Editorial mezquino

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Editorial mezquino

¿Está en desacuerdo con este editorial? Es la pregunta diaria que hace El Espectador, para permitir que pensamientos distintos se manifiesten. Algunos editoriales sorprenden negativamente, pues quieren condenar procedimientos de algunos actores sociales y políticos, pero a la vez, parecieran ser complacientes con los mismos comportamientos de otras organizaciones sociales. Es el caso del que el sábado 12 de octubre tituló “¿De regreso? No lo permitamos”. Fresca, muy fresca en la retina y memoria de los colombianos estaban las imágenes de los ataques a sedes políticas del Centro Democrático en varias ciudades por parte de grupos de encapuchados, probablemente derivados de las marchas estudiantiles.

Comienza uno a leer el editorial, y de entrada lo encuentra oportuno por la contienda electoral que deberá resolverse en las urnas en dos semanas y los ataques a algunas organizaciones; pero el sinsabor no tarda en aparecer cuando hacen mención solo de los ataques a algunas organizaciones, casualmente todas de tendencia de izquierda, y dejan de lado los que se produjeron contra sedes del Centro Democrático. Da la impresión de que el editorialista quisiera entregar el mensaje — subliminal pero perceptivo— de que justo esos ataques que condena tuvieran origen en el partido de gobierno.

No es serio el editorialista en condenar actuaciones delictuosas dependiendo de la tendencia ideológica que resulte ofendida. Uno entiende que el medio mismo —El Espectador— cuando nació, se inspiró en unos postulados muy propios de la época, y también es entendible que quienes hoy lo regentan, tengan sus propias convicciones ideológicas, sus preferencias por algunos actores de la vida pública en desmedro de otros; pero azuzar de la manera como se hizo en ese editorial es, no solo injusto y mezquino, sino peligroso, y no le queda bien al medio capitalino, trasladar ese sesgo a sus lectores. De un medio tan respetable y querido por los colombianos de bien esperamos mayor cordura, cuando la amenaza a la democracia pareciera tocar la puerta. Condenar sí, pero hacerlo por parejo.

A esas organizaciones mencionadas en el editorial, la sociedad colombiana les debe su aporte, su valentía en proponerse como alternativa de poder, su esfuerzo por estructurar programas de gobierno con la visión ideológica que vienen proclamando hace rato, y no deben callarse los medios para denunciar ataques de todo tipo; pero desconocer que los partidos del régimen, del establecimiento, del gobierno mismo, también tienen lo suyo, es propio del ciego que lo es, por negarse a retirarse la venda de sus ojos.

Vuelve el caso del vaso medio lleno o medio vacío, así que no se puede estar de acuerdo a medias con lo que es la sustancia de un periódico al que se espera con ansias para informarse y conocer otros puntos de vista… ese editorial deja más dudas que otra cosa, y no invita a condenar actos malos o a aplaudir actos buenos, y sí hacerlo dependiendo de quién los promueva, y quienes resulten ser beneficiarios o víctimas.

Otra vez, como muchas veces, respondo: sí, estoy en desacuerdo con ese editorial por la forma en que se estructuró, y así su intención aparentemente tuviera intenciones altruistas, el sesgo y la mezquindad no pudieron tapar.

Norman Mesa Lopera.

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