El marionetista

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Atento a lo que revelan las manifestaciones populares en América latina, no había hecho publica mi tristeza por el fallecimiento del maestro Jaime Manzur. Justo es que le ofrezca esta columna como una sentida lágrima de pésame y en memoria de su legado.

Jaime y su hermano David nacen en Guinea, Africa, por allá a principios de los años 50. Llegan con su madre a Armenia en el Quindío. Reseñan las páginas sociales de un periódico local, el buen gusto de la familia, aviso de la personalidad que se verá reflejada en las obras de David el pintor y de Jaime el creador escénico.

En las obras de ambos artistas se presiente una nostalgia por el clasicismo, David pinta caballos con forjas de pretérito labrado, exóticos bodegones con Laudes y jarrones en los que irrumpen moscas de realismo contundente, acaso rebelándose a la formalidad.

Jaime en cambio se afianzaba en el glamour, en sus marionetas, en los montajes de zarzuelas y de operas había mucho de vanidad victoriana, le encantaban las sedas, las lentejuelas, la prendería. Sin duda, el vestuario de la marioneta Blanca Nieves es una pieza de colección.

Si bien fue un creador versátil, lo digo porque incursionó en varios géneros de las artes escénicas, su quehacer como marionetista le mereció un puesto memorable en la cultura colombiana y reconocimientos internacionales.

Cuando empezaba la televisión colombiana, los domingos en la mañana, los niños de entonces nos asombrábamos con la representación en marionetas de los cuentos clásicos infantiles, veíamos en blanco y negro, pero corpóreos, algunos de los cuentos que los niños de hoy ven en la serie “Cuentos de los hermanos Green”. Varias generaciones gozamos las marionetas de Jaime Manzur, asistir a su teatro tenía el encanto como de entrar en un castillo misterioso. Primero en la calle 45 con 16 decorada la entrada con una escultura de Negret y luego la sede de Chapinero en la 61, que tenía en el interior columnas con hojas de acanto doradas y en el recibo muebles de madera labrada y cojines de terciopelo, todo reflejo de esa nostalgia clasicista que alguien le inculcó desde la infancia.

Entre los cultores y públicos de la ópera, Jaime era muy apreciado, se que fue director, vestuarista, escenógrafo y actor, yo nunca asistí a las obras operáticas en las que el participaba en distintos roles, porque nunca me ha atraído ese género dramático en su expresión clásica, acojo mejor la ópera rock. Pero si vi piezas de operas montadas por Manzur en marionetas, todo hecho con primor artesanal: no olvido los rostros de los personajes, algunos con cabello de verdad, los vestidos, réplicas en miniatura de confecciones famosas, la escenografía detallada como evocando lo que le gustaría en la escala real. Jaime Manzur buscaba en sus espectáculos de marionetas que los espectadores, particularmente los niños, entraran en la catarsis de creer que los personajes eran seres vivos en miniatura.

Los titiriteros colombianos, reconocemos a Jaime Manzur como un pionero, fue una escuela para muchos y trazó un camino en el espectáculo para niños. Su estética, su estilo, su carácter fueron únicos y ejemplares.

En la historia del arte colombiano, el marionetista Jaime Manzur tiene bien ganado un pedestal de honor. La sede de su teatro hace rato es un museo en el que se conservan cientos de marionetas, escenografías, vestuarios, tallas, porcelanas, libros incunables, todo el universo de sus creaciones y sus andanzas.

Paz en la tumba del marionetista.

NOTA AL MARGEN: Es un descaro que el presidente Duque y sus ministros digan que los reclamos y demandas que motivan el paro del 21N son infundados. Infundada la presencia de Minesa en el Páramo Santurbán, la implementación del fracking, el altísimo desempleo, los líderes sociales asesinados, la violencia contra los indígenas, las irregularidades cometidas por el ejército, la impunidad en casos de corrupción como el de Odebrecht, la inútil aspersión con el venenoso glifosato, el costo cada vez mayor de los servicios de salud. Un listado de quejas que no cabría en el periódico y ante las cuales el gobierno reacciona con abulia y displicencia.

Intentarán desvirtuar de muchas maneras el significado de la multitudinaria movilización, peto ya la conciencia está sembrada. Además, la marcha estará embellecida por los paraguas que llevaremos todos para que las protestas no las amaine ni la lluvia.

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