Duque es el nuevo saco de boxeo

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Está de moda escribir en contra del presidente de la República. Siempre ha sido así, pero esta vez percibo una sañita perniciosa, obsesiva y, por qué no decirlo: con una gran dosis de sinuosidad y vergajada.

A diario me leo las columnas de opinión que me interesan. A muchos de los y las columnistas no les alcanzan los adjetivos calificativos (o mejor descalificativos) para hablar del presidente.

No seré yo quien dé lecciones de periodismo y menos cordura al escribir columnas de opinión, pues en algunos de mis escritos —que no pocos— no bajé al entonces presidente Álvaro Uribe de mafioso. Inclusive alcancé a decir que Pablo Escobar vivía en Palacio.

Y tal vez por reconocer públicamente mis excesos —de los cuales no me siento absolutamente orgulloso, pero de los que tampoco me arrepiento del todo— es que con cuidado puedo hacer algunas reflexiones. No para mis colegas y amigos pues los respeto, los leo, les aprendo y los admiro, sino para quienes todavía tienen la paciencia de leer la cantidad de pendejadas que llevo escribiendo por más de 20 años.

No me cansaré de decir que si al presidente Iván Duque le va mal, al país le va peor. Claro que en esta administración se han cometido algunos errores, como en todos los gobiernos, pero también hay muchísimos aciertos.

No seré yo quien se convierta en la oficina de prensa de la Casa de Nariño, pero tampoco quiero contribuir con la destrucción del país, como pretenden muchos que anteponen su rabia y sus odios a la pervivencia del país dentro de un sistema democrático.

Tan fácil que es destruir como lo hizo en su momento la clase dirigente venezolana, cuyos partidos se destrozaron abriéndole las puertas a la dictadura que hoy tiene acabada a Venezuela. Esa tragedia que vivimos a diario acá en Colombia con los venezolanos migrantes fue, en parte, también responsabilidad de una prensa rabiosa e irracional en contra de los presidentes de turno en el vecino país.

Ellos, al igual que le está pasando hoy al presidente Duque, fueron agarrados de saco de boxeo y así acabó el país. Quienes critican con saña le están abriendo la puerta a un gobierno de Petro. Colombia no puede darse el lujo de tener un gobierno socialista liderado por Petro. Y no lo digo porque sea de izquierda, pues hay varios con esa tendencia que son sensatos. Lo digo porque Petro es un muy mal ser humano, mitómano y megalómano. La mezcla perfecta para una bomba atómica de grandes proporciones.

Me he vuelto cansón con este tema, pero es que en esta época de redes sociales e inmediatez las cosas hay que repetirlas, aun cuando uno se vuelva mamón. Yo ya lo soy y, hay que decirlo, lo he sido por muchos años y lo seré por los pocos que me quedan.

Tal vez los que destruyen todo tienen un plan B para dejar Colombia; yo pienso morir acá, como lo hicieron mis ancestros. Responsabilidad es lo mínimo que podemos esperar de quienes tienen el privilegio de opinar. ¿Será que sí entienden el daño que hacen?

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