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Fracasos

Fernando Araújo Vélez
10 de septiembre de 2011 – 06:00 p. m.

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Su última cita con el psicoanalista comenzó, como todos los jueves, a las cinco de la tarde en punto. La casona era la de siempre, y la música, una especie de homenaje que el doctor Lecuona le rendía a Sigmund Freud por medio de Gustav Mahler, a quien había curado en una sola tarde de sesión, como él solía decir. Don Ernesto no percibió nada extraño.

Timbró, saludó a la señora que le abrió la puerta, se sentó en una sala de espera, hojeó una revista y a la hora indicada tocó en el vidrio esmerilado del gabinete del doctor para anunciarse.

Él mismo le abrió, como de costumbre. Lo invitó a seguir, a sentarse, tomó su libreta de apuntes y anotó la fecha, 2 de septiembre de 2011. Luego transcurrieron uno y mil silencios. Don Ernesto no tenía deseos de contar, una vez más, cualquier suceso que sería interpretado como neurosis, desplazamiento o represión. Lecuona garabateó otro silencio y mató una mosca al vuelo.

Luego buscó un par de hojas y se las entregó a su paciente. “Léalas, por favor”, le pidió. Las hojas eran la historia, la última historia de Marilyn Monroe en Londres, a donde llegó a rodar una película y se sumió en una profunda depresión. Su psicóloga, Marianne Kris, le sugirió que buscara a Anna Freud, la hija de Freud. Era el mes de agosto de 1956. La doctora Freud recibió a Marilyn Monroe y la ubicó frente a ella, en una inmensa mesa. Le dio unas canicas y la instó a que jugara. Al final de la sesión, sentenció que la actriz tenía “Deseos de un contacto sexual”. Luego anotó en una ficha que su “invitada” padecía de inestabilidad emocional, impulsividad exagerada, necesidad constante de aprobación exterior, tendencia a las depresiones en caso de rechazo, que era paranoica con brotes de esquizofrenia y no toleraba la soledad.

Un año más tarde, John Huston contactó a Jean Paul Sartre para que escribiera el guión de una posible película sobre Freud, cuya protagonista fuera Marilyn Monroe. Sartre le envió 500 páginas. El proyecto fracasó, como fracasaron los intentos de Marilyn Monroe por ser feliz. En total, dirían, asistió a 47 sesiones de terapia con Kris, y después se vio en otras tantas con el doctor Ralph Greenson, con quien habló por teléfono horas antes de suicidarse, el 4 de agosto de 1962.

“Fracasos y fracasos, ¿no?”, dijo don Ernesto al terminar su lectura. “Como los nuestros”, le respondió el doctor Lecuona después de haber matado una mosca más.

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas. fernando.araujo.velez@gmail.com
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