El triunfo de la cordura

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Así es Colombia. Un día se acuesta uno con la idea de que todo va de mal en peor y al otro se levanta con la esperanza de que todo va a cambiar. Llevamos por lo menos 60 años en ese tire y afloje emocional, la mayoría de las veces relacionado con la política o los deportes, en esa montaña rusa que nos ha hecho sentir en permanencia el perenne e incierto destino de nuestro país.

Colombia está lejos de ser un país apolítico: ni siquiera el que no vota o dice odiar la política deja de estar atento a los resultados de las elecciones, los termina comentando y, según el caso, los celebra y/o sufre en silencio. Tenemos suerte: este domingo en muchas partes del país ha triunfado la cordura. Ha triunfado la tendencia a elegir políticos de turno (porque en el fondo y aunque suene crudo no son más que eso) que intentan no dejarse llevar por las locuras de los extremos, se alejan del clásico proselitismo político de los gamonales, y han tenido el valor en muchos casos de hacerles frente sin temor a las típicas represalias violentas de nuestra desconsolada historia contemporánea.

En particular, el triunfo de Claudia López en Bogotá es el símbolo de esa tendencia. Ha ganado porque tiene los méritos suficientes para ser alcaldesa; porque representa una sociedad progresista que anhela con sinceridad un mejor país, es decir un país en paz; porque su discurso suena determinado y aterrizado. Sin embargo, no creo que sea el momento de dejarse llevar por esa excesiva esperanza triunfalista que siempre nos invade y no sobra que tomemos todo con cautela. Para nadie es un misterio que lidiar con Bogotá es peor que lidiar con el Baltimore de la serie culto The Wire: mafias, corrupción, servicios defectuosos en las zonas marginales, y una sensación casi constante de incomodidad urbana. Para la gran mayoría la ciudad es compleja e inhóspita, y por desgracia no ofrece la mejor calidad de vida.

A la nueva elegida es mejor no pedirle ni muchos cambios ni mucha continuidad. Es mejor no pedirle demasiadas iniciativas reforzadas y mucho menos esos complejos sistemas de análisis tecnocráticos que suelen salir de las oficinas de asesores recién perfumados. El triunfo de la cordura es pedirle que haga todo lo posible por cuidar la plata, por invertirla de verdad en educación y en salud, por trabajar con personas que no tengan ínfulas ministeriales y no se terminen convirtiendo en bufones arrogantes como ha sucedido en alcaldías anteriores. Con un poco de humildad y de honradez ya terminaría haciendo muchísimo más que Moreno, Petro y Peñalosa juntos, cuyos egos dieron respectivamente para robar, intentar entronizarse con petulancia e inventarse estudios doctorales para hacerse llamar experto. Y es que el problema tradicional de los políticos desde tiempos inmemoriales es que siempre terminan diciendo mentiras y les importa un bledo si los descubren, si van a la cárcel, si pierden las elecciones. Las mentiras y promesas fallidas hacen parte de su ADN y en lugar de intentar cambiar esa impresión, la aceptan como parte del trabajo sin remordimiento alguno.

Ahora que se viene ese impredecible metro, sí que debe prevalecer el triunfo de la cordura. Sólo se puede esperar que este tema se maneje con la inteligencia suficiente para no dejar a la ciudad sumida en un caos similar al de una Gotham City. Un paso en falso y todo será peor. Ojalá que no nos vayamos a dormir creyendo que ha llegado el momento del cambio y nos levantemos asombrados de lo mal que cambió todo. Sin embargo, como colombiano que aprendió a nunca perder la esperanza después del gol de Rincón a Alemania en Italia 90, confío (es lo único que realmente podemos hacer en este momento) en la imagen que Claudia López proyecta de sí misma y en su reciente declaración de que no tiene compromisos políticos con nadie. En tierra de políticos ver para creer, pero vale la pena darle el beneficio de la duda para que al menos se limite a gobernar con cordura; esa misma cordura con la que consiguió ser elegida. A los demás elegidos que están intentando quebrar con la polarización de este país: el mismo discurso. Por favor no se inventen muchas cosas, intenten simplemente pensar en las personas comunes y corrientes que quieren a este país, en los que se levantan pensando en Colombia como un lugar donde es posible vivir en paz.

@jfcarrillog

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