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Después de que el martes cientos de miles de personas protagonizaran la mayor protesta contra el régimen de Hosni Mubarak, ayer la multitud congregada en la emblemática Plaza Tahrir desbordó el lugar y marchó hacia la sede del Parlamento, enfurecida por el aviso de que los manifestantes que anoche acamparon frente al Parlamento para exigir la disolución de las cámaras iban a ser desalojados por el ejército. Además, las protestas laborales se extendieron por todo el país y numerosos manifestantes contra el régimen piden a través de las redes sociales la extensión de las huelgas. Esperan así aumentar todavía más la presión sobre Mubarak y forzar su caída. Sin embargo, el vicepresidente Omar Suleiman insistió en que ya es hora de que las protestas paren y reiteró que “el diálogo es el único camino correcto para conseguir la estabilidad y solucionar la presente crisis”. Hasta ayer, las entradas y salidas de la Plaza Tahrir estaban controladas por el despliegue de tanques y barricadas del ejército, que contenía de esta manera la protesta. Horas después, los accesos quedaron despejados por la presión de los manifestantes, ante la cual los soldados no pudieron hacer nada. Miles de personas tomaron el corazón de la ciudad en dos grandes marchas, encabezadas por sendas banderas, entre gritos de “fuera, fuera Mubarak” y recibiendo el apoyo de cientos de vecinos asomados a los balcones de sus casas. El resultado de este movimiento, hasta ahora tolerado por el ejército, es que el epicentro de la revuelta, que suma 17 días, se trasladó a las puertas del Parlamento. Allí, los soldados custodian el edificio para evitar que la gente salte la valla y acceda al interior. En esa misma calle, hasta ayer territorio inhóspito para los manifestantes, está también la sede del Ministerio de Sanidad y las oficinas del primer ministro, igualmente blindadas por el ejército. Una multitud ocupó desde el mediodía toda la avenida. Entre los gritos y cánticos, la novedad fue que aumentaron las voces que reclaman que Mubarak vaya a juicio. Unos recordaron que es el principal responsable en la represión que ha ejercido su régimen desde hace 30 años (llegó al poder en octubre de 1981) y otros le preguntaron dónde ha guardado el dinero de todos los egipcios. En el boca a boca, se comentaba que el siguiente objetivo podría ser la toma del edificio de la televisión estatal. Con la salida de la protesta al exterior de la Plaza Tahrir, la oposición se apunta una doble victoria en su pulso contra el presidente. Por un lado, el altavoz de las protestas se ve amplificado; y por otro, la masiva presencia de personas en la calle supone en la práctica la paralización del trabajo de las cámaras y de otros organismos oficiales. Además, desde ayer están en huelga cerca de 3.000 trabajadores públicos del sector del transporte, lo que ya está afectando la salida de trenes en El Cairo. Tampoco hubo operarios de limpieza en la capital egipcia. Los conflictos laborales prendieron aún más el conflicto y se supo que 6.000 empleados del Canal del Suez se negaban a ocupar sus puestos de trabajo. El motivo, además de la agitación general, es otra tecla mal tocada por el régimen: el lunes el gobierno anunció un aumento salarial del 15% a los funcionarios públicos. Desde este miércoles, numerosos trabajadores de empresas públicas y privadas exigen incrementos similares. Muy pocas están dispuestos a concederlos.