Bachilleres a los 18 y nuevos pregrados de tres años

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Dos temas para mostrar que no estamos dando el debate educativo necesario.

En el debate público tenemos nociones ciertas de las reformas pensional, a la justicia, laboral, política, de los problemas y lo que se necesita en cada ámbito, pero no pasa lo mismo con la educación.

En primer lugar, no pensamos el sector en su conjunto, sino por partes (inicial, preescolar, básica, media, superior). ii) no hemos definido qué esperar de la educación porque no tenemos un proyecto de país caracterizado. iii) la gran mayoría de los líderes políticos cree que la educación es irreformable, lo que contagia a la pequeña tecnocracia del tema.  

Ni una de las consabidas y útiles misiones de estudio ha habido. Los informes de revisión de la OCDE (2012 con Banco Mundial sobre educación superior, y la completa de 2016) y el buen capítulo de la Comisión del Gasto (2017) no entraron a la agenda política. Desinterés. Oídos sordos. Temor. Prejuicio ideológico.

Hoy la comprensión pública de la política de educación está dominada por la demanda de “más financiación”. Sin metas de cobertura y calidad, ni se diga de eficiencia y de pertinencia. Y sin relacionar la financiación entre subsectores.

El que puede organiza marchas y paros para conseguirse unos billones de pesos, sin importar la suerte del subsector que no tiene capacidad de movilización. Los gobiernos, sin agenda reformista y sin narrativa, terminan cediendo no solo la asignación del gasto, sino la responsabilidad de orientar el enorme y complejo impacto de la educación en la sociedad.

Hoy parece necesario acudir a otros términos para luchar por la comprensión pública de la problemática de la educación y sus reformas necesarias. Acudir a cuestiones  estructurales del sistema. Poner en discusión los fundamentos del mismo.

Por ejemplo: ¿a qué edad necesitamos que comiencen los colombianos su educación y a qué edad sería indicado egresarlos como bachilleres, y por qué? ¿Cómo se relaciona esto con la educación superior, y ambas cosas con la equidad y la productividad?

Necesitamos que comiencen preescolar a los 3 años de edad, y la razón más gráfica es que las familias que pueden, y especialmente las ricas o privilegiadas, aseguran eso para sus niños (además de materno, jardín A, jardín B). Luego están los estudios científicos que demuestran que tienen razón.

Hoy la educación “obligatoria y universal” para los colombianos comienza a los 5 años. Si entraran a los tres años a prejardín, terminarían transición a los seis. Harían primaria de 7 a 11 años, la básica secundaria de 12 a 15, y la media (grados 10 y 11) a los 16 y 17 años.  Nuestra falla en términos internacionales es no tener grado 12, pero hay tal deserción en la media que es preciso repensarla primero.

Como algunos lectores recordarán, creo que la oferta del preescolar “obligatorio y universal” integral desde los tres años debe ser mixta, oficial y privada con bonos públicos que les permitan a los hogares escoger. Y que el nivel de preescolar debe tener prevalencia en la financiación, lo que nos llevaría a un esquema distinto del actual para la financiación de la educación superior.  

Pero, ¿por qué estamos sacando bachilleres a los 15 y 16 años?, muchos de los cuales no son genios, ni tienen las competencias mínimas para el trabajo ni para proseguir estudios superiores. Los ricos y bilingües los gradúan de 17 y 18 años volando en habilidades cognitivas y socioemocionales, y al resto los graduamos biches y analfabetas funcionales (y hasta digitales en estos tiempos).  No es normal y les sorprende a todos los observadores internacionales.

Esta discusión vale la pena para la equidad y la productividad. Implica decisiones duras y estratégicas de sociedad.

A las instituciones de educación superior les conviene bachilleres de 18 años mejor preparados y competentes para auto-administrarse (sea con grado 12, o experiencia de servicio militar y/o cívico), que sumados a las tendencias sociales, económicas y tecnológicas que corren facilitarían la oferta de nuevas carreras de tres años (de créditos equivalentes) con mejor inserción laboral, muchas con formación dual (un semestre académico, un semestre de práctica), no de cuatro ni de cincos años, como han acordado en España en una adaptación del “Plan de Bolonia”.

Más del 40% de los empleadores reporta insatisfacción con las competencias de los egresados. Cuatro y cinco años de estudio para tantos estrellones o frustraciones laborales de la juventud, además de la deserción, es un hecho que exige cierta reinvención.

Habría que lidiar con que en las marchas y paros están lejos de estas preocupaciones. Y encontrarían las arengas para oponerse.

@DanielMeraV

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