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En las últimas semanas han sido varias las medidas que Suiza, uno de los países que mantienen el secreto bancario, ha implementado para buscar impedir la fuga de capitales provenientes de países en vía de desarrollo. Primero fue la entrada en vigor de la Ley Duvalier, el pasado 1º de febrero, que permitió bloquear todos los fondos (US$5,7 millones) del exdictador haitiano Jean-Claude Duvalier con la intención de devolver ese dinero a la isla caribeña. La semana pasada, justo un día después de su caída, les congelaron las cuentas al expresidente egipcio Hosni Mubarak y su familia, cuya fortuna se estima en US$70.000 millones.
Esas medidas del gobierno suizo coincidieron con la publicación del estudio Flujos financieros ilícitos desde países en desarrollo: 2000–2009, realizado por la ONG estadounidense Global Financial Integrity (GFI), en el cual se concluye que en los últimos diez años los países del tercer mundo perdieron un promedio de entre US$725 mil millones y US$810 mil millones anuales por cuenta de la distorsión de precios del comercio internacional y la evasión fiscal que terminaron engrosando las arcas de algunos bancos del primer mundo, en Luxemburgo y Suiza por ejemplo, y de diferentes paraísos fiscales, como en el caso de las Islas Caimán.
Son tres las razones por las cuales este fenómeno se presenta en mayor proporción en los países tercermundistas. En primer lugar, porque los mecanismos de control son ineficaces, en segundo, porque los impuestos en estos países son muy altos y finalmente, porque las penas que se imponen son muy laxas y en la mayoría de los casos no se cumplen.
En ese sentido, para el exdirector del Banco Central de Perú, César Ferrari, “aquí hay un estímulo para la evasión ya que no hay un control serio por parte de las autoridades para evitarla, debido a que los recursos institucionales son muy pobres. Es por eso que es más difícil evadirle plata al fisco en Europa. En Italia, por ejemplo, Carlo Ponti y Sofia Loren tuvieron que exiliarse en Suiza porque no habían declarado un montón de impuestos. Al final negociaron y después de pagar parte del dinero adeudado, pudieron regresar”, afirma.
Según la publicación, el continente con mayor flujo de capital ilícito es Asia, con el 44,4% del total, mientras que Oriente Medio y el Norte de África (Mena) es la región donde esa actividad ha crecido más en la última década, con el 24,3%. A pesar de que América Latina está muy lejos de esas cifras, hay dos países que aparecen en el top 10 del listado: México, en el tercer puesto, y Venezuela, en el octavo. Colombia, por su parte, ocupa el lugar número 11 entre los países de América Latina.
Sin embargo, la economista de GFI, Karly Curcio, aseguró que el monto total de los flujos ilícitos podría ser mayor en países como Colombia, Nigeria o, incluso, Egipto debido a la corrupción y al tráfico de droga: “Los números que manejamos en el estudio son conservadores y no tienen en cuenta el componente de la actividad criminal como el tráfico, el crimen y los sobornos, en donde las transacciones son hechas en efectivo”.
Es por eso que las medidas adoptadas por Suiza en las últimas semanas o el anuncio de Wikileaks de que, gracias a la información otorgada por el banquero suizo Rudolf Elmer, en los próximos días revelará información sobre 2.000 cuentas del banco Julius Baer en las Islas Caimán, son trascendentales para controlar el flujo de capitales ilícitos y así evitar que esas grandes sumas de dinero terminen pudriéndose en algún banco del primer mundo.