El esperpento

Santiago Montenegro
09 de septiembre de 2019 – 12:00 a. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Si les hubiesen dicho a los planificadores urbanos “háganlo mal”, seguramente no hubiera quedado tan mal como quedó. Me refiero al esperpento de la calle 80 de la capital, cuando llega al río Bogotá. Hay que investigar a quienes decidieron que los carriles centrales que van de oriente a occidente no debían continuar derecho para cruzar el puente sobre el río, sino que, justo al llegar a ese punto, debían convertirse en una U, retornando hacia el oriente. De esa forma, quienes quieren continuar hacia el occidente para alcanzar la vía Cota-Funza, o para seguir por la que se convierte en la salida a Medellín, deben salir hacia las calzadas paralelas, para encontrar inmediatamente no uno sino dos semáforos consecutivos, justo antes del puente sobre el río. Por esta razón, si usted no sale de Bogotá muy tarde en la noche o si no madruga, digamos un sábado a las seis de la mañana, tiene que enfrentar un trancón que debería ingresar a la brevedad al libro de récords Guinness como el trancón más grande e innecesario del mundo, si es que ya no está allí.

Esta desvergüenza se presenta en una ciudad que solo cuenta con dos salidas hacia el occidente: la calle 80 y la calle 13, otra pesadilla sobre la cual no quiero acordarme.

¿Cómo es posible que se haya diseñado y construido semejante adefesio? ¿Cómo es posible que no se haya hecho nada por remediarlo? Es increíble la paciencia que tenemos los conductores y usuarios de esa vía. Porque no son solo los trancones en puntos como este, es también el incumplimiento de protocolos de conducción, especialmente de las motos y bicicletas, así como la ausencia de unos principios básicos que guíen y normen la construcción de las vías y carreteras. En Colombia no se hace cumplir el artículo 94 del Código de Tránsito, que regula y fija los estándares para conducir a las motocicletas y a las bicicletas. Según dicho código, las motos y las bicicletas deben comportarse como si fuesen automóviles, lo que implica, entre otras cosas, que no pueden adelantar entre el espacio que dejan dos carros o por el campo que existe entre un carro y una berma. Además, las bicicletas tienen la obligación de contar con luces, incluyendo un bombillo al frente y otro atrás, cuando se conduce en la noche. Tampoco sobra decir que las motocicletas deberían pagar peaje en las carreteras, como en otros países. Como estos protocolos no se exigen, no sorprende el número de accidentes, heridos y muertes en nuestras calles y carreteras.

También desconcierta la progresiva invasión de restaurantes, talleres, bodegas y otras construcciones en espacios que deberían estar libres en ambos costados de nuestras carreteras. En Chile, por ejemplo, en las autopistas de primer nivel no se puede construir una edificación o un espacio de parqueo a menos de 15 metros a cada lado de la vía. Acá, por el contrario, se construyen restaurantes y almacenes a pocos metros de la vía y los automóviles se parquean sobre la berma y muchas veces invaden incluso las calzadas. Como dice el Chapulín, ¿quién va a defendernos? Ministra Ángela María, ¿nos da una mano? Alcalde Enrique, ¿alcanza a hacer algo para arreglar lo de la 80? Juan Martín, ¿nos puedes tú ayudar? Pero, finalmente, queda la inquietud: ¿quién fue el que diseñó el esperpento de la calle 80?

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido