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Tenemos la idea de que estamos muy lejos de las atrocidades que en contra de las mujeres y en contra de los derechos humanos se perpetraron durante la Edad Media.
En esta época, a una mujer le bastaba con saber leer para que la declararan bruja y la condenaran a ser quemada viva. Los señores feudales no sólo creían que eran dueños de la sexualidad y de la vida de cualquier mujer que habitara en sus dominios, sino además ejercían su “legítimo” derecho a entrar a sangre y fuego a una aldea y acabar con las vidas de los campesinos y tomar sus cosechas, sin que por ello tuvieran que dar cuenta a la justicia, que no era otra que la voluntad del rey.
Pero si, lo miramos bien, no estamos tan lejos. Seguimos presenciando pasivamente actos atroces contra las mujeres y, en lugar, de rechazarlos masiva y contundentemente, nos damos el lujo de preguntar: ¿Cuál fue el móvil de tales agresiones? Como si pudieran existir explicaciones capaces de legitimar la atrocidad.
Somos un país capaz de dividirse entre quienes creen que agredir a una mujer sí requiere como mínimo una sanción social y quienes no.
Pero, más grave aún, entre nosotros hay jueces que apoyados en una interpretación de la ley llegan a pensar que una desfiguración en la cara de una mujer no es una lesión que incapacite por más de 90 días y que, en consecuencia, el agresor no tiene, en ese escenario, deudas con la justicia.
Sin embargo, lo más paradójico es que quienes así piensan no notan el efecto bumerán que esta ideología tiene sobre ellos. Pues, cualquier día, sus hijas, esposas, madres o hermanas serán victimizadas por ellos mismos o por cualquiera otro hombre. Mas paradójico aún, los hombres también pueden recibir del mandamás todopoderoso un trato, dentro de los cánones de la democracia, similar al que los señores feudales daban a sus siervos.
Vale la pena preguntarnos: ¿Cuántas mujeres van a ser golpeadas todavía por algún Bolillo que al sentir una incomodidad se permita atacarla, aunque después cuando el hecho se hace publico se arrepienta? ¿Cuántas Deysis Natalias Ramírez van a ser desfiguradas y desprotegidas porque algún Ramírez Romaña ajeno a ellas se sintió compelido a botarles un ácido sobre su cara y su cuerpo?
Digamos al unísono: ningún ser humano puede declarar una relación de dominación o pertenencia sobre ningún otro u otra. La vida, el cuerpo, la sexualidad, la educación, el trabajo y la tierra son derechos sagrados de todo ser humano, mujer u hombre.