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Hay escenas que no tendrían por qué repetirse. Poco antes de la medianoche del 13 de mayo de 2003, Tyrone M. Williams, un migrante jamaiquino que residía en Estados Unidos y trabajaba como camionero, aceptó llenar su remolque lechero de 18 ruedas con 74 personas, todas eran migrantes indocumentadas a las que unos traficantes les prometieron llevarlas de México al otro lado de la frontera por varios miles de dólares. Williams recibiría US$7.500 por la operación. Aquella sería una de las noches más aterradoras en Texas.
El plan era que, al pasar el puesto de control fronterizo, unas camionetas estarían esperando a Williams a unos 190 kilómetros al norte de la frontera, pero la Patrulla Fronteriza interceptó los vehículos en un puesto de control, por lo que Williams recibió la orden de seguir hasta Houston, unos 200 kilómetros más de viaje sin paradas. Hacía mucho calor en la madrugada. Unos 78 grados, según los reportes de la prensa local de la época. Sin embargo, Williams nunca encendió la unidad de refrigeración.
El primero en morir por asfixia fue un niño de cinco años, dijeron en el juicio que se le realizó a Williams años más tarde. “Papi, papi, me muero”, dijo antes de fallecer. El resto, entretanto, arañaba las paredes, gritaba pidiendo ayuda, se quitaba la ropa y golpeaba el camión para que su conductor se detuviera, pero fueron ignorados. Apenas si recibieron unas botellas con agua. Cuando Williams paró finalmente en el condado de Victoria, a 190 kilómetros de Houston, ya habían muerto 17 migrantes; dos más murieron en el hospital. Toda la historia sacudió al estado y al país.
“Si hubiera sabido entonces lo que podría ver esa noche, nunca habría estudiado medicina. No hay forma de que puedas olvidar”, le dijo Mary Rose García, una de las trabajadoras de la sala de urgencia que atendió a las víctimas, a la cadena ABC en el aniversario de la tragedia.
Las autoridades prometieron hacer cambios para que una tragedia semejante no se volviera a ver. No obstante, volvió a pasar en 2012, esta vez con 15 víctimas; en 2017, con una decena de muertos; en 2019, con un saldo de seis; en marzo de 2021, con 13 fallecidos, y más tarde en agosto, con un total de 10. En todos los casos hubo docenas de heridos. Y estas son apenas las historias que se conocieron, las que llegaron a los medios.
El lunes pasado volvió a ocurrir, esta vez en San Antonio (Texas). De nuevo los traficantes de personas, también llamados “coyotes”, se olvidaron de todo respeto por la vida humana e hicieron negocio con un grupo de migrantes que, por distintas razones, buscaban llegar a Estados Unidos. Fue casi un centenar de personas hacinadas en un camión; 53 murieron de asfixia por el calor durante la travesía. Sus cuerpos fueron encontrados amontonados. El conductor se hizo pasar por uno de ellos para evitar ser arrestado.
Ahora, la de San Antonio es la mayor tragedia de este tipo registrada en el país. Esto sin contar el accidente de un camión que transportaba migrantes en Chiapas, México, en el que murieron 54 migrantes en 2021 que también buscaban llegar a Texas. Aunque ambos son números impactantes, la magnitud de este problema es mucho peor, pues las autoridades han dicho que las muertes por asfixia en camiones son algo rutinario.
“Les puedo asegurar que sucede más de lo que nos damos cuenta”, le afirmó a la NPR Jerry Robinette, exagente especial encargado para las Investigaciones de Seguridad Nacional en San Antonio, una rama del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas.
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¿Por qué se sigue repitiendo la historia?
Para hablar de lo que ocurrió el pasado lunes en San Antonio había primero que recordar el caso de 2003 en Victoria, pues durante años este fue el más mortífero del listado en el país. También porque fue un caso que vino inmediatamente después del gran cambio de seguridad nacional que tuvo Estados Unidos a raíz de los ataques del 11-S. Las fronteras se volvieron más estrictas y esto empujaba a las personas que querían migrar a tomar vías alternas y cada vez más salvajes.
Observando con preocupación las muertes de migrantes, las autoridades prometieron hacer algo para detenerlas, pero el enfoque siempre ha sido el mismo: más seguridad. Con esta estrategia, parece que lo único que ha evolucionado en gran medida son los métodos que usan tanto “coyotes” como fuerzas del orden para ejecutar sus operaciones. Cada vez más son sofisticados: la Patrulla Fronteriza ahora usa sistemas de rayos X para el tren de aterrizaje de los camiones. Los “coyotes”, por su lado, clonan las identificaciones de operadores reconocidos para no levantar sospechas y poder atravesar el control. Este fue el caso de la tragedia de esta semana.
Con tantos controles, los viajes ya no comienzan en México, antes del punto fronterizo. Roger Enríquez, profesor asociado de la Universidad de Texas en San Antonio, consultado por la NPR, explica que las personas migrantes son guiadas a un punto no muy lejano del puesto fronterizo donde son recogidos por un remolque que los lleva hasta una ciudad grande -como San Antonio-, desde donde los migrantes siguen su ruta en camionetas más pequeñas, como vans, mientras son resguardados en casas de seguridad. Esto es lo que parece haber ocurrido con el camión del fin de semana. Los migrantes habrían sido cargados del lado estadounidense, cerca de la ciudad de Ladero.
Texas, al tener tantas ciudades principales y ser un punto de distribución de mercancía, es un lugar propicio para que las bandas criminales monten sus redes de tráfico.
Las declaraciones del gobernador de Texas, Greg Abbott, un férreo opositor a la migración, dejaron ver esta semana que la estrategia para enfrentar el problema es la misma: prometió más puntos de control de camiones, nuevos equipos capacitados para detectar camiones clonados, fortalecer las áreas con mayores cruces y más drones en el aire, todo bajo la supervisión del Departamento de Seguridad Pública.
Aaron Reichlin-Melnick, director de políticas del Consejo Estadounidense de Inmigración, temía que una tragedia así ocurriera desde hace meses. Tras los primeros reportes escribió en su Twitter que “con la frontera tan cerrada como lo está hoy para los migrantes de México, Guatemala, Honduras y El Salvador, las personas han sido empujadas a rutas cada vez más peligrosas”.
“La realidad es que estos migrantes toman estas vías porque no hay ninguna otra manera de poder entrar a Estados Unidos legalmente. No tienen opciones. En realidad, políticas como el Título 42 de la era Trump, que expulsaba rápidamente a los migrantes en la frontera sin un proceso. Esto deja a estas personas intentando cruzar una y otra vez sin ser detectados. Desafortunadamente, cada vez que cruzan la frontera y exponen sus vidas hay una posibilidad de una tragedia”, explicó el experto a la PBS.
Las políticas antiinmigración y los controles reforzados, según el planteamiento de Reichlin-Melnick y otros expertos, son las que más ponen en riesgo a los migrantes: hacen las rutas más peligrosas y elevan los precios de los traficantes por las mismas características que adquiere el trayecto. La única manera de prevenir una nueva tragedia de este tipo parece ser un trabajo dedicado para fortalecer y facilitar la migración regular, con el objetivo de que cada vez menos migrantes expongan sus vidas. De todas maneras, ya han demostrado que están dispuestos a hacerlo.
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Los gobiernos de todo el continente ya no pueden pensar en una solución a corto plazo para este problema, como las que ejecutará el gobernador Abbott. Se necesita visión a largo plazo e integral con todos los gobiernos nacionales y estatales, como explica Andrew Rudman, director del Instituto México del Centro Wilson con sede en Washington D.C.
“Si decides que lo mejor que puedes hacer por tu familia es subirte a un camión con otras 50 personas, las cosas están bastante mal”, le manifestó Rudman a Vox.
Solo en mayo, la Patrulla Fronteriza encontró más de 230.000 migrantes intentando cruzar la frontera a través de rutas irregulares y se han registrado más de 600 muertes. Migrar a EE. UU. es cada vez más difícil desde 2020, incluso para quienes buscan asilo o son refugiados, y aunque el presidente Joe Biden ha prometido revertir esta situación, los cambios no se han visto.
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