Constelaciones pictóricas en el espacio

La pintura inmersiva del artista belga Pieter Vermeersch en NC – arte de Bogotá invita al público a navegar entre el espacio y el tiempo.

Pieter Vermeersch dice sobre su obra: “El color para mí es la abstracción, porque no se puede definir; por lo tanto, es el dominio de lo misterioso o lo desconocido; me interesa lo que no conocemos”.  / Óscar Monsalve
Pieter Vermeersch dice sobre su obra: “El color para mí es la abstracción, porque no se puede definir; por lo tanto, es el dominio de lo misterioso o lo desconocido; me interesa lo que no conocemos”. / Óscar Monsalve

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¿Es suficiente imaginarse cómo viaja el tiempo a través del color? Aquellos pigmentos transitan en un espacio vacío que dibuja lo que la luz toca, recogiendo sombras en pequeñas formas. Mientras al recinto lo sostienen columnas de cemento, las paredes se llenan de colores que se transforman, perdiéndose en la indumentaria del lugar, pero abriendo un portal a infinitas formas posibles. Como si fuese una secuencia, el desgaste del color pretende plasmar su paso del tiempo, es así que toma forma la instalación pictórica del artista belga Pieter Vermeersch en NC – arte. Se trata de navegar por el sitio y a través del color, hallando figuras que se capturan como en una polaroid, convirtiéndose en un arte inmersivo a punto de descubrir.

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“El color para mí es la abstracción, porque no se puede definir; por lo tanto, es el dominio de lo misterioso o lo desconocido; me interesa lo que no conocemos”, asegura Vermeersch, quien se fija para esta obra “site especific” en los colores primarios que pinta con vehemencia, pincelada tras pincelada, pero calculando de manera determinada los pigmentos que se tornan en cada pared, así cada degradado se compone premeditadamente con el espacio. Esta exposición, que se configura dentro del ciclo temático del año en NC – arte, que gira en torno a la pintura o la imagen expandida, logra mantener una relación no solamente con la técnica pictórica, sino que genera exploraciones diversas realizadas por el espectador.

“Pieter tiene una relación con la pintura muy artesanal, porque él hace cada pigmento de cada degradado, pero para una finalidad completamente distinta, mucho más espiritual, mucho más de mantra, de repetición”, explica Claudia Segura, curadora de la exposición. Es así que el trabajo pictórico de Vermeersch no reposa en significados o definiciones contundentes acerca del color, sino que se convierte en una manera de sumergirse por posibilidades infinitas. Según argumenta el artista, se trata de introducirlos en un espacio y dimensiones variadas que le permitan capturar el ahora. Es por eso que su construcción en esta exposición la componen la luz y la sombra.

El público visitante tiene la posibilidad de navegar sobre los escenarios que se crean, poder visualizarlos una y otra vez desde diferentes perspectivas, mientras se reconocen una continuidad y una unión que se establecen pictóricamente; es así que en este constante movimiento se revelan figuras en distintos materiales, como los cuadros con acabados rocosos y periódicos que identifican una región determinada que están en el segundo piso del espacio, una analogía con el pasar del tiempo que aparece en varias ocasiones en el color y su estado en el espacio.

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“Es como incluir un material sólido dentro de un contexto efímero, que es la idea de los murales o de la pintura para tomar de alguna manera algo que es muy efímero en mi práctica, algo que está en el aquí y ahora que se materializa en el tiempo”, explica el artista. Como si estuviesen vivas sus pinturas, el espacio se disfraza de escenarios posibles revelados ante los ojos del espectador mientras recorre la exposición, un ejercicio válido sobre la introspección del color y el lugar que ocupa en el ahora. Sin embargo, su proceso reconoce una ardua labor para colocar casi de manera impecable los colores que se matizan con fluidez en el espacio y que dan origen al interés de este artista belga por el color y la manera en que logra transformarse en el tiempo y en el espacio, “es un universo que por supuesto es artificial, pero intentamos llevarla a un nivel de una segunda naturaleza”, explica el artista.

Durante la exposición, que estará abierta al público hasta el 28 de septiembre, NC – arte dispone actividades educativas, intervenciones con sonido y un acto performático que abrirá un diálogo entre el espacio y el cuerpo.

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