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El Ministerio de Interior bahreiní afirmó que las fuerzas de seguridad dispersaron a los manifestantes que pedían reformas políticas y mejoras económicas en el centro de Manama, informó la agencia oficial bahreiní BNA.
El portavoz del citado Ministerio, general Tarek Hasan al Hasan, explicó que las fuerzas de seguridad se vieron obligadas a “vaciar” la plaza Lulu, donde se encontraban los manifestantes, después de haber agotado todas las posibilidades de diálogo con ellos.
Según una ONG, al menos cuatro personas murieron hoy y más de cien resultaron heridas cuando la Policía y el Ejército cargaron contra varios miles de manifestantes que pedían en el centro de Manama reformas políticas y mejoras económicas.
Al Hasan insistió en que las fuerzas armadas han intentado en los últimos días “contenerse” y comunicarse con figuras públicas para convencer a los manifestantes con que disolvieran sus protestas de una manera pacífica.
Sin embargo, según Al Hasan, “algunos manifestantes han querido utilizar este ambiente de tolerancia para imponer prácticas ilegales y molestar a los ciudadanos y a los residentes a través de puestos de control” instalados en la plaza Lulu.
Este general explicó, además, que otros manifestantes han aterrorizado a los dueños de las tiendas cercanas y les han obligado a cerrarlas, lo que ha afectado la vida económica y comercial.
“Además, la continuación de la agrupación y la protesta en esta zona crucial ha tenido mucho impacto en la economía nacional, y provocó una crisis de tráfico, así como en la actividad comercial y turística”, añadió Al Hasan.
El presidente de la Asociación de la Juventud Bahreiní para los Derechos Humanos, Mohamed al Maskati, aseguró el jueves por la mañana a Efe que las fuerzas de seguridad emplearon munición real, además de balas de goma y gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes, que se concentraban en la plaza Lulu (Perla, en árabe) de Manana desde hacía dos noches.
Desde que el 14 de febrero comenzaran las protestas en Bahréin son ya seis las personas muertas.
Esta revuelta popular cuenta con una participación sin precedentes en este país, un archipiélago con una superficie de tan solo 727 kilómetros cuadrados en el que viven poco más de un millón de personas, la mitad de ellos extranjeros.