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De total acuerdo con el artículo «Uribe y las teorías conspiratorias», de Klaus Ziegler, (El Espectador, agosto 25 de 2011).
Nada esclarecedor, nada probado dentro de las argumentaciones del único expositor, durante casi cinco horas de ideas prefabricadas por quien se convirtió en “víctima” de una organización de “venganza criminal” constituida por la Honorable Corte Suprema de Justicia, la Fiscalía General, terroristas y opositores políticos.
Versión de libre despacho ante la Comisión de Acusación de la Cámara de Representantes, que no goza de prestigio por carecer de idoneidad judicial. Legislan para sus intereses personales como en el inmoral proyecto para alcanzar la inmunidad parlamentaria. Los miembros deberían declararse impedidos por ser a su exjefe político al que interrogan. Además de ser copartidarios convertidos en jueces.
Identificado con el planteamiento de que el país debe pasar la página y que el expresidente deje gobernar. Empero, para llegar a ello se necesita una verdadera justicia donde el acusado responda a un amplio y serio acervo probatorio, con testimonios; y no se pueda responder con insolencias como “siguiente pregunta”. Unos medios de comunicación transparentes y una sociedad responsable, exigente, y unidos cerrar la oportunidad a los actores de crear guiones para películas de ficción que titulan a su interés, por ejemplo “venganza criminal”. La mala hora del expresidente apenas empieza.
Ómar L. Muriel Arango. Medellín.
¿Un periódico?
Hay días en que me pregunto si El Espectador es un periódico. Porque no es como cualquiera, sorprende con temas que uno pensaría que no están en la mente de quien piensa en vender. Ese pensamiento se me activó luego de leer la profunda entrevista con el padre Francisco de Roux, presentada como lo que valoramos los colombianos. En cualquier otro periódico la entrevista le preguntaría por el presidente Uribe, que nada lo quiere, o su posición sobre el aborto y el matrimonio de homosexuales y el celibato: un par de preguntas y salimos del problema. Esta no se quedó en lo episódico —que es a lo que nos tienen acostumbrados los medios— sino dejó que el personaje reflexionara sobre un tema tan crucial para este país complejo y rudo como es el de los valores. Y se complementa con otros textos alrededor del mismo tema, lo que me lleva a pensar que El Espectador no es un periódico que se lee para informarse de cosas, sino que es un centro de pensamiento para que este país pueda llegar a un desarrollo muy diferente del que está planteado. Si el Gobierno busca locomotoras, la que ustedes manejan debería impulsar la del conocimiento. Gracias.
Federico Cárdenas. Manizales.
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