayor Elkin Hernández de la Policía—, quienes llevaban más de una década secuestrados, encadenados, humillados en la selva… Les expreso mi más sentido pesar a sus familiares, amigos y a las Fuerzas Armadas.

Pero ese hecho atroz, después del cual tuvieron el cinismo de culpar al Gobierno de su crimen y de manifestar sus condolencias a las familias de quienes habían asesinado, no debe extrañar a nadie que conozca el texto de la carta del nuevo jefe de las Farc al presidente:

“Todos tenemos que morirnos, Santos, todos”, le dice. “Algunos escogen una muerte heroica (…) Otros prefieren morirse de viejos (…) Es como la vida, unos prefieren pasarla haciendo dinero (…) Otros escogen caminos más nobles. Y son muy felices así”. Y agrega: “eso de ostentar poder y mostrarse amenazante y brutal, no puede ganar las simpatías de nadie (…) Matar salvajemente a un ser humano, con métodos notoriamente desproporcionados, para pararse sobre su cadáver y señalar a otros que les tiene reservado el mismo tratamiento, tiene la virtud de producir un efecto contrario”.

El texto de Timochenko está lleno de rasgos paranoides: nosotros somos las víctimas, ustedes los perseguidores. Y de maniqueísmo: ustedes son los malos, nosotros los buenos. Y de afán por consolidar su liderazgo ante sus tropas, preocupado tal vez por ser visto por ellas como un jefe ausente, que no ha soportado los rigores de la selva y de la guerra.

Pero también destila el resentimiento que a las Farc les produjeron las muertes de Cano, Jojoy y Reyes y la rabia que les ocasionó la satisfacción que ellas suscitaron en este país hastiado de padecer su crueldad, cansado de ver sufrir por años a las familias de los secuestrados, agobiado por tener que enterrar un muerto tras otro.

Como le escribió el columnista León Valencia a Timochenko, el hecho de que su clamor, muy humano, no tenga eco en una Nación con valores cristianos, debería despertarle un interrogante. Pero, al parecer, no sucede así. Por ello es muy importante que el 6 de diciembre concurramos masivamente a la marcha de repudio a este nuevo asesinato cometido por las Farc: se trata de demostrarles que Colombia rechaza sus atroces métodos y que no los acompaña en su enloquecida lucha.

Ahora, lo que es evidente en la misiva de Timochenko, y en los acontecimientos del último mes, es la degradación absurda a la que ha llegado el conflicto: tanto, que casi todos vemos normal alegrarnos por la muerte de seres humanos y aplicar la Ley del Talión, el ojo por ojo y el diente por diente el cual, in crescendo, nos tiene sumergidos en un infierno dantesco del que no queda sino una salida: parar la guerra…

***

¡Felicitaciones al embajador de Inglaterra por sus excelentes dibujos y grabados expuestos en la Galería Sexante! Llenos de contenido popular, de rincones de Colombia y de esas calles de La Habana repletas de pasado, esta exposición titulada “John Dew, viajero en el siglo XXI”, revela sus dotes de artista, su espíritu observador y su esencia de buen ser humano. Vale la pena verla…

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