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¿Usted se imagina que un japonés viniera al país y llegara a ser director del Grupo Niche? ¿O que un noruego venga, participe y llegue a ser rey vallenato? Aunque posible, un evento de esos tiene una bajísima probabilidad de ocurrencia, ¿verdad? Bueno, un colombiano, Andrés Orozco Estrada, ha realizado algo semejante al llegar a ser director principal de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Fráncfort y director musical de la Orquesta Sinfónica de Houston y, a partir de la temporada 2010-21, ha sido nombrado director de la Orquesta Sinfónica de Viena, la misma que dirigió Herbert von Karajan entre 1948 y 1960. Este es un logro sin precedentes, quizás el más importante triunfo jamás alcanzado por un colombiano en el exterior.
Se dirá que no, que el Premio Nobel de Literatura de García Márquez o el triunfo de Egan Bernal en el Tour de Francia son, hasta ahora, los mayores logros. Por supuesto, son hechos extraordinarios, pero lo que ha hecho Orozco no tiene parangón. Porque, después de todo, en Colombia miles de jóvenes practican el ciclismo diariamente y, por la ley de los grandes números, tarde o temprano algunos de ellos debían ganar las más importantes competencias del mundo. La probabilidad de que un colombiano gane el Nobel de Literatura es, por supuesto, menor de que otro gane el Tour de Francia, porque el número de escritores colombianos es mucho menor que los que practican el ciclismo y porque la competencia entre los escritores de todo el mundo es brutal, quizá algo atenuada porque cada año se decide dar el Nobel a un escritor de determinada lengua.
Creo que lo logrado por Orozco Estrada es tan difícil como ganar el Nobel de Literatura, quizás aún más difícil, porque la música de Mozart o la de Stravinski son una sola, no hay que traducirla a ningún idioma y por lo tanto la competencia es más grande. Pero también porque la cultura y la enseñanza de la música clásica en nuestro país es escasísima, mientras en Europa y en los Estados Unidos los estudiantes aprenden a leer el pentagrama casi al tiempo que aprenden a leer y a escribir y, así, no es raro que hasta los colegios de las áreas rurales tengan orquestas. En las ciudades europeas, como Berlín o San Petersburgo, la música clásica está en todas partes, en los parques, las iglesias y los teatros. Hay muchas orquestas, sí, pero la competencia para llegar a las mejores es fenomenal, porque, además, está abierta a músicos de todo el mundo, otra muestra del grado de madurez y desarrollo de esos países.
En su página web (Orozco-estrada.com) vemos que el maestro Orozco ha sido invitado a dirigir las mejores orquestas del mundo, incluyendo la Orquesta Nacional de Francia, la Filarmónica de Berlín y la Filarmónica de la misma Viena, a la que conducirá en noviembre en su gira asiática. Todos los colombianos debemos estar muy orgullos de sus triunfos, como deben estarlo sus primeros maestros, Cecilia Espinosa y Alejandro Posada, y sus profesores en la Red de Escuelas de Música de Medellín y en la Universidad Javeriana. Además de su talento innato, la carrera de Andrés Orozco Estrada es una muestra palpable de lo que es posible alcanzar con esfuerzo y dedicación. Es un campeón y un paradigma, especialmente para todos los jóvenes de nuestro país.