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Así se desprende de un informe de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), según el cual el año pasado el sector perdió US$11 mil millones.
Y un claro ejemplo de esta situación es el que está viviendo Japan Airlines (JAL), la sexta aerolínea más grande del mundo, que está al borde de la bancarrota.
El aterrizaje forzoso de JAL, asediada por las pérdidas, es visto por el gobierno japonés y los acreedores como la única salida a su abultada deuda y a su excesivo tamaño en un sector que ya ha sufrido reajustes.
La aerolínea nipona deberá adaptarse a un plan de reflote que incluye la eliminación de más de 10% de sus vuelos internacionales, recorte de un tercio de su plantilla y reducción de 30% en los planes de pensiones de sus empleados.
El documento de IATA señala que, a pesar del incremento en el número de viajeros, el ingreso de las compañías disminuyó debido a que la crisis obligó a las empresas a reducir sus viajes en primera clase.
Sin embargo, la cotización bursátil permitió el incremento de las acciones de las aerolíneas europeas, las cuales alcanzaron 14%, mientras que para las norteamericanas la situación fue distinta.
Lo cierto es que la crisis del sector aéreo sigue en el aire. Primero fueron los atentados de las Torres Gemelas de Nueva York, lo que encareció la operación de las compañías por las medidas de seguridad que se tuvieron que implementar y el costo de los seguros, luego surgieron epidemias, posteriormente vino el incremento desbordado del petróleo y el año pasado la crisis financiera global.
Todos estos elementos han debilitado las finanzas de las compañías a tal punto que en diciembre la aerolínea española Air Comet no voló más.