Así los taxistas en Bogotá se proponen rescatar a los usuarios

La agrupación Taxi Tuning, a la que hoy están afiliados 700 taxistas, lidera campañas culturales para mejorar su servicio. Se distinguen de los demás por sus particulares diseños: rines de colores y puertas que se abren verticalmente.

Taxis Tuning es una agremiación de 700 taxistas que buscan promover la cultura ciudadana entre los conductores para mejorar el servicio. / Óscar Güesguán.
Taxis Tuning es una agremiación de 700 taxistas que buscan promover la cultura ciudadana entre los conductores para mejorar el servicio. / Óscar Güesguán.

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Pocas veces he visto carros cuya puerta se abra verticalmente. Tal vez en las películas de Batman o el Salón del Automóvil de Bogotá. Por eso, ver un taxi con esta tecnología no sólo es curioso sino divertido. Parece que para un pequeño grupo de taxistas de Bogotá, el ingenio y las ganas de cautivar a los clientes no conocen límites, y menos en esta época, en la que deben competir con otros servicios.

En la discusión de Uber y taxis no hay espacio para los grises. Las partes están a la defensiva y son pocos los momentos de reflexión sobre el desafío que significa la nueva plataforma para el transporte público. “Las consecuencias de eso es que olvidamos al actor más importante: al usuario. Él es quien decide qué servicio elige”. Las palabras las repite una y otra vez Francisco Camargo, taxista desde hace más de 10 años y líder de Taxis Tuning, grupo que surgió hace 10 años, originalmente para compartir un gusto por tunear, o decorar los autos, pero que se convirtió en la oportunidad para liderar campañas culturales para cambiar el chip de los conductores.

Los 700 taxistas que hacen parte de Taxis Tuning creen que la única manera de ganarle a lo que llaman la “competencia desleal” de Uber es mejorar su servicio y tener buena relación con los ciudadanos. Por eso no escatiman esfuerzos cuando se trata de decorar sus vehículos o de atender bien a los usuarios. Rechazan los actos violentos de sus compañeros, como los que persiguieron e incineraron un carro particular.

Poco se sabe de ellos, a pesar de ser fáciles de reconocer: sus rines son estrambóticos, casi siempre con colores llamativos, y sus motores parecen consolas de videojuegos. Los autos están impecables, pues todos los días los brillan y los limpian por dentro. Algunos, incluso, lograron que mecánicos colombianos modificaran sus carrocerías. Tienen clubes dentro de la agremiación, con logos creados por ellos y uniformes que los diferencian y que usan en fechas especiales.

“Lo hacemos porque nos gusta, es un hobby, pero también porque llama la atención de los pasajeros. Siempre nos preguntan dónde lo hicimos y con qué objetivo. Admiran el carro, tienen una experiencia diferente. Siempre les respondo lo mismo: mi carro es mi oficina y me gusta sentirme y hacer sentir a gusto al usuario”, dice Alexánder Rodríguez.

Aunque esta estrategia es importante para ellos, ahora sus esfuerzos están encaminados a crear campañas para demostrar que el taxista es el amigo del ciudadano y el embajador de la ciudad.

Camargo cuenta que sus ideas han tocado las puertas de instituciones públicas: “En el Instituto Distrital de Turismo nos capacitaron a 500 conductores para mostrar los espacios más bonitos de la ciudad y tener un nivel de inglés básico, con el que podemos atender a los extranjeros”. También, entre ellos han diseñados estrategias de “reconciliación con el usuario”. El Día Sin Carro en Bogotá regalaron viajes y crearon un decálogo de los errores de los taxistas, que luego mostraron a los ciudadanos como ejercicio de retroalimentación.

Esto lo hacen porque reconocen que hay falencias, como el clásico “¿Para dónde va?”, que tanto molesta al pasajero, o las imprudencias por creerse los dueños de la vía. Sin embargo, dice Álvaro Castiblanco, otro integrante de Taxis Tuning, son actos corregibles. “Podemos aprender a ser más pacientes, más amables y más cuidadosos con el trato hacia los usuarios. A veces no es fácil, porque trasladamos los problemas económicos o familiares y el estrés de aguantar más de ocho horas de trancones y agresividad, pero con estos proyectos estamos cambiando el chip, pues igual estas conductas no se pueden justificar. Queremos que entiendan que los buenos somos más”.

No excusan el maltrato o el mal servicio por los trancones o los altercados en las vías. Para ellos, la paciencia es un requisito que todo buen taxista debe tener. Camargo dice que “por eso no cualquiera puede ser conductor de servicio público” y espera que con el tiempo se profesionalice este oficio. “No podemos escudarnos en lo que nos rodea para no cumplir con nuestra responsabilidad”.

En cuanto a la discusión por las plataformas como Uber y Cabify, si bien no las aceptan, reconocen que sí los han obligado a repensar su trabajo. Por ejemplo, la pertinencia de diferenciar las tarifas dinámicas y estándar, la calificación rigurosa de los conductores o el pago a través de otros medios.

Sin embargo, resaltan una ventaja que no tiene su competencia y que consideran única en el mercado: ellos han sido, durante seis décadas, la memoria de la ciudad. Episodios como el paro por el decreto de Jorge Eliécer Gaitán, quien no les permitió usar ruanas mientras conducían, hasta su lucha hoy por velar por la seguridad de Bogotá han demostrado que tendrán siempre un papel que deberán seguir honrando en esta caótica ciudad.

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