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El primer reto de Dilma Rousseff

La tragedia por las lluvias en Río de Janeiro, que de momento tiene un saldo de 512 muertos, se agravó en las últimas horas.

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De nuevo, en varios puntos faltan la luz y los teléfonos. Incluso muchos de los móviles están mudos.

Los equipos de rescate han tenido que parar por las lluvias mientras ya se conocen lugares donde, como en Teresópolis, más de 20 personas siguen enterradas.

La ONU ha considerado lo sucedido en Río como una de las cinco mayores catástrofes humanas del mundo en los últimos tiempos, mientras los expertos insisten en que se ha tratado de “una tragedia anunciada”.

“Estaba escrito en las paredes que la favelización de la zona, las miles de construcciones levantadas ilegalmente en zonas de riesgo, empobreciendo el terreno y cargándose la vegetación, preparaba la tragedia. Y los políticos no lo vieron o no lo quisieron ver”, escribió Ruy Castro, en su columna semanal en Folha de São Paulo.

En ese sentido, Marcos Sá, del diario O Globo, escribe: “El remedio no es llevar a la cárcel a la lluvia, sino responsabilizar a los gobernantes por los crímenes cometidos en serie contra la naturaleza”. En tanto, el editorial de Folha, titulado “La mayor tragedia”, señala que la expresión “causas naturales” es engañosa, y que tampoco “es culpa de San Pedro que, por ejemplo, el año pasado ni la mitad del presupuesto destinado a la prevención de desastres fuera usado” y concluye que la verdadera razón de estas catástrofes reside en “la omisión de las autoridades, que sólo puede apellidarse de criminal cuando las víctimas se cuentan a centenares”.

Las bellezas naturales de “las tres ciudades de la muerte”, como han sido llamadas, han triplicado estos años la especulación inmobiliaria, mientras que la falta de habitaciones populares ha coronado de favelas de pobres llegados de fuera, las cuales son construidas en lugares de riesgo evidente con la complicidad de la clase política local y estatal.

La misma presidenta Dilma Rousseff, que ayer visitó las zonas afectadas, hizo una grave afirmación ante la prensa al llegar a Río. Dijo textualmente: “La ocupación habitacional ilegal en esas zonas no ha sido algo ocasional sino que ha sido la norma”. Y ha prometido que esta vez la Presidencia de la República va a movilizar todas sus fuerzas no sólo para desarrollar una acción rápida de reconstrucción de las históricas ciudades arrasadas, sino sobre todo para llevar a cabo una acción seria y planificada de “prevención”, ya que todos los economistas insisten en que, además de los desmanes, “es más barato prevenir que reconstruir”.

La fama de Rousseff de gestora eficaz y exigente ha hecho renacer una cierta esperanza en la población de que esta vez puede ser la vencida. Ayer mismo, cuando supo que muchas de las víctimas podían haberse salvado si les hubiese funcionado el teléfono móvil, ella misma se horrorizó y pidió al ministro de la Casa Civil, Antonio Palocci, que hablara personalmente con los responsables de las cuatro empresas de telefonía móvil que operan en el país y que les pidiera “sin contemplaciones” responsabilidades puntuales.

Para agravar las cosas, en Teresópolis, donde ha habido cerca de 300 muertos, ayer tuvo que intervenir la fuerza pública reforzada contra bandos armados que asaltaron comercios y mercados llevándose todo lo que podían. Esto llevó al cierre de todo el comercio de la ciudad, lo cual ha empeorado los problemas, sobre todo de compra de víveres, que han aumentado hasta el 500 %.

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