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La historia del desespero del Gobierno Petro y la desconfianza que produce en los mercados se puede contar en cuatro escenas. La primera fue en octubre del año pasado, cuando el entonces ministro de Hacienda, José Antonio Ocampo, envió un mensaje que parecía inequívoco: “Lo que sí es claro es que tiene que cumplir la regla fiscal”. La segunda escena ocurrió en mayo de este año, cuando el recién posesionado nuevo ministro de Hacienda, Ricardo Bonilla, reiteró de manera contundente: “Nos comprometemos a mantener la regla fiscal”. La tercera escena ocurrió hace apenas un par de meses, en septiembre, de nuevo en voz del ministro Bonilla: “Lo que hay es una discusión filosófica de si los contenidos actuales de la regla fiscal son o no son y cuáles serían las expectativas de examinar en el largo plazo lo que hay que hacer ahí, pero no hay proyecto en curso y el Gobierno se ha comprometido a respetar la regla fiscal y así lo seguirá haciendo”. La última escena ocurrió esta semana, cuando el presidente Petro cambió el rumbo: “El pensamiento fundamentalista neoliberal que provoca una estricta fórmula de marco fiscal, de regla fiscal, que el mismo que la construyó la violó, pues no debe mantenerse en el país”. Ante las contradicciones, ¿cómo generar confianza?
La frustración del Gobierno es entendible. La última información dada a conocer por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) es que hubo una caída del producto interno bruto de 0,3 %. Esto se suma a que, pese a meses en los cuales se ha logrado reducir la inflación, el Banco de la República ha mantenido las tasas de interés altas por el riesgo a perder ese logro. La economía colombiana, entonces, está resentida, lo que tiene atado de manos al Gobierno para disponer de un mayor gasto que ayude a reactivarla. Sin embargo, esa es la realidad inevitable de un país que todavía está lidiando con los coletazos de los confinamientos durante la pandemia así como de un mundo en crisis por culpa de la invasión rusa a Ucrania y ahora el estallido entre Israel y Hamás. A todos los presidentes les toca navegar el mar geopolítico que les toque y este es el que le correspondió a la administración Petro.
Entonces, ¿cuál es el lío con la regla fiscal? En palabras sencillas, el Gobierno Petro quiere dejar de emplear tanto dinero en cubrir las responsabilidades de deudas que adquirió el Estado colombiano y fomentar la economía a partir de gasto público. Según el presidente, no pueden hacerlo en la magnitud que desean porque la regla fiscal impone topes para cuidar las finanzas públicas. Esa norma existe para proteger al país de la irresponsabilidad fiscal y el derroche, independientemente de quién ocupe la Casa de Nariño. Es incómoda, por supuesto, pero la disciplina financiera es lo que ha permitido que nuestro país atraiga inversionistas y reciba créditos a tasas aceptables. Ejemplos hay muchos de Estados que se descontrolan y caen en la hiperinflación, como Argentina, y mal que bien Colombia ha podido mantenerse lejos de esos temores.
En últimas, la pregunta de fondo es una de confianza. ¿Por qué invertir en un país donde el Gobierno puede cambiar las reglas de juego cuando lo desee y disponer de la economía a su antojo? Sí, necesitamos medidas anticíclicas, pero se pueden tomar sin romper la regla. El afán no puede acabar con la cautela.
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