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Pasada la euforia en torno a la conmemoración de los 15 años del Plan Colombia y la ratificación del apoyo del gobierno de Estados Unidos a la paz y al posconflicto, aparecen ahora nuevos retos. El más fundamental, lograr que el Congreso norteamericano apruebe la ayuda de US$450 millones para el ahora denominado programa Paz Colombia. Si bien el consenso general en el Legislativo estadounidense es que el fin del conflicto con las Farc beneficia a todos, hay sectores aún escépticos frente a las negociaciones de La Habana, que hablan de condicionar dicha ayuda a que no haya impunidad.
Y al hablar de impunidad se refieren no sólo a las víctimas de la guerrilla, sino también a casos como los llamados falsos positivos, que involucran a miembros de las Fuerzas Armadas. Ya el poderoso senador demócrata Patrick Leahy ha dicho que se hace necesario conocer los detalles de Paz Colombia y que aunque el país ha avanzado en materia de derechos humanos, todavía hay cosas que faltan. Y sobre la paz con las Farc, en un comunicado, señaló: “Las concesiones son necesarias en cualquier negociación, especialmente cuando ningún lado ha sido derrotado militarmente. Pero no puede haber una situación en donde tú puedes cometer crímenes de guerra, disculparte y no sufrir una privación real de la libertad”.
Pese a este tipo de reparos o condicionamientos, el apoyo de los demócratas se da por descontado. Al menos las señales iniciales así lo indican. El líder de la minoría demócrata en el Senado, Harry Reid, manifestó que en los 15 años del Plan Colombia se han visto “avances significativos” en la reducción de violencia e inestabilidad en el país: “Estados Unidos también tiene que aceptar responsabilidad por el hecho de que es nuestro pueblo quien consume las drogas producidas en Colombia, y debemos hacer todo lo que podamos para poner fin a este terrible ciclo de violencia y adicción dentro y fuera del país”.
Pero otra cosa será con el Partido Republicano, donde el expresidente Álvaro Uribe —acérrimo opositor a los diálogos de paz con las Farc— es muy apreciado. La congresista de origen cubano Ileana Ros-Lehtinen considera que un acuerdo con esa guerrilla “es una amenaza” para la seguridad de Estados Unidos, “porque las condiciones no son muy estrictas ni debemos quitar a las Farc de la lista de grupos terroristas, ni debemos darle dinero a Colombia para implementar este plan de paz con las Farc”.
Por su parte, Mario Díaz Balart, representante a la Cámara por Florida, también republicano, cree que Estados Unidos “tiene que mantenerse firme en su negativa de liberar a narcotraficantes como Simón Trinidad, pues comprometería la seguridad nacional y no debería ser usada como elemento de negociación en La Habana”. Además, hay que tener en cuenta la presión que claramente ejercen organizaciones no gubernamentales, como Human Rights Watch (HRW), que quiérase o no son escuchadas por sectores del Congreso estadounidense.
De hecho, José Miguel Vivanco, director para las Américas de HRW, anunció recientemente una reunión con altos funcionarios de la Casa Blanca para hablar de los riesgos de impunidad que, en su concepto, podrían presentarse si se llega a un acuerdo entre el gobierno Santos y las Farc bajo los términos actuales. “Hasta el momento, el rol de Estados Unidos ha sido muy pasivo, yo diría fundamentalmente que de silencio (…) no se puede diseñar un proceso de paz sobre la base de pies de barro”, refirió.
Incluso, las palabras del secretario de Estado, John Kerry, tras su encuentro ayer con el presidente Juan Manuel Santos, sirven para comenzar a marcarle la temperatura al debate. Pues aunque ratificó el compromiso de Estados Unidos con la paz de Colombia y el posconflicto, tocó también el tema de los derechos humanos.
“Como ministro de Defensa, usted trabajó durante momentos muy difíciles como la historia de los falsos positivos, y ahora yo sé que tenemos el compromiso de lograr justicia para esos delitos y otros. Se cometieron terribles abusos de derechos humanos no sólo por parte de los grupos rebeldes, sino también por actores estatales (…) tiene que haber rendición de cuentas. La paz se basa en algo sólido y tenemos que mantener el imperio de la ley”, le dijo Kerry directamente al jefe de Estado.
Frente a este escenario, es claro que el Gobierno colombiano deberá implementar un intenso trabajo de cabildeo ante el Congreso de Estados Unidos para lograr la aprobación de esos US$450 millones, una tarea nada fácil teniendo en cuenta el actual proceso electoral presidencial que tanto polariza las posiciones entre demócratas y republicanos. Si hay algo que estos últimos le vienen “cobrando” a Obama es lo que consideran ha sido el “fracaso” de su política internacional. Para los republicanos, el único logro de su mandato fue la ejecución de Osama ben Laden y están convencidos de que ahora que está de salida del poder, lo único para mostrar es el acercamiento a América Latina, que incluye el restablecimiento de las relaciones con Cuba, aliado de Colombia en la paz.
Por eso, el balance inicial de la visita del presidente Santos a Washington puede calificarse como de éxito en materia política, porque en lo económico falta ver los verdaderos resultados. El Congreso norteamericano comenzará a discutir la próxima semana el presupuesto para 2017 y hoy hay apropiados US$300 millones en ayuda para Colombia. La petición es elevarlos a US$450 millones, cuando el primer mandatario había hablado de US$500 millones. Nada mal, sin duda.
De todas maneras, lo más importante es el apoyo expreso de Estados Unidos al proceso de paz y que el presidente Barack Obama haya mezclado ese respaldo con el “cobro” del éxito del Plan Colombia. “El éxito de nuestra política hacia Colombia es el proceso de paz”, dijo exactamente, lo que puede leerse como un mensaje positivo en medio de los cuestionamientos y las dudas que persisten por la impunidad y el efectivo desmonte del narcotráfico por parte de la guerrilla.
Obama hará la petición a su Congreso, ¿pero va a tener padrino? No es tan seguro. Porque si el Plan Colombia funcionó y Colombia ya camina más o menos bien, ahora es más difícil justificar un paquete de ayuda que antes, cuando la crisis institucional agudizaba y se inundaba de coca a Estados Unidos. Como se ha visto, el respaldo demócrata a Paz Colombia podría debilitarse si ese tema de la impunidad frente a la violación de los derechos humanos toma vuelo. Hilando aún más delgado, bien es sabido que el respaldo estadounidense no es gratuito. Para nadie es un secreto que los republicanos estaban con el Plan Colombia también por los negocios interesantes que había de por medio: venta de helicópteros, fumigación, entre otros. Ahora son los demócratas los del respaldo, ¿cuáles son los incentivos para darse la pela?
Aun así, el presidente Juan Manuel Santos regresa con una victoria política que sirve para darle un nuevo aire al proceso de paz, apuesta fundamental de su mandato a la que los ciudadanos todavía no le creen. “Estamos muy satisfechos con la acogida que tuvo el anuncio de Paz Colombia, que es la segunda fase del Plan Colombia. Hemos podido entrevistarnos con los mas importantes dirigentes de los partidos Demócrata y Republicano, y ambos reconocen que el Plan Colombia ha sido un gran éxito, que es una política bipartidista y están interesados en que sigan así, como política bipartidista”, expresó el mandatario, en alusión al respaldo que espera en el Legislativo estadounidense. Y aunque sea frase cajón, en esta oportunidad sí que aplica: amanecerá y veremos.