Publicidad

Carta de san ‘Timochenko’

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Hay comunicación corporal, oral y escrita. La corporal es la que irradia el cuerpo humano, se nota en todos los actos de la vida, un fisicoculturista, por ejemplo, camina diferente a un místico; el uno irradia fuerza, el otro paz.

La comunicación en general tiene su impronta o huella digital. Leyendo la carta de Timochenko colgada en el portal de las Farc que me enviaron amablemente mis lectores de izquierda —les agradezco—, me sorprende el cambio de estilo. Lo único que le faltó fue citar el capítulo bíblico donde Jehová prohíbe alegrarse de la muerte del Inicuo, donde Iahvé, nuestro Dios, nos recuerda que él es el dador y señor de la vida en el caso de la muerte en combate de su antecesor Alfonso Cano. Esto, para una persona que ha estudiado análisis de documentos, lo pone a pensar seriamente; ¿qué humanista le redactó la carta?

Su última orden, para evitar lo que él pensó que podría ser una desbandada, fue fusilar sin consejo de guerra guerrillero a todo integrante de esa organización delictiva que hablara de desmovilizarse por la muerte de su jefe máximo. “Todos tenemos que morirnos”, durmieron el sueño de los justos Abraham y sus profetas, dice el antiguo testamento copiado por Timochenko. Timochenko dice que estudió medicina en la antigua Unión Soviética. Con el inmisericorde fusilamiento por las Farc de los secuestrados, amarrados y encadenados, nos pone a pensar seriamente a qué cartel diabólico de narcoterroristas con tentáculos políticos y jurídicos se está enfrentando la sociedad colombiana.

“Así no es, Santos, así no es”, inicia la carta Timochenko. Muy respetuosamente, como columnista y colombiano que participó en el conflicto y ahora estoy fuera de él, me permito recordarle que cuando se fusila su propia gente es porque se está perdiendo la guerra, cuando se degrada el conflicto y no se respetan las leyes internacionales de los derechos humanos o el derecho de gente, “Jus Gentile”, del derecho romano, fusilando gente amarrada a un árbol, no se puede exigir una representación política en el Senado colombiano como lo estaban tramitando.

Su eslogan es Ejército del Pueblo. Sería interesante que nos explicara de qué pueblo. Y no nos venga con el cuento bolivariano de Cano, porque Venezuela es mi segunda patria y en la tierra de nuestro Libertador no comulgamos con esas ideas violentas.

Jorge Alberto Caicedo Correa. Bogotá.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido