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Es miércoles, día de El Espectador le explica. ¿Qué son los aranceles y por qué todas las noticias están girando con esa palabra como protagonista? ¿Por qué el presidente de Estados Unidos, el país que siempre ha tenido en su discurso el libre mercado, parece estar labrando el camino del proteccionismo? ¿Qué puede pasar con China, la otra gran potencia, catalogada como la fábrica del mundo, en medio de toda esta disputa comercial global? ¿Qué papel juega Colombia y qué podría pasar con nuestra economía? ¿Qué oportunidades podrían tener los emprendedores nacionales justo cuando esta guerra comercial apenas está comenzando? Pues de eso se trata este boletín, un resumen con la mayoría de los contenidos que hemos publicado en El Espectador al respecto y con los que vamos a responder todas estas y otras preguntas. Pero antes de seguir, las dos noticias más recientes de este miércoles fueron: Trump impone aranceles del 125 % a productos chinos y minutos después, Trump pausó por 90 días los aranceles recíprocos. Ahora sí, comencemos.
Esta conversación hasta ahora se está iniciando y se entiende mejor con ejemplos, así que vayamos al comienzo. ¿Qué son los aranceles? Se trata de un impuesto que cobra un país por permitir la entrada de algún tipo de bien (terminado o como materia prima) a su territorio. Por ejemplo, supongamos que el país A le cobra al país B un 10% por la entrada del acero. ¿Por qué le cobra ese, digamos, peaje? Puede ser por varias razones, pero en las principales está, por ejemplo, que el país A tiene una fuerte industria local de acero que genera miles de empleos y mueve una porción importante de la economía, así que, si los constructores de casas y apartamentos quieren usar un acero importado para hacer sus viviendas, deben asumir ese costo adicional del 10%. El objetivo, entonces, del país A, es que los constructores locales compren local, así se protege a esa industria y sus empleos, pero no les cierran las puertas a los demás productores globales. Digamos que se mantiene la puerta abierta, pero quien la quiera cruzar debe pagar ese peaje.
Otra razón, por ejemplo, es la adquisición de una buena tajada de impuestos. Supongamos que el país A tiene una economía en crecimiento con potencial de compra alta. Es decir, cada vez más personas con alto ingresos que pueden comprar cosas caras. Ese país, viendo la posibilidad de recaudar un nuevo impuesto que le genere ingresos focalizados, impone aranceles a los bienes de lujo, como por ejemplo los carros muy costosos. Hablemos de un 15%. Entonces si una persona quiere comprar ese bien de lujo, como ese carro que solo fabrican en Italia, Alemania o Inglaterra, sabe que debe pagar un impuesto adicional. Un valor adicional el precio del carro. Si esa persona adinerada sigue empeñada en tener ese carro de lujo, terminará pagando ese impuesto adicional al precio del carro de un 15 %.
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Entonces, con estos dos ejemplos, el del acero y el del carro, es que se pueden entender los llamados aranceles proteccionistas y los aranceles fiscales. Los que se aplican en el caso del acero buscan proteger la industria local del país. Son proteccionistas. Los que aplican para el caso de los carros de lujo están enfocados en operaciones comerciales. Son fiscales. Así que, con esto claro, vamos hacia el por qué casi en todas las mesas de conversación se está hablando de aranceles, aunque parezca un asunto lejano y solo de las personas que estudiaron comercio internacional, pero que al final sí nos toca a todos y todas.
Resulta que el nuevo presidente de Estados Unidos, Donal Trump, desde tiempos de campaña, anunció que venía con una mirada distinta sobre la política comercial internacional de su país con el objetivo de hacer más fuerte a su economía y, de paso, cumplir con su máxima de “Hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande”. La agencia Bloomberg, especializada en información económica, terminaba el 2024 con esta descripción a un titular que ya hablaba de lo que se nos venía (casi que al mundo entero): “Trump causa incertidumbre comercial para 2025”. “El autoproclamado hombre de los aranceles regresa al cargo el 20 de enero y ha pasado las semanas previas a las elecciones amenazando a México, Canadá, China y la Unión Europea con aranceles más altos sobre las importaciones”.
En enero la conversación estaba encendiendo motores y las promesas ya iban tomando forma, mientras otros líderes iban analizando y tratando de entender lo que pasaba y cómo los afectaba. También ese mes fue el encontronazo entre Donald Trump y Gustavo Petro, provocada por el tema de deportaciones, pero que fue escalando a temas comerciales que contemplaba aranceles del 25 % (incluso se llegó a hablar del 50 %):
Economía
Trump invitó a los empresarios reunidos en Davos a “producir en EE. UU.”
Mundo
Trump revoca visas de funcionarios e impone aranceles a Colombia: escala la tensión
Economía
¿Qué implican los aranceles que Trump le pondrá a las exportaciones colombianas?
Economía
¿Qué productos exporta Colombia hacia Estados Unidos?

La que prometía ser, desde el 2024, la carta de conversación global estaba más que puesta en el partidor de este 2025. Y por aquí, en Colombia, los expertos en comercio exterior iban decantando lo que se venía, pues en los análisis más básicos resultaba sencillo decir que lo que debía hacer Colombia era reemplazar el mercado de Estados Unidos por otro u otros, pero en plata blanca, eso toma años y no se logra de un día para otro. Por ejemplo, Javier Díaz, presidente de Analdex, era más que directo y realista: “No es viable reemplazar el mercado de Estados Unidos por China”.
Y, ¿por qué no? Aquí va un adelanto de esa entrevista que está completa en este enlace: “Lo que se vende en Estados Unidos no es lo que vamos a vender en China. Mire cómo lo han hecho Chile y Perú, que han desarrollado una oferta agrícola específica para Asia-Pacífico y hoy le venden más a ellos que a Estados Unidos. Ha sido un proceso que incluyó la definición de una política agropecuaria para tener una canasta exportadora orientada a la demanda de ese mercado. No es lo que vendemos en Estados Unidos, es lo que consume Asia-Pacífico. El tema agrícola resulta fundamental, pero nosotros ni siquiera hemos definido la seguridad jurídica alrededor de la tenencia de la tierra para poder desarrollar proyectos agroindustriales”, aseguró el líder gremial a El Espectador.
“Estados Unidos representa el 30 % de las exportaciones colombianas”
Javier Díaz, presidente de Analdex

La situación entre Estados Unidos y Colombia, manejada por la vía diplomática, bajó la temperatura y finalmente no se concretaron las amenazas comerciales. Así que los binoculares estaban apuntando a lo que pasaría con China, Canadá y México. Economía muy grandes en pujas comerciales de impresionantes dimensiones. Pero, en medio de todo ese pulso de titanes, ¿qué había para los empresarios colombianos? Se trataba de ir analizando oportunidades y posibilidades. Si Trump, para ese instante -primero de febrero de 2025- decidía imponer aranceles a esas tres economías, a los empresarios colombianos, de acuerdo con AmCham, se les abría oportunidad en “144 partidas con ventaja comparativa revelada (VCR) frente a China, 43 frente a Canadá y 37 frente a México”. Como dice el viejo adagio de los negocios: “mientras unos lloran otros venden pañuelos”. De acuerdo con María Claudia Lacouture, presidenta de AmCham Colombia, los productos con oportunidad pertenecen a sectores como agroindustria, textiles, manufacturas, productos químicos, plásticos y bienes de valor agregado, contaban los colegas de la redacción de Economía. Todos esos detalles aparecen en este texto.
El 2 de febrero se hizo oficial: Trump lanza la guerra comercial contra Canadá, México y China. “El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, impuso este sábado aranceles aduaneros del 25 % a los productos procedentes de Canadá (con excepción de los hidrocarburos gravados al 10 %), los de México y un 10 % adicional a los ya existentes para los bienes chinos, anunció la Casa Blanca”.
Y entonces la bola de nieve comenzó a crecer:
Mundo
Así reaccionaron México, Canadá y China a los aranceles de Trump
Mundo
Los aranceles de Trump provocan unidad en México y Canadá, ¿durará?
Mundo
Las consecuencias de los aranceles de Trump: inflación y tensiones en el comercio
Mundo
Trump dice que “valdrá la pena” una guerra comercial por defender a EE. UU.

Un día había pasado y tras una llamada entre el presidente de Estados Unidos y la presidenta de México, dichos aranceles quedaron en pausa. Los dos “llegaron a acuerdos en materia de seguridad para desescalar las tensiones económicas”. Luego, la noticia fue que EE. UU. también suspendía los aranceles a Canadá por 30 días, de acuerdo con Justin Trudeau, primer ministro de ese país. ¿Y qué pasaba en el resto del mundo, mientras estas noticias se iban conociendo con cuenta gotas?
Lo escribía Patricia Cohen, en este extenso contenido para The New York Times, publicado el 3 de febrero de 2025: “Si Washington está levantando un muro más alto en torno a su comercio, otras naciones están bajando los suyos. Tan solo en los dos últimos meses, la Unión Europea ha concretado tres nuevos acuerdos comerciales. El bloque, completando unas negociaciones que empezaron hace 25 años, alcanzó en diciembre un importante acuerdo con cuatro países sudamericanos para crear una de las mayores zonas comerciales del mundo, que unirá los mercados con 850 millones de personas. Dos semanas después, la Unión Europea llegó a un acuerdo con Suiza. El mes pasado, el bloque fortaleció los acuerdos comerciales con México. También reanudó las conversaciones, tras un aplazamiento de 13 años, sobre un acuerdo de libre comercio con Malasia”.
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Y, mientras tanto China, ¿qué? “China anunció que impondrá aranceles del 10 % al 15 % a ciertos productos de Estados Unidos a partir del 10 de febrero, después de que entraran en vigor los gravámenes adicionales del 10 % que impuso el presidente estadounidense, Donald Trump, a los productos chinos”, se leía en este contenido de la redacción Mundo y la agencia EFE. El gigante asiático sumo también dos aristas clave: “Pekín también anunció nuevos controles a las exportaciones de minerales clave y lanzó una investigación antimonopolio contra el gigante tecnológico estadounidense Google”. Ya, entrando en el terreno empresarial, además de Google, a la empresa propietaria de Calvin Klein y Tommy Hilfiger también las incluyeron en la “lista negra de investigación en China”. Además, la economía liderada por Xi Jinping llevó a la OMC una queja formal por los aranceles de Trump, sin embargo, desde el 2019 el sistema de resolución de disputas de la OMC está paralizado debido a la falta de jueces en su Órgano de Apelación.
Para este instante el resumen de la guerra comercial se leía así: EE.UU. le imponía a China aranceles aduaneros adicionales del 10% a todos los productos que llegan desde ese país, es decir, se aplicarían a unos US$525.000 millones de bienes chinos. China la respondía con un 15% aplicable a unos US$14.000 millones de bienes estadounidenses. Pero también tocó a Google con una investigación antimonopolio. Con México y Canadá se puso la caja de cambios en reversa, congelaron a medida, y hablaron de un compromiso de esos dos países de hacer “más para atajar el narcotráfico y la migración irregular en sus fronteras”. Europa se mantenía en guardia. Las empresas, ya por cuenta propia, empezaban a sentir la soga en el cuello. Por ejemplo, el grupo Mattel, fabricantes de la marca Barbie, hablaban de aumentar precios, pues muchos de sus componentes vienen de China.
Pero, en el fondo, ¿qué es lo que busca Trump con todo esto? De acuerdo con analistas consultados por agencias internacionales, se trata de tres variables: “Reindustrialización”, “Reducción del déficit comercial” y “Mayor control sobre el comercio internacional”. La primera para elevar la manufactura local y con ello generar empleo; la segunda, porque tan solo 2023, el déficit comercial de EE. UU. superó los $1.1 billones de dólares, siendo China su mayor socio deficitario; y la tercera porque quieren “obligar a otros países a negociar mejores condiciones para EE. UU., especialmente en sectores estratégicos”.
Con el objetivo claro, Estados Unidos fue dando pasos en el camino:
Economía
Trump impone aranceles del 25 % al acero y aluminio importados a EE. UU.
Empresas
Aranceles chinos a los autos estadounidenses afectarán a GM, Ford y Mercedes
Empresas
José Cuervo enfrenta pérdidas millonarias por aranceles de EE. UU.
Economía
Wall Street cierra en rojo debido a la guerra arancelaria de Estados Unidos

Las primeras consecuencias globales se empezaban a sentir. En los mercados, que son los medidores de aceite más cercanos a este tipo de decisiones, sobre todo. Cada empresa fabricante es un caso único para explorar, estudiar y analizar. Están los que compran materia prima en un país, pero fabrican en otro y exportan al resto. Hay compañías que hicieron inversiones millonarias para localizar plantas de producción en ciertos países con el objetivo de ganarse los beneficios de acuerdos comerciales como los TLC. Pero ahora todo está cambiando. Así que, en esta cadena global, los que son más internacionales, precisamente más globalizados, son los que más números rojos ven en su contra. Lo que hasta hace poco era el modelo ideal que enseñan en los MBA’s, el de la optimización de los costos y uso efectivo de las cadenas logísticas, que es una de las bases de la afamada globalización, ya no se ve tan bien en este primer tercio de 2025. En el mapa que está trazando Trump.
Para entender todo esto, un ejemplo: “En México la industria automotriz es la principal rama manufacturera de exportación y su principal destino es EE.UU., impulsando al país como uno de los cuatro principales fabricantes de vehículos en el mundo en los últimos años”. Eso, en cifras, se lee así: 193.907 millones de dólares, el 35 % de todas las exportaciones manufactureras, es el 18 % de todo el PIB manufacturero y 4% del PIB total del país. Un millón de empleos formales directos, y las marcas que más fabrican allí son General Motors, con dos plantas en el país; Ford, también con dos fábricas; y Stellantis, que produce camionetas de lujo y motores”. Una industria que, por ahora, respiraba con otro tanque de oxígeno, pues Trump aplazaba hasta el 2 de abril la imposición de aranceles.
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Para el 7 de marzo, ya era el mismo presidente de la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos, Jerome Powell, quien advertía que todo este asunto de los aranceles tendría efectos inflacionarios en ese país, pues si las empresas tenían que pagar ese “peaje” de entrada, dichos costos se los trasladarían a los consumidores, obligándolos a pagar de más por los bienes a comprar. Y si a las personas les cuesta más, la inflación, que es el costo de vida, se eleva. El mismo dinero que ganan hoy, mañana les alcanzará para comprar menos. Para sumar era el mismo Powell quien hablaba de incertidumbre, una palabra que se usa mucho en el escenario económico, pero no le gusta mucho a los inversionistas.
Una semana después, el 11 de marzo, Trump anunciaba más aranceles contra el acero y aluminio canadiense. Pasarían del 25 % al 50 %. Pero tras una llamada con el primer ministro de Ontario, desde donde se había tomado la decisión de elevar las tarifas de la electricidad a tres estados de Estados Unidos, la decisión se reversó. Trump dio marcha atrás a la subida de aranceles para Canadá. Pero cuando la carne ya está puesta en el asador, no resulta fácil volverla a llevarla al congelador. El miércoles 12 de marzo entraba en vigencia el 25 % de arancel al acero y aluminio que entra a EE.UU. desde diversos países, entre ellos Canadá. Así que ese país, Canadá, tomó represalias por esta acción. Así la anunciaron: “Canadá impondrá a partir del jueves 13 de marzo aranceles de un 25 % a 29.800 millones de dólares canadienses (20.700 millones de dólares estadounidenses) de productos procedentes de Estados Unidos”, anunciaron los ministros de Finanzas, Dominic LeBlanc; Exteriores, Mélanie Joly; e Industria, Francois-Philippe Champagne.
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Y la Unión Europea no se quedó atrás. Precisamente la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, lamentó “profundamente” la medida estadounidense (que tiene que ver con el acero y los aranceles), recordó que “las relaciones comerciales entre la Unión Europea y Estados Unidos son las mayores del mundo. Han aportado prosperidad y seguridad a millones de personas, y el comercio ha creado millones de puestos de trabajo a ambos lados del Atlántico”, pero que los aranceles no son nada distinto a “impuestos” que resultan “malos para las empresas y aún peores para los consumidores”, y subrayó que “perturban las cadenas de suministro” y “traen incertidumbre para la economía”, de acuerdo con la agencia EFE.
Entonces le respondieron a Trump con las llamadas “contramedidas”, a aplicarse a exportaciones de bienes estadounidenses por valor de hasta 26.000 millones de euros, igualando el alcance económico de los aranceles estadounidenses, explicó la Comisión Europea, que aseguró que representan un valor de 28.000 millones de euros, detallaba la agencia de noticias. Y que estas medidas intentan “ser inteligentes y golpear donde duele”, por lo que se eligen productos de “alto valor añadido y simbólico”. ¿A qué se refieren? “A la soja, cuya producción es significativa en el Estado de Luisiana, de donde proviene el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson”.
La madeja iba soltando cada vez más hilo y se iban sumando cada vez más actores, no solo los políticos, sino los empresarios que levantaban la mano para hablar de consecuencias:
Mundo
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Mundo
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Economía
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Marzo iba terminando y Trump anunciaba aranceles del 25 % para automóviles no fabricados en EE. UU., una medida que entraría en vigencia el 2 de abril. Eso quiere decir que, para los primeros tres meses del año, ya había impuesto aranceles a las importaciones que llegaran de China, Canadá y México; también para el acero y el aluminio (impactando a la Unión Europea, por ejemplo), habló de “aranceles secundarios” para los países que compran petróleo y gas de Venezuela. Y ahora hablaba de todos los automóviles, tocando directamente a países como México y Canadá, sus vecinos; o todos los chinos, que vienen creciendo como espuma en el segmento de eléctricos; o los europeos, con los alemanes y los ingleses a la cabeza; o los coreanos, con marcas que ya juegan en los primeros lugares en segmentos medios, y ni qué decir de los japoneses, históricos líderes en muchos países. Al día siguiente fue evidente la caída en el precio de las acciones de marcas como Toyota, Hyundai y Mercedes. El precio del barril del petróleo subía por lo que los analistas llamaban incertidumbre geopolítica y comercial. El FMI advería que la economía mundial está más vulnerable a nuevos ‘shocks’ y descartaba “una recesión global pese al aumento de aranceles”.
Comenzaba abril y el mundo entero, por lo menos el que tiene que ver con los temas comerciales, estaba más tenso que nunca. Incluso los socios comerciales de Estados Unidos, precisamente México y Canadá, con quienes compone el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, se mantenían expectantes, mientras Trump prometía ser “amable” con la llamada nueva tanda de aranceles para el resto de mercados.
Y así llegamos al 2 de abril, cuando el mandatario de Estados Unidos, en una emisión televisiva, mostró una tabla con las tarifas de “aranceles recíprocos”, “una medida que busca igualar las tarifas que otros países imponen a los productos estadounidenses”, contaba la redacción de Economía de El Espectador. Esta tabla resultaba interesante porque para los más especializados, era información conocida, pero para la mayoría no. “El gobierno de Trump argumenta que muchos países han aprovechado por años las reglas del comercio internacional para beneficiarse de un trato más favorable” y por eso ahora “Estados Unidos responde “en igualdad de condiciones” a las tarifas que enfrentan sus productos en el exterior”.

Eso, ¿cómo se entiende mirándolo desde los números? “La Unión Europea cobra un 39 %, y ahora enfrentará un 20 % de arancel”. “China cobra un 67 %, y EE. UU. le impondrá un 34 % desde este miércoles”. “Brasil, Sudáfrica y Colombia, todos con aranceles del 10 % a Estados Unidos, recibirán un gravamen equivalente del 10 %”. A nadie le gustan los impuestos, pero cuando se lee esa tabla, tiene sentido lo que está haciendo el gobierno de Estados Unidos. Ahora, cada caso merece su propio análisis antes de emitir juicios, así que vamos al que nos compete:
Economía
Aranceles recíprocos de Trump impactan a Colombia con tasa de 10 %
Economía
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Política
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Este es buen momento para analizar un caso puntual. Vietnam fue uno de los países más golpeados por los aranceles de Trump: 49 %. ¿Por qué? Aquí va la respuesta: “Muchas empresas trasladaron su producción allí para evitar los aranceles a China, aumentando significativamente las exportaciones vietnamitas a Estados Unidos”. Una jugada de los empresarios chinos que les resultó efectiva. Pero vayamos un poco al fondo porque este es un asunto muy importante para dejar sobre la mesa, pues lo que analistas ahora recomiendan es la relocalización de plantas de producción a países con bajas tarifas de aranceles. Y entonces vamos con un ejemplo: supongamos que muchas compañías, para tratar de pagar menos aranceles, si son de origen chino o de la Unión Europea (a quienes les impusieron aranceles más altos), podrían hacer inversiones y abrir fábricas en Colombia, Brasil o Sudáfrica (donde la tarifa fue baja). Si las exportaciones salen desde esos países, pagarían un 10 % de arancel y no un 34 %, como el caso de China, o un 20 %, como la Unión Europea. El mensaje, en el fondo fondo fondo, es que Estados Unidos no va a permitir que eso vuelva a pasar y que ya tiene los ojos bien puestos en casos como el de Vietnam. Al final, las cifras lo van diciendo todo.
“Nike y Adidas han apostado fuerte por Vietnam durante la última década. Hoy en día, aproximadamente la mitad del calzado de Nike y el 39 % del de Adidas se fabrica en el país, según documentos regulatorios. Vietnam es el mayor proveedor de calzado para ambas compañías, y los artículos fabricados en el país representan más de US$20.000 millones en ingresos anuales combinados”. Entonces, ¿subirán los precios de las dos marcas más conocidas en el mundo del calzado deportivo? “Cambiar las cadenas de suministro no es opción dado que el calzado de alto rendimiento requiere un conjunto de habilidades y fábricas muy específicas”, dijo Poonam Goyal, analista de Bloomberg Intelligence. “No veo cómo los precios al consumidor no vayan a subir”, citado por la agencia Bloomberg.

Ahora sí, volvamos al caso colombiano. En la tabla publicada por la Casa Blanca, “Colombia aparece con una tasa del 10 %, lo que significa que ahora nuestras exportaciones enfrentarán esa tarifa al ingresar al mercado estadounidense”, contaban los colegas de Economía, impactando directamente a las flores, el café y las confecciones, además de productos químicos junto con petróleo y derivados. “Si ellos nos lo hacen a nosotros, nosotros también se lo haremos a ellos”, dijo Trump, no sin antes anunciar la creación de un arancel base universal del 10 % para todos los países.
¿Cómo está esa relación de Colombia hacia Estados Unidos, según en DANE? “Los productos más importantes son: Flores: en febrero de 2025, solo este producto movió más de US$230 millones. Café: entre enero y febrero de 2025, se exportaron casi US$337 millones en café sin tostar, con un crecimiento de más del 90 % frente al año pasado. Extractos y concentrados de café: crecieron más del 140 % en ventas a EE. UU. Petróleo y derivados: aunque bajaron respecto al año anterior, siguen representando el grueso del ingreso en dólares. Productos químicos, manufacturas y alimentos procesados: también forman parte clave de esta relación comercial. Y de acuerdo con la Asociación Nacional de Comercio Exterior, Analdex, entre enero y noviembre de 2024, Colombia exportó más de US$13.000 millones a Estados Unidos, lo que representa cerca del 30 % del total de nuestras ventas externas.
¿Cómo se ve desde el otro lado? “Colombia, a su vez, ocupa el puesto 25 entre los principales proveedores de bienes y servicios a EE. UU., lejos de gigantes como México, China o Alemania, pero con una canasta de productos diversificada y constante”.
¿Qué fue lo primero que dijo el Gobierno de Colombia al respecto? “Queremos insistir en que esta es una medida global, no es discrecional hacia el gobierno de Gustavo Petro, y en este momento estamos analizando las medidas para proteger a la industria nacional y a nuestros exportadores. Trabajaremos de la mano del sector privado para revisar qué medidas construiremos a partir de esta decisión de los Estados Unidos”, dijo la canciller Laura Sarabia desde la Casa de Nariño.
Gustavo Petro, por su parte, aseguró que “el gobierno estadounidense cree ahora que subiendo aranceles a sus importaciones en general pueda aumentar su propia producción, riqueza y empleo; en mi opinión, puede ser un gran error. Nosotros bajamos aranceles a lo que permita desarrollos industriales más avanzados en Colombia y elevamos aranceles a lo que nos impida producciones avanzadas o estratégicas en el país”.

¿Y qué dijo el sector privado colombiano? Daniel Gómez, vicepresidente técnico del Consejo Privado de Competitividad, señaló que “las guerras comerciales rara vez generan ganadores” y “desde la perspectiva del comercio internacional y del equilibrio global, es una mala noticia”. Luis Fernando Mejía, director de Fedesarrollo, advirtió que “una guerra comercial es perjudicial para la economía global, con consecuencias negativas como una reducción del comercio, mayor inflación y menor crecimiento”. Bruce Mac Master, líder del gremio de los industriales (ANDI), cree que “las consecuencias están por verse” y Maria Claudia Lacouture, presidenta de la Cámara Colombo Americana (Amcham), miró el otro lado de la moneda: “Todos los países proveedores enfrentan el mismo aumento, por lo que los productos colombianos siguen siendo competitivos en el mercado estadounidense”.
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Todo esto parece una montaña rusa, pero con ruta desconocida y pasajeros primerizos. Es como si el rompecabezas, que ya era conocido y los armadores expertos, vieran un cambio en la imagen, el tamaño de las fichas y la forma de construirlo. Todo parece incierto. Muchos en Estados Unidos apoyan las medidas, sobre todos los trabajadores que pertenecieron a la industria automotriz y aseguran que perdieron sus trabajos en medio de la expansión del comercio internacional y el crecimiento de marcas no estadounidenses. Pero los demás, por supuesto los que están siendo afectados, ven la cara de la moneda con otros ojos.
Varios análisis para tratar de entender hacia dónde se está moviendo el barco. Daniel Felipe Rodríguez Rincón se hizo esta pregunta: ¿Por qué a casi nadie (excepto a Trump) les gustan los aranceles? Y en este texto responde. Así que aquí adelantamos un poco: “Los aranceles de Trump tienen varios problemas”, explica Daniel Rangel, director de investigaciones de Rethink Trade, un centro de pensamiento con sede en Washington. “La magnitud y cobertura son excesivas, la dispersión por país es difícil de administrar y la incertidumbre sobre su duración genera inestabilidad”.
O este que escribió Santiago La Rotta que habla de “Las luces y sombras para Colombia que hay con los nuevos aranceles de Trump”. Santiago asegura que “la nueva ronda de aranceles la Casa Blanca puede resultar en beneficios para algunos renglones de la producción en Colombia, pero a la vez pone en desventaja a varios productos del agro, especialmente frente a la oferta mexicana en EE.UU.”. Todos los detalles, paso a paso y renglón por renglón, están en este texto.
El 4 de abril China respondió y anunció impuestos del 34 % a los bienes que llagaran a su país provenientes de Estados Unidos. Lo hizo en menos de 24 horas con nuevos gravámenes, restricciones tecnológicas y sanciones a empresas precisamente de EE. UU. Los mercados internacionales, en donde se tranzan bienes como el petróleo, registraba datos noticiosos: El precio del crudo Brent, de referencia internacional, caía a mínimos no vistos en cuatro años. Powel, la cabeza de la FED en Estados Unidos, hablaba del tema: más inflación y menos crecimiento a la vista.
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Mientras se desataba la tormenta comercial y todos trataban de buscar un paraguas para tratar de resguardarse y entender la nueva realidad, en Colombia se hablaba de lo mismo de lo que llevamos años escuchando: no tener todos los huevos en la misma canasta (o por lo menos la mayoría), es decir, no depender de Estados Unidos en la proporción que hoy lo hacemos. Eso era lo que recordaba el presidente de Analdex, en esta entrevista. Desde Argentina, el presidente Javier Milei, respondía a Trump sin reparos: “Cumpliremos”.
El nuevo ministro de Hacienda de Colombia, Germán Ávila, se refería al escenario actual: “Entramos en la nueva era del proteccionismo”. Y, de nuevo, en el mundo de los negocios siempre hay que seguir tocando puertas y tratar de encontrar una que se abra. Entonces escribimos este texto para saber cómo aprovechar esta guerra de aranceles no solo por parte de los grandes emprearios sino de los emprendedores colombianos. Un avance: “Identificar cadenas de valor donde Colombia pueda insertarse como proveedor confiable, adaptar productos a las exigencias del mercado internacional y aprovechar herramientas como el acceso preferencial del TLC son pasos esenciales. Además, el emprendedor debe rodearse de aliados estratégicos, apoyarse en la inteligencia de mercado y en plataformas de promoción comercial que le permitan anticiparse a la demanda, posicionar su oferta y transformar los retos globales en oportunidades de crecimiento sostenible”, nos dijo María Claudia Lacouture, presidenta de AmCham Colombia y exministra de Comercio.
Eso, en concreto, ¿cómo se puede leer? “Hemos identificado más de 200 partidas con potencial exportador si Trump incrementa aranceles a China, México y Canadá, lo que abriría espacio en sectores como agroindustria, textiles, manufacturas y productos químicos”, agregó Lacouture. Alejandro Useche, profesor de la Escuela de Administración de la Universidad del Rosario, nos dijo: A Vietnam le impusieron el 46%. Colombia y Vietnam son competidores en el mercado mundial y particularmente en el estadounidense con productos como el café, los textiles y las confecciones, de manera que es lógico pensar que los importadores de estos productos están diciendo: importarlos de Vietnam nos sale 46% más caro. ¿Quién nos ofrece un producto similar, de buena calidad, pero más barato? Y ahí está la opción de presentar el producto colombiano».
Poco a poco se van conociendo más consecuencias de esta llamada guerra de aranceles, donde son más los que temen resultados negativos, como la inflación creciente por cuenta del aumento de los precios y, además, de la amenaza a puestos de trabajo en países que tiene altos niveles de exportación a Estados Unidos:
Economía
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A comienzos de esta semana ya eran más y más los líderes globales que sentaban su posición: El primer ministro británico, Keir Starmer (Trump les impuso un 10%), y el presidente francés, Emmanuel Macron (a los franceses un 20 %), alertaron sobre impacto de los aranceles: “Una guerra comercial no va en interés de nadie”, dijeron. “El mundo tal y como lo conocíamos ha desaparecido”, predijo Starmer. Para el 6 de abril ya eran más de 50 países los que pedían negociar los aranceles, según un asesor de la Casa Blanca, de acuerdo con igual número de contactos hechos por delegaciones internacionales tocando su puerta con ese objetivo. “Vamos a ver si lo que tienen que proponer es creíble”, recalcó el secretario del Tesoro, Scott Bessent, “porque después de 20, 30, 40 o 50 años de mal comportamiento, no se puede empezar de cero”.
¿Y en qué vamos? Como se esperaba, este lunes 7 de abril fue sombrío en las bolsas por el temor a una guerra comercial a gran escala. Otra vez los precios del barril de petróleo bajaban a niveles vistos en la pandemia, afectando a países que dependen de ese valor para sus cuentas fiscales. Eso, por ejemplo, es un mensaje para Colombia, contemplando que la empresa más grande de este país es Ecopetrol. Las bolsas, en general, se desplomaron.
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Y en Colombia, el alto Gobierno concentra sus análisis no solo en estos temas comerciales -con una Canciller nueva y una ministra de Comercio encargada-, también se le suma la sombra de la desertificación (que será tema de otro El Espectador le explica). Mientras tanto, el presidente estadounidense amenazaba con subir un 50 % adicional los aranceles a los productos chinos. Hasta las criptomonedas sienten la presión y han retrocedido en todos sus números. Las empresas de videojuegos cayeron en las distintas bolsas. Y hasta las Pymes en Estados Unidos están recalculando, porque el rumbo está cambiando: “Que ocho años de trabajo desviando la cadena de suministro de China se deshicieran en un momento ha sido brutal”, dijo Thompson, cuya empresa, con sede en Redmond, Washington, vende productos en Amazon.com y otros mercados en línea.
Como sobre la mesa hay miedo, los consumidores salieron a comprar más teléfonos Iphone y se dice que los registros se parecen a la temporada navideña, todo esto temiendo posibles aumentos de precios. El dólar frente al peso colombiano, subió. Superó los $4.400. La Cancillería acordó que no habrá retaliaciones a los EE. UU. por aranceles del 10%. Y para sumar, este marte 8 de abril, Estados Unidos lanzó aranceles récord en contra China: subirán a 104 %. El día terminaba con que, según EE. UU., ya eran 70 los países que piden negociar los aranceles.
Este miércoles China respondió elevando al 85 % los aranceles a productos de Estados Unidos. Las bolsas asiáticas y las europeas caían en la apertura de la jornada. Esto no pinta bien y hay que esperar un poco para ver, cuando las empresas comiencen a pagar dichos aranceles, cómo se aumentarán los precios finales de los consumidores. Y por ese camino, la inflación. La realidad es que aquí hay tres jugadores importantes: Estados Unidos, China y la Unión Europea. ¿Por qué? Porque entre los tres se mueve más del 60 % del comercio global. Los demás países -o en el mejor de los casos, pequeños bloques económicos con acuerdos tipo TLC firmados- terminamos siendo espectadores y nos toca movernos al ritmo de la borrasca.
Por ahora, les recomiendo este texto de Karen Vanessa Quintero Martínez y María Camila Ramírez Cañón titulado “El rompecabezas de los aranceles: puntos que Colombia podría negociar con EE. UU.”. Allí, las dos colegas de la redacción de Economía cuentan que “Estados Unidos y el sector privado colombiano han identificado una serie de temas conflictivos en el comercio bilateral que podrían ser claves en la negociación que se avecinaría en medio de la guerra comercial global” y por eso en el contenido publicado hoy, explican las tensiones y los posibles retos a la hora de llegar a un acuerdo. Así como se han venido desarrollando las cosas, basta una publicación en una red social para volver a cambiar el mapa del comercio global. Entonces estaremos atentos para informales. Solo quiero compartir con ustedes esta imagen de Analdex durante una conferencia sobre lo que está sucediendo: en el año 2000, los países con color azul tenían como principal socio comercial a Estados Unidos. En el 2024, los países con color rojo tienen como principal socio comercial a China. Esta es la parte en donde los datos hablan por sí solos.

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