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“Estábamos en esa situación de la conversa para ver qué más hacíamos cuando, de un momento a otro, nos empezaron a disparar de todas partes”. La lideresa Nora Taquinás, de la comunidad de Tacueyó, contó cómo, al intentar defender a personas que estaban siendo extraídas a la fuerza de su territorio, ella y otras autoridades y guardias que viajaban en carro fueron atacados a mansalva. “En el punto de la balacera hay tres lomas que están alrededor, y dentro de esas tres lomas lo que sentimos fue que nos dispararon de todas partes”, declaró Taquinás en una entrevista. Dos de los guardias que la acompañaban y que intentaron defender a la gobernadora con sus bastones de mando fueron asesinados de inmediato, y en la balacera murieron otros dos guardias y la gobernadora Cristina Bautista. Sobrevivieron quienes permanecieron dentro de los vehículos, pero al parecer la gobernadora salió para interceder por los guardias.
La gobernadora era mi contemporánea. Como yo, creció en la década del 80. Como yo, se decidió por las ciencias sociales. Trabajadora social de la Escuela de Trabajo Social y Desarrollo Humano de la Universidad del Valle, les habló a los ojos a cuantas cuadrillas de narcos nacionales y latinoamericanos (y sus ejércitos). “A los grupos armados, esta es nuestra casa. Y como autoridades desde el núcleo familiar, no son bienvenidos”, explicó, “tenemos un lema y es ‘tocan a uno, tocan a todos’. Estas son mis palabras como resguardo de Tacueyó”.
Cristina Bautista fue la autoridad ancestral neehwe’sx del resguardo Tacueyó. En su última intervención pública, frente a cientos de hombres y mujeres del pueblo nasa que la acompañaron en la vereda La Luz de Tacueyó, advirtió sobre la devastación y división que enfrentaban los pueblos indígenas, no solo en el Cauca, sino también en el Chocó: “Esto es una problemática nacional y como nuestro principio es la unidad, estoy convencida de que somos más los que queremos la paz que los que quieren la guerra”.
Hace solo dos años, Bautista fue becaria del Programa de Formación en Derechos Humanos en la Universidad de Deusto, en Bilbao (España). La comunidad universitaria afirmó en un comunicado que tuvo “la oportunidad de conocer su vocación”, que se le recuerda como “una luchadora incansable por los derechos de los pueblos indígenas”. Y que “con ella se pierde una referente de la resistencia indígena, la defensa y promoción de los derechos de las mujeres indígenas”.
En la misma corriente, el profesorado de su casa, la Universidad del Valle, lamentó el asesinato de la gobernadora y exalumna. Denunció “la evidente negligencia estatal” y se quejó de que “la única alternativa” que se plantee desde Bogotá sea “la militarización del territorio”. El profesorado advirtió que con esta militarización se ponga en riesgo a la comunidad y “no se considere la voz de quienes habitan, cuidan y aman” la región. Por su cuenta, la Comisión Interétnica de la Verdad del Pacífico recordó que “el Estado no ha desplegado una presencia real y efectiva en las zonas abandonadas por las Farc tras la desmovilización, más allá de la militarización y el envío de tropas que con frecuencia acaban involucrados en nuevos casos de violaciones de derechos”.
La Comisión invitó también a los medios de comunicación “a profundizar en la reflexión de la problemática del Cauca” en vez de “reforzar los discursos racistas de estigmatización que no valoran la compleja realidad del territorio”. El defensor del Pueblo, Carlos Negret, dijo que “el hecho es supremamente grave”, e hizo un llamado por el “respeto a la vida en el norte del Cauca”. Concluyó que “en Colombia tenemos que aprender a respetar la vida de las personas, si no no es posible construir país”. Entre tanto, hoy presenciamos el fin del liderazgo (y de la luz) de Cristina Bautista.