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Lecciones electorales

Patricia Lara Salive
03 de noviembre de 2011 – 06:00 p. m.

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La derrota de los autoritarismos y el triunfo del valor y de la audacia son los dos grandes resultados de la jornada electoral del domingo.

Por una parte, resultó tendido en el campo el expresidente Uribe quien, con su estilo de “Patriarca Inobjetable”, ante quien nadie puede osar discrepar, perjudicó a sus candidatos hasta el punto de que, por ejemplo, el más importante, por ser el de la capital, Enrique Peñalosa, quien fue buen alcalde y al comienzo parecía imbatible, retrocedió sin remedio porque, entre otras razones, muchos de quienes iban a votar por él, al final prefirieron hacerlo por Gina Parody ya que, al ver que Uribe se apropió de su candidatura, y él permitió que lo hiciera, se negaron a obedecer los designios expresidenciales. (Y a propósito, ¿cuándo será que el incansable Uribe va a entender que le llegó la hora del silencio, de encontrar otros rumbos, de retirarse a sus cuarteles de invierno y de resignarse a que él ya no manda ni puede mandar porque estamos en el turno de los otros?).

Y acabó derrotada de la peor manera la dirigencia extremista e intransigente del Polo Democrático Alternativo, partido que hace cinco años llegó a tener 2’600.000 votos y a convertirse en la segunda fuerza política del país pero que, desde entonces, por los errores garrafales de sus jefes, quienes desconocieron la existencia de una izquierda democrática creciente dentro del Polo, empezó a retroceder hasta colocarse hoy al borde de la desaparición política, con una vergonzosa votación de cerca de 282.000 votos en todas las alcaldías del país, cuando hace cuatro años sólo en Bogotá habían triunfado con 920.000.

Pero lo más interesante de los resultados del domingo es que si bien se hundió el Polo, salió fortalecida la izquierda de verdad, la que se sintoniza con sus votantes, la que dentro del Polo libró y perdió la batalla porque se le diera participación a la izquierda nueva, porque se abrieran las puertas a la posibilidad de sumar legiones, porque la izquierda alejada del dogmatismo y de la nefasta combinación de todas las formas de lucha mandara dentro del partido. El triunfo de Gustavo Petro en Bogotá es, además, el de quien tuvo la audacia y el valor de denunciar la corrupción de sus propios compañeros, y luchó dentro del Polo hasta cuando ya no pudo más porque primero se intentó desconocer su victoria en la consulta interna y luego se le impidió dirigir el partido, no obstante haber ganado la candidatura.

Sin embargo, la victoria de Petro tiene otra connotación, mucho más importante: es el triunfo del perdón sobre el rencor; de la posibilidad de paz sobre la perspectiva eterna de la guerra…

¡Le deseamos toda la suerte, Gustavo Petro! De su éxito; de que les demuestre a los bogotanos eficacia y capacidad ejecutiva para desarrollar su programa; de que vuelva la ciudad justa y amable; de que logre que la gente lo quiera y de que usted, de verdad, quiera a la gente, depende el futuro de la izquierda en Colombia. ¡Su responsabilidad es, pues, enorme!

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¡Excelentes los triunfos de Sergio Fajardo en Antioquia y de Aníbal Gaviria en Medellín! (¡Así se garantiza la continuación de la gran labor de Alonso Salazar en la Alcaldía!) ¡Qué bien que Barranquilla siga por el mismo camino de eficacia y honestidad! ¡Y qué buenas para la decencia de Colombia las victorias de Marcelo Torres en Magangué y de Carlos Caicedo en Santa Marta!

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