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Partido Liberal rompe la Unidad Nacional pero promete cumplir con las presidencias del Congreso

Alta tensión en el Capitolio por el desmoronamiento de la coalición de Gobierno. Liberalismo convoca a crear la Unidad por la Paz, mientras Cambio Radical se toma las banderas del oficialismo.

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Las relaciones entre los partidos que integran la Unidad Nacional se han tensado en los últimos días. El revolcón ministerial de la semana pasada fue la chispa que prendió el incendio y el resultado es el fin de la coalición de Gobierno. La consecuencia inmediata fue el anuncio del presidente de Cambio Radical, Carlos Fernando Galán, y el senador de La U, Armando Benedetti, de que de esa manera quedaba desechos los compromisos sobre las presidencias de las corporaciones del Congreso. A lo que responde hoy el Liberalismo que ellos cumplirán lo pactado. Sin embargo, todo indica que no habrá arreglo. (Lea: Se termina de atomizar la Unidad Nacional de Santos en el Congreso)

El portazo lo dio el senador Horacio Serpa, codirector del liberalismo, al renunciar a la coalición de Gobierno con críticas al vicepresidente Germán Vargas. Hoy matiza su posición aclara cuáles serán los principios: “El Partido liberal contribuyó a la elección del Presidente Santos, apoya su gestión y mantendrá relaciones directas con el mandatario y con su gobierno, sin intermediarios”.

Y hace un llamado a rodear el proceso de paz: “el Partido Liberal invita a las colectividades partidistas y a las organizaciones sociales, empresariales y comunitarias, a la conformación de una Gran Alianza por la Paz y la Convivencia”. La carta está firmada por los tres copresidentes de la colectividad y de seguro desatará una dura puja al interior del Congreso.

Así las cosas, el escenario político en el Capitolio Nacional ha cambiado radicalmente. El primer efecto es la nueva lucha por las presidencias de Senado y Cámara para la segunda legislatura, que empezará el 20 de julio, y a pesar de la reculada del liberalismo, no está definido si se honraran los acuerdos y se buscarán nuevas coaliciones.

En el caso en que ocurra lo segundo el Congreso quedaría dividió en tres sectores: “el sector oficialista”, “la bancada de la paz” y el uribismo. Y aunque las apuestas están abiertas ya hay tendencias claras: en el oficialismo quedarán los conservadores, el Partido de la U y Cambio Radical; mientras del otro lado se organizan quienes apoyan la paz pero son críticos al Gobierno, es decir, el Polo Democrático, la Alianza Verde y ahora el Partido Liberal. Y en río revuelto ganancia de pescadores. El Centro Democrático tenderá a tejer acuerdos con los sectores más radicales de cada colectividad.

De esta manera las fuerzas estarían así: los oficialistas sumarían 48 curules en el Senado y 80 en Cámara. Sin duda la bancada mayoritaria. Le seguiría la Unidad por la Paz, con 27 senadores y 48 representantes. Y el Centro Democrático, con sus 20 senadores y 19 representantes podría ganar terreno con los partidos relegados. Opción Ciudadana, por ejemplo, tiene cinco senadores y seis representantes. Quedan las dos curules de Maíz y Aico. En la Cámara quedan 19 curules de los independientes por disputarse.

En términos prácticos esto querría decir que las iniciativas legislativas para implementar los acuerdos de paz tendrían un tránsito libre en el Congreso, pues mantiene el apoyo de las mayorías; el resto de iniciativas serán debatidas fuertemente y los debates de control político se multiplicarán. Ya dio el campanazo el debate de Reficar esta semana. Un escenario que será muy complejo de manejar para el presidente Juan Manuel Santos, quien más que nunca necesita unidad en el Congreso.  

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