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Carlos Eduardo Vargas Rubiano 1920-2011: un quijote boyacense

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Ha fallecido en Bogotá este personaje inolvidable, perteneciente a una estirpe excepcional boyacense – santandereana.

Conocí a Carlos Eduardo en su casa de Chapinero, el día de su cumpleaños en 1968. En compañía de sus hermanos Gonzalo, Hernando, Alfonso y María Helena, sus cuñadas y un grupo reducido de sus familiares, disfruté el almuerzo y la tertulia posterior en que, especialmente los Vargas Rubiano, contaron anécdotas de su niñez, juventud y vida matrimonial, riéndose unos de otros de sus pilatunas y disfrutando del humor que habían aprendido de sus padres, desde pequeños, en Tunja.

Han pasado 43 años de esa tarde y son múltiples las anécdotas y ocurrencias que, en diversas instancias, hacen parte de la memoria familiar. Por el trato que tuve con él, pude observar su papel como hijo, padre, esposo, hermano, abuelo y suegro; nunca tuvimos una discrepancia sustantiva. Era un hombre de concordia, que amó a su familia, a Boyacá y a Colombia con sencillez, profundidad y vocación de servicio. Quien lea su libro, escrito en la madurez: Memorias con mi acordeón, podrá conocer el trato, reuniones y anécdotas donde alternó con personalidades de diversas orientaciones políticas y responsabilidades nacionales e internacionales. Su comunicación era directa, descomplicada y cordial. En reuniones organizadas por él, se esmeró -de manera natural- en que el ambiente fuera alegre, distensionado y propicio al saludable esparcimiento; nunca fue un hombre de furruscas o altercados.

Durante más de 25 años, consagró su original capacidad como relacionista público al servicio de la primera empresa que, habiéndose constituido formalmente en el primer gobierno de Alberto Lleras (1945), se adelantó para concretar efectivamente el proceso integracionista entre Colombia, Venezuela y Ecuador. La Flota Mercante Grancolombiana fue obra de visionarios que supieron definir el ideal bolivariano. En esta Institución desplegó Carlos Eduardo su excepcional capacidad histriónica y su natural facilidad para acercar personalidades que debían actuar mancomunadamente y con espíritu democrático. ¿Por qué y cómo se desintegró la Flota? Es una respuesta que me gustaría conocer por parte de los responsables de su liquidación. Lo que me consta es que fue una empresa excepcional donde sus tres principales impulsores colombianos: Alfonso López Pumarejo, Alberto Lleras Camargo y Álvaro Díaz, pensaron y actuaron en grande por la integración efectiva suramericana.

Una de las especificidades de la labor de Carlos Eduardo, es que fue el prototipo de lo que en su tiempo se llamaba un relacionista, que combinaba su labor con las actividades de líder cívico y periodista. Por su vocación y trabajo, fue Director Ejecutivo del Programa del Sesquicentenario de la Batalla de Boyacá; perteneció a las juntas directivas de la Sociedad Colombiana de Relaciones Públicas; de la Sociedad Santanderista de Colombia; de la Fundación Altares de la Patria; del Instituto de Desarrollo de Boyacá; de la Corporación Nacional de Turismo; de Holasa S.A., y miembro fundador de la Fundación para la Conservación y Restauración del Patrimonio Cultural del Banco de la República.
 
Capítulo aparte de mi relación con Carlos Eduardo lo constituyó la designación que me hizo como secretario privado de la Gobernación de Boyacá, el 4 de julio de 1987. Como profesor titular de carrera de la Escuela Superior de Administración Pública, pedí licencia no remunerada y realicé el empalme con el justo y probo gobernador Álvaro González Santana y el cuerpo de funcionarios directivos. Bella e inolvidable experiencia: poner a prueba mi conocimiento teórico-práctico de lo público y contribuir con eficiencia y eficacia al éxito del gobernador y nuestra democracia. 

En efecto, bajo la dirección del gobernador Vargas Rubiano se lograron magníficas relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo. Los políticos profesionales de la Asamblea creyeron en él y se pudo avanzar. Se logró de la Asamblea una Ordenanza para captar hasta 2.500 millones, cuya ejecución se debía realizar coordinadamente entre el Departamento Nacional de Planeación y Ecopetrol, garantizando su uso honesto a través del Fondo Financiero de Desarrollo Urbano. Con la colaboración del Banco Central Hipotecario se tuvo asesoría para ejecutar técnicamente el programa de acueductos.

Así mismo, se logró un trabajo de coordinación inter e intra institucional para que las entidades públicas actuaran cumpliendo cada una con sus objetivos. En relación con el Programa Nacional de Rehabilitación (PNR), Boyacá realizó una gestión excepcional, tanto en el Occidente como en Cubará. Complementariamente se fortaleció, a través de su Comité Técnico, el Corpes Centro-Oriental, para consolidar la labor de Huila, Tolima, Cundinamarca, Boyacá y los Santanderes. Por iniciativa departamental se contó con la presencia y los aportes de los directores o gerentes de la CAR, el HIMAT, el INDERENA, COLCULTURA, PROEXPO y TELECOM. Con la cooperación de COLCULTURA se logró el apoyo al ICBA y se recibieron beneficios de los Talleres de Restauración móviles. La CAJA AGRARIA, TELECOM, el INDERENA y la CAR fueron fortalecidas institucionalmente. Con la labor específica del médico Germán Ortiz, se amplió el Servicio de Salud, se realizaron exitosas jornadas de vacunación y se formularon propuestas para racionalizar administrativamente el manejo de la Licorera. La Beneficencia fue reforzada para mejorar su imagen sólida ante la población; y se impulsaron avances tecnológicos en el ITBOY. Los Cabildos Abiertos, presididos por el gobernador, impulsaron la labor gubernamental en las distintas provincias del departamento. Así mismo, se promovió el convenio FAO-Departamento para el proyecto Betéitiva. Políticamente, Carlos Eduardo contó con el poyo de los dos partidos políticos tradicionales y sus dirigentes sabían que su labor estaba dirigida a beneficiar la totalidad del departamento, sin sectarismos.

El proceso de salida de muchos gobernadores de Boyacá iba acompañado -usualmente- de múltiples denuncias. No olvido que el día de su posesión mencionó que, al terminar su gestión, deseaba salir del Palacio de la Torrre recordando al Magistrado que le había dado posesión a su bisabuelo David Torres Solano: “Quiera el cielo que al fin de vuestro mandato gubernamental, el pueblo os contemple mas grande bajando del poder, que subiendo a él”. Para la historia, qué grato anotar que pudo cumplir con su anhelo. El periodista Gustavo Núñez Valero, en artículo especial para el periódico La Tierra, sostuvo con precisión: “Poco tiempo pero bien aprovechado”. Fui testigo del afecto y del respeto que le brindaron los boyacenses como exgobernador.

Ha terminado su peregrinar este inusual Quijote Boyacense que consagró lo mejor de su experiencia, conexiones, capacidad y afectos, al servicio del departamento y de la Nación. Como funcionario, no permitió que los politiqueros y chanchulleros se enriquecieran a costa del departamento. Él demostró que, en medio de tanta descomposición histórica en Boyacá, era posible gobernar éticamente, así como se lo habían enseñado su padre, Uribe Uribe, Gaitán, Alberto Lleras Camargo y Carlos Lleras Restrepo. Carlos Eduardo “murió pobre, pero vivió rico”. Acompañado de su irreemplazable Marina, sus hijos y nietos; usando su acordeón para unir, en torno a los aires de su “tierra boyacense idolatrada”, a aquellos que gozamos de su afecto y compañía. ¡Bella existencia de un colombiano que amó la democracia y respetó al Partido Liberal!

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