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Jan Paul Schutten observa con sigilo su entorno. Su rostro permanece inmóvil y sus palabras son precisas, no hay una sola expresión que sobre. A primera vista cuesta creer que aquel hombre apaciguado de casi 180 centímetros de altura sea el mismo que pone el humor y la diversión como pilares de su narrativa, como objetivos que se traza para que los niños sientan cercanía e interés por sus relatos, por sus cuentos basados en la física cuántica y en el arte barroco en Europa.
La idea original de La niña del vestido dorado surgió por una petición del Rijksmuseum, lugar en el que reposa La ronda de la noche, obra creada por el pintor holandés Rembrandt entre 1640 y 1642, que retrata a miembros de la milicia de la época. El libro, que cuenta con ilustraciones de Martijn van der Linden, resulta ser un complemento que invita a los niños a reconocer otras perspectivas de una obra insignia del barroco y de la historia del arte en Holanda.
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“La finalidad de la historia era que contara un poco sobre los aspectos y la composición del cuadro, elementos que ayudaran a pensar de otra manera la obra de arte y que a su vez despertara preguntas sobre el mismo, sobre los colores de la pintura, sobre las elecciones de Rembrandt. El objetivo era que, tras leer la historia y ver el cuadro, las personas obtuvieran mayor información sobre el contexto y la creación de la pintura”, afirma el autor holandés.
Muchos libros de literatura infantil contienen una moraleja y una enseñanza que tiende a la ética del ser humano. Este libro contiene, de hecho, una reflexión al final del relato. ¿Cómo el autor asume y se enfrenta a esa responsabilidad implícita de dejar en los niños esa enseñanza que puede quedarse para toda su vida?
No me gusta dejar una carta muy directa con moralejas. Solo una vez lo hice en un libro que escribí sobre el cuerpo humano (La respuesta eres tú y tus billones de habitantes), en el que les decía explícitamente a los niños que no fumaran. Si tan solo uno de los niños que lee este libro no fuma por haber entendido este mensaje, pues ya salvé una vida. Ese ha sido el único caso en el que he querido dejar una enseñanza. En este libro de La niña del vestido dorado puede tratarse más de un tema de empoderamiento de las niñas, de la mujer, porque justamente trata de una obra de arte que está compuesta por hombres y una niña aparece sola en la mitad y en un primer plano.
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¿Por qué escribir literatura de no ficción para niños?
Escribo no ficción porque me considero una persona curiosa. Tengo muchas preguntas sobre el universo, mecánica cuántica, la evolución de la especie humana. Todos estos temas me llevan a querer escribir sobre no ficción. Ya en el caso de la literatura de no ficción para niños pienso que ellos no quieren saberlo todo necesariamente, pero sí se interesan por aquello que les puede resultar más divertido y, a la vez, despertarle un interés particular, y eso es lo a mí me mueve también para escribir.