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Y colorín colorado, este cuento se ha terminado. Colombia se fue por la puerta de atrás de “su Mundial”, sin gloria, sin categoría, ratificando en la cancha y en el banco todo lo que se dijo y escribió durante el Mundial: equipo ciclotímico, movido a chispazos de talento por dos o tres buenos jugadores y un público fervoroso que le ayudó hasta donde pudo; carencia de la noción colectiva, falta de trabajo y un técnico que parece haberse ganado el cartón profesional en un bingo.
Lara admite que es el primer responsable por el fracaso. Faltaba más que no fuera así, porque ya se sabe que acá se admiten las culpas pero todo sigue igual. Pero está equivocado el técnico, porque los responsables de este desaguisado son Luis Bedoya, el presidente de la Federación y su “partenaire”, el que verdaderamente manda y mangonea, el nefasto González Alzate, una rémora que no sirve para nada. Ellos impusieron su criterio al comité ejecutivo y no sacaron a Lara tras el pésimo desempeño del Suramericano en Perú. Bedoya se amangualó con el perverso presidente de la Difútbol, quien dijo que para destituir a Lara “tendrán que pasar por encima de mi cadáver” —la frase refleja el espíritu y la mentalidad de este sujeto— y lo sostuvieron en el cargo contra otros directivos racionales que no le veían lógica a su permanencia.
La Colombia del sábado fue idéntica al equipo del Suramericano: un adefesio total. Una defensa terrible, un mediocampo ineficaz que no quitaba una bola, unos delanteros aislados cuarenta metros, una falta de fútbol y juego colectivo que aterraba. Igualitico a como fue el equipo en Perú. Y para encimar, un planteo táctico elemental, primario, absurdo y ridículo que sirvió 20 minutos del primer tiempo y después se apagó. Colombia cambio la noción del toque y la posesión por el pelotazo a Zapata, rehusó jugar la bola por tirar “centros a la olla”, anuló la conexión James-Ortega al distanciarlos 40 metros, liquidó a Muriel al obligarlo a arrancar desde tres cuartos para servirle balones al salvador Zapata. Y en los cambios, el técnico mostró su peor versión. Nadie entendió nada, los jugadores menos aún, descompuso el equipo, lo descuartizó, la irracionalidad de sus variantes fue patética y tétrica.
Lara dirigió como un chambón y el único consuelo que queda es pensar que tras este fracaso se va, definitivamente, de las selecciones. Tuvo en sus manos un buen material y nunca logró armar un colectivo, un equipo de fútbol. Tras tres años de pruebas y microciclos, jamás hubo ideas tácticas y sentido de equipo trabajado.
Bedoya: esto fue un fracaso absoluto y es suyo y de su “nuevo mejor amigo”, a quien usted prometió en campaña electoral sacar del fútbol y hoy es su mejor aliado para dejar a Pinto tras la Copa América, sostener a Lara tras su fracasos en los últimos suramericanos y hoy mantener a Gómez pese a lo que sucedió.
Bedoya: recuerde que no hay deuda que no se pague y plazo que no se cumpla.