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Entra la retaguardia

Humberto de la Calle
05 de noviembre de 2011 – 08:00 p. m.

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No se ignoraba que pasadas las elecciones el expresidente Uribe saldría a combatir al Gobierno.

No se conoce hasta dónde va a llegar, pero sí se sabe que hay turbulencia significativa en el Partido de la U, eje importante de la coalición. Pero que sea importante no implica que sea insustituible. Desde un principio, los arrumacos con el Partido Liberal, emocionadamente compartidos por éste, significaron una malla de protección para la hipótesis que ahora se vive y que había sido presentida desde el momento en que Santos imprimió virajes a la administración, desde lo programático (Ley de Víctimas y Recuperación de Tierras, relaciones internacionales) hasta lo personal (Juan Camilo Restrepo, elocuente botón de muestra).

En la celebración de Andiarios, Santos dejó ver que ni es manco, ni se va a acojonar. Defendió el Gobierno, algo obvio. Pero ejerció como prefecto de disciplina al anunciar que el voto a favor de la reforma a la justicia es un imperativo categórico para el Gobierno. Es un punto de quiebre. Terminó la zalamería. El Gobierno comenzó la semana pasada.

Aunque la artillería de Uribe no es cosa menor, sin embargo, atendiendo a tradición centenaria, esta pelea la ganará Santos al menos en los factores reales de poder: Congreso, Iglesia, Fuerzas Armadas y gran prensa. Nadie desafía impunemente al presidente. El posible juego de Uribe se contrae a algunos reductos parlamentarios y a sectores de la opinión. Su peligrosidad dependerá del prestigio del gobierno en 2014.

Maluco que esta nueva etapa de la Mesa de Unidad, la de la utilización del corno para llamar a somatén a sus congresistas, se inaugura con un proyecto pobre. Hubiese sido heroico que la utilización de la disciplina hubiese comenzado, por ejemplo, alrededor de los problemas rurales. Allí el parteaguas hubiese sido verdaderamente histórico e impecablemente ideológico. El proyecto de justicia es un mal yunque para forjar esta nueva fase de la Unidad Nacional. Lleno de superfluidades, traspasado por intereses, con un crecimiento desmesurado del poder de la Sala Disciplinaria del Consejo Superior. ¡Caramba! Cómo se explica que un proyecto que nació con el anuncio del fin del Consejo, termine extraviado en el laberinto de los consensos multipropósito con la resurrección no del Consejo, sino de su Sala Disciplinaria. Vivir para ver. Por fortuna, hay que decirlo, el ministro Esguerra, un hombre particularmente dotado para esta tarea, ha señalado que estas deformidades serán corregidas.

Y el telón de fondo es la reunificación liberal. Santos-Pardo-Vargas puede ser el nuevo trío dinámico para el relanzamiento liberal, partido que está inscrito profundamente en el ADN de los tres. Uribe tomaría parte de la U y casi todo el Partido Conservador, para el que Uribe es como una especie de Núñez reeditado.

Pero estos no son los únicos vectores de la política. El Polo, aunque maltrecho, encarna la izquierda tradicional. Habrá que ver si Petro, a la manera de Felipe González, guardando las proporciones, logre enterrar la vieja izquierda y abrirle paso a una organización social demócrata contemporánea. Esto implicará que, si el Partido Liberal se unifica, tratará de competir en el centro izquierda. La derecha parece despejada para Uribe. Habría que prepararse para la madre de todas las guerras.

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